Liga EA Sports: Celta-Real Madrid

Milagro en Balaídos

Un gol de Fede Valverde en el 95 da el triunfo sobre la bocina al Real Madrid ante el Celta

Los de Arbeloa, diezmadísimos por las bajas, logran una victoria meritoria y duermen a un punto del Barcelona, que jugará este sábado en San Mamés

Milagro. Flor. Potra. Lo que ustedes quieran, pero un Real Madrid mermadísimo por las bajas se llevó los tres puntos de Balaídos ante un Celta que se desinfló en la segunda mitad. Los de Arbeloa no dejaron de intentarlo hasta el final y obtuvieron su merecido premio con el postrero gol de Fede Valverde en el 95, que remató fuera del área y marcó después de que su remate tocara en un rival. El Madrid, con su crisis y sus defectos, duerme a un punto del Barcelona, que jugará este sábado en San Mamés.

A Arbeloa le faltaba personal. Mucho. Por eso tuvo que presentar un once de circunstancias para la final de Balaídos. El Real Madrid llegaba al peor sitio en el peor momento. Los jugadores y los madridistas lo sabían y lo asumían con resignación. El Celta, equipo de autor, más y mejor trabajado que el Madrid, también mejor entrenado y con un mejor sentido colectivo del juego, amenazaba con dejar al equipo blanco sin opciones de pelear una Liga en la que hace un rato era inesperadamente líder.

Giráldez, el técnico del Celta formado en la casa blanca, fue fiel a su 3-4-3 y amenazó al Real Madrid con el tridente formado por Jutglà, Williot y Borja Iglesias. Al otro lado de la trinchera Arbeloa tiró del siempre convaleciente Mendy, del canterano Thiago Pitarch y del proscrito Brahim para conformar un once raro e indescifrable en el que partían de inicio Courtois; Trent, Rüdiger, Asencio, Mendy; Tchouaméni, Thiago, Fede Valverde; Brahim, Güler y Vinicius. Ya veríamos, según arrancara el partido, cómo se colocarían.

El partido salió con ritmo y dominio local. Borja Iglesias probó los guantes de Courtois con un disparo raso y venenoso al que respondió el meta del Real Madrid con mano firme. Sufría el Real Madrid, que respondió con una jugada de fútbol directo iniciada por Trent. El inglés vio el desmarque de Vinicius, claramente jugando de 9, que se desmarcó entre los centrales y ante Radu la cruzó. Iba a ser gol pero se topó con el palo derecho.

Era el primer aviso del Madrid. El segundo lo protagonizó Tchouaméni con un disparo durísimo que sacó con las yemas de los dedos el meta Radu. No habría un tercero. Al tercero llegó el gol. Fue justo a la salida del subsiguiente córner cuando llegó el 0-1. El tanto, fruto de la factoría de Arbeloa, fue una oda a la modernidad. Sacó en corto Trent, se la dio a Güler en el área que, lejos de meterla, la sacó hacia la demarcación de Tchouaméni. El francés tocó de primeras y la puso lejos, lejísimos, del alcance de Radu.

El Madrid pega primero

El tanto ratificó a un Real Madrid firme y dominador. No se arrugaba el Celta. Molaba el partido. Arbeloa había decidido jugar con tres centrales en defensa –Trent era el tercero y Valverde el lateral diestro– y con el propio Trent como mediocentro cuando el equipo blanco tenía la pelota. Experimento interesante y atractivo. Al que se le vieron las costuras al filo del 25 cuando Williot retrató la debilidad de la espalda de Trent, que se comió su desmarque, igual que Tchouaméni se tragó la llegada de segunda línea de Borja Iglesias, que hacía el 1-1 con un toque sutil ante el que no pudo oponer nada el milagroso Courtois.

Acusó el gol el Real Madrid, que siguió dominando pero con menos convicción. El Celta seguía teniendo veneno para exportar. Y casi logró el 2-1 al filo del descanso en una jugada bella y coral que abrochó Williot con un tiro a bocajarro dentro del área. Al Madrid, ya se lo habrán imaginado, lo salvó Courtois. Y después de Courtois a los blancos les salvó la campana del descanso que llegó a Balaídos con las tablas en el marcador.

El segundo tiempo arrancó con los mismos. Dominaba el Real Madrid mientras Balaídos se cebaba con Vinicius. Sufría el Celta pero su público le espoleaba. Así llegamos a la hora de partido sin que ocurrieran grandes cosas. Reclamó Güler un penalti en el 61 y luego se asomó Thiago Pitarch dentro del área con un disparo repelido por la defensa. Arbeloa se pensaba los cambios. El primero fue el propio Güler, como casi siempre. Se fue con la cara de sofá gris.

El lío del VAR

Metió una marcha más el Real Madrid, sabedor de que le iba la Liga en ello. La tuvo Palacios en el 67 porque el Celta ya sólo podía achicar agua. Giráldez metió tres cambios de una tacada. Quitó a los tres de arriba. Y en un barullo en el área el VAR advirtió al colegiado de un penalti de Jutglà por despejar con la mano. El colegiado fue al monitor y advirtió que había falta previa de Palacios sobre Moriba, así que dejó la acción sin penalti.

En el 76 metió Arbeloa a Gonzalo por Brahim. El Real Madrid ahora ya iba con todo, pero le faltaba lucidez. Y le faltaba un Vinicius que no había comparecido al partido en ningún momento. Crecía Pitarch pero los blancos echaban en falta un punto de talento. O un punto de mordiente. Llámalo mordiente, llámalo Mbappé. Desde que el francés tuvo que descansar, el Madrid se ha dejado cinco puntos en la Liga que le pueden condenar a perder, un año más, el título antes de tiempo.

A los de Arbeloa se les iba agotando el tiempo. Entonces salió Iago Aspas que pudo hacer su golito en el 86 tras una gran maniobra individual que abrochó con un latigazo seco que repelió el palo izquierdo de Courtois. Al Real Madrid se le escapaba el partido y la Liga pero entonces hubo milagro. Apareció Fede Valverde y, con un disparo en la frontal que se envenenó tras tocar en un rival, logró el 1-2 sobre la bocina.

El Real Madrid logró una victoria de forma milagrosa, con la flor de siempre, y se aferra a sus opciones de pelear por la Liga. De momento, se acuesta a un punto del Barcelona, que jugará este sábado en San Mamés.

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