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PSICOLOGÍA

Según los psicólogos expertos, los adultos que pueden curvar la lengua podrían tener un cociente intelectual superior al de la media

Hacer figuras con la lengua no está al alcance de todo el mundo y, por extraño que parezca, lograr hacer alguno de estos gestos podría ser una gran pista sobre la personalidad y el desarrollo cognitivo e incluso sobre el cociente intelectual de las personas. Según estudios psicológicos, ciertos movimientos de la lengua podrían evidenciar conexiones entre genética, ambiente y psicología y podría aclarar además las conexiones entre el cuerpo y la mente.

Qué se atribuye a cada gesto

Según esta interpretación, formar una especie de trébol con la lengua, algo que lograría solo una pequeña parte de la población, se asocia a una mente rápida y creativa. A quienes lo consiguen se les describe como personas extrovertidas, hábiles en el trato social y con facilidad para adaptarse e improvisar ante cambios.

Curvar la lengua hacia arriba en forma de U se vincularía, en cambio, con una combinación de flexibilidad muscular e introspección. Las personas capaces de hacerlo serían más analíticas y reflexivas, con un equilibrio entre creatividad y pensamiento crítico.

El razonamiento que sostiene estas ideas se basa en la plasticidad cerebral, la capacidad del cerebro para adaptarse y cambiar. La hipótesis plantea que la flexibilidad muscular necesaria para movimientos complejos podría estar relacionada con una mayor adaptabilidad mental. No se citan investigaciones concretas que lo demuestren.

El origen genético, en entredicho

Las mismas publicaciones sostienen que estas habilidades dependen en gran medida de la genética y que se heredan de uno o ambos progenitores, aunque admiten que ejercicios de coordinación durante la infancia podrían desarrollarlas.

La investigación disponible matiza mucho esa premisa. La idea de que doblar la lengua dependía de un único gen dominante procede del genetista Alfred Sturtevant, que la formuló en 1940. Doce años después, el investigador Philip Matlock comprobó que en siete de 33 parejas de gemelos idénticos sólo uno de los dos hermanos podía hacerlo. Si el rasgo dependiera solo de los genes, ambos gemelos lo compartirían. El propio Sturtevant reconoció en 1965 que la habilidad no estaba determinada únicamente por la genética.

Eso no descarta cualquier influencia hereditaria. Un estudio de 1971 halló que los gemelos no idénticos tenían el doble de probabilidades que los idénticos de diferir en esta capacidad, lo que apunta a cierto peso de los genes. El biólogo evolutivo John McDonald, de la Universidad de Delaware, concluye que los estudios con familias muestran que no es un rasgo genético simple y que los de gemelos indican que intervienen tanto los genes como el entorno. Según recogió la cadena estadounidense PBS, uno de sus alumnos llevó a cabo un pequeño experimento en el que diez personas que no sabían doblar la lengua practicaron a diario.

Lo que queda por investigar

Los defensores de la relación entre la lengua y la mente señalan que el interés por estas habilidades ha aumentado en campos como la neurociencia y la psicología del desarrollo. Plantean que futuras investigaciones podrían explorar si reflejan la plasticidad cerebral y si servirían para detectar fortalezas cognitivas o trastornos del desarrollo en edades tempranas. Por ahora, se trata de una posibilidad sin respaldo experimental conocido.