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La reflexión de Antoine de Saint-Exupéry, autor de ‘El Principito’: «Sabes que tu verdad se hará lentamente porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula»

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Encontrar nuestro lugar en el mundo, descubrir qué queremos hacer con nuestra vida y aprender a confiar en nuestras decisiones son procesos que pueden llevar años. Antoine de Saint-Exupéry, el escritor y aviador francés que conquistó a millones de lectores con El Principito, dejó una reflexión que invita a no buscar respuestas inmediatas a las grandes preguntas personales. «Sabes que tu verdad se hará lentamente porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula». Sus palabras forman parte de Ciudadela, una obra publicada después de su muerte que reúne sus pensamientos sobre la condición humana, el sentido de la existencia y el crecimiento personal.

El autor de ‘El Principito’ y su reflexión más profunda

Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyon, Francia, el 29 de junio de 1900. Además de escritor, fue piloto y trabajó en las primeras rutas del correo aéreo, experiencias que marcaron profundamente su literatura. Alcanzó la fama internacional con obras como Vuelo nocturno, Tierra de hombres y, especialmente, El Principito, publicado en Estados Unidos en 1943.

Sin embargo, su pensamiento filosófico va más allá de su obra más conocida. En Ciudadela, publicada póstumamente en 1948, reunió reflexiones sobre la identidad, la vocación, las relaciones humanas y la búsqueda de sentido. El manuscrito quedó inacabado tras su desaparición durante una misión aérea en 1944, por lo que la edición apareció después de su muerte.

La verdad personal necesita tiempo

La comparación que utiliza Saint-Exupéry resulta especialmente significativa, ya que la verdad personal se parece al nacimiento de un árbol, no al resultado inmediato de una fórmula. Un árbol necesita desarrollar raíces, adaptarse a su entorno y crecer con el paso de las estaciones. Del mismo modo, una persona construye su identidad mediante las experiencias, las decisiones y los aprendizajes que acumula a lo largo de los años.

Esta perspectiva cuestiona la presión por tener siempre claro qué queremos o hacia dónde debemos dirigirnos. Cambiar de opinión, atravesar dudas o descubrir nuevas aspiraciones no significa necesariamente haber fracasado. En ocasiones, esas etapas forman parte del proceso de comprender mejor nuestras prioridades y aquello que realmente importa.

La importancia de no traicionar tu vocación

En el mismo pasaje de Ciudadela, Saint-Exupéry relaciona el crecimiento personal con la vocación y advierte sobre el coste de renunciar a aquello que consideramos esencial. Su reflexión invita a distinguir entre las expectativas externas y las convicciones propias, sin confundir la autenticidad con la obligación de mantener siempre las mismas decisiones.