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Tenis: ATP 500 Viena

Alcaraz dirige una orquesta excepcional ante De Miñaur para conquistar Viena

El murciano, a ritmo de la Marcha Radetzky, pasa por encima de Álex de Miñaur

Alcaraz exhibió tenis y poderío físico para imponer su marcha

Es su segundo título tras regresar de la lesión que le tuvo cuatro meses y medio apartado de las pistas

Suena la Marcha Radetzky en el encapsulado recinto de Viena y Alcaraz se embriaga de su energía. Derecha por aquí, dejada por allá y piernas, muchas piernas. Exhibición tenística y física también para rendir (6-1, 6-4), como siempre que se han enfrentado, a De Miñaur. Son siete los enfrentamientos y los siete han salido de cara para Carlitos, que con el último conquista Viena por primera vez tras dirigir una orquesta al unísono.

Tiene Alcaraz la sana costumbre de, cuando alcanza una final, ganarla. Cinco ha disputado este curso y cuatro ha rubricado exitosamente. Las dos últimas, en Tokio y Viena, son el resultado de su vigorosa respuesta tras la encrucijada de cuatro meses y medio sin jugar por lesión. Su regreso es excepcional. Sorprendió con su nivel en el US Open; recuperó la senda triunfal en Tokio y recupera su mejor versión en Viena.

«Necesito partidos para ganar ritmo», dijo antes de iniciar el torneo. Ha jugado cinco y los ha ganado todo sin ceder ni un solo set. Ante De Miñaur, tenista incómodo donde los haya, Alcaraz ha vuelto a demostrar el tipo de tenista que es y la variedad de recursos que posee. Valga el último punto del partido como ejemplo de ello. Resto eficiente ante el potente servicio del australiano, intercambio de potencia, dejada y globo ganador. Por aquí y por allá.

Su final fue como el inicio, un torbellino que se lleva todo lo que se encuentra a su paso. También a De Miñaur. Tres breaks en poco más de media hora y primer set al bolsillo. Visto y no visto. ¿Es un avión? Debió pensar el australiano, incapaz de ofrecer resistencia por más que su tenis quisiera. El paso por el banquillo le dio más clarividencia. Encontró una pequeña grieta en el revés de Alcaraz y por ahí se agarró al partido.

No obstante, la apertura era mínima y el murciano la fue cerrando punto a punto. Su ímpetu llevó a De Miñaur a ser un funambulista. Excepto uno, todos sus servicios tuvieron bola de break a salvar. Los juegos eran relativos, demasiado cómodos cuando Alcaraz sacaba y extremadamente agónicos cuando De Miñaur servía. Era cuestión de tiempo que cayera y su resistencia se derrumbó con un globo imposible. Sonríe Alcaraz con un gesto diferente. Se le ve más cercano a la plenitud. Lo necesitaba tras su lesión. Ya está aquí.