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La psicología sugiere que las personas mayores de 65 años con insomnio que se aferran a horarios fijos no lo hacen por manía: buscan aliviar su tristeza

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Entre las personas mayores de 65 años que padecen de insomnio, no es raro encontrar una disciplina casi «militar» con el reloj. Desayunan a la misma hora, llaman a la familia siempre por la mañana y no cambian la hora de la cena aunque tengan visita. Desde fuera, ese apego a la rutina se interpreta como una manía de la edad o una forma de rigidez difícil de romper.

El asunto tiene más fondo del que parece. En España, según la Sociedad Española de Neurología, más de la mitad de la población de esa franja de edad sufre algún trastorno del sueño, y las noches en vela rara vez llegan solas: arrastran cansancio, dolores y un ánimo más bajo. Un trabajo de la Universidad de Missouri ofrece ahora otra forma de mirar esas costumbres.

¿Por qué los mayores de 65 años con insomnio se aferran a sus horarios?

La respuesta, según la investigación publicada en el Journal of Behavioral Medicine, tiene más que ver con el ánimo que con la testarudez.

Los mayores que mantienen una rutina diaria estable presentan menos síntomas de depresión y menos dolor físico, y ese vínculo aparece tanto en quienes duermen bien como en quienes pasan las noches en vela. El horario fijo, por tanto, podría actuar como un ancla emocional.

El estudio, firmado por Eunjin Lee Tracy, Christine J. So, Brian Chin, Yuxi Xie, H. Matthew Lehrer, Jill A. Kanaley, Brant P. Hasler y Daniel J. Buysse, analizó a 67 personas mayores de la zona de Pittsburgh (Estados Unidos) con una edad media de 68 años.

De ellas, 37 cumplían criterios clínicos de insomnio (pasaban más de 40 minutos despiertas por la noche) y 30 dormían con normalidad.

Un detalle llamó la atención de los autores: los participantes con insomnio no tenían rutinas menos regulares que los que dormían bien. Ambos grupos seguían horarios casi igual de constantes, aunque los primeros declaraban más dolor y bastantes más síntomas depresivos.

Esa coincidencia sugiere que la regularidad diaria es un recurso que muchos mayores conservan (y al que se agarran) incluso cuando el sueño falla.

Cinco momentos del día que ordenan el reloj interno

Para medir la regularidad, el equipo recurrió a una herramienta llamada Social Rhythm Metric-5, un cuestionario que convierte la rutina en una puntuación. Durante siete días, cada participante anotó la hora exacta a la que realizaba cinco actividades concretas de su jornada:

En este marco, la escala va de cero a siete. Un siete significa que esas actividades se repiten cada día con un margen de 45 minutos respecto a la hora habitual; una puntuación cercana a cero corresponde a alguien cuyo horario cambia sin ningún patrón.

Con esa cifra, los investigadores compararon la estabilidad de cada rutina con el dolor, el índice de masa corporal y el estado de ánimo de los voluntarios.

Y en este sentido, propusieron como explicación de fondo a los ritmos circadianos.

«Si somos constantes con la hora a la que nos levantamos, comemos, trabajamos o estudiamos, nos relacionamos con los demás y nos acostamos, esas señales horarias ayudan a sincronizar nuestros relojes internos», explica Tracy, profesora de la Facultad de Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Missouri.

A largo plazo, añade, eso parece asociarse con mejores resultados de salud.

¿Qué pueden hacer los mayores de 65 años con insomnio para cuidar su ánimo?

Además del estado de ánimo, la regularidad se relacionó con un índice de masa corporal más bajo y con menos molestias físicas en ambos grupos.

Tracy lo resume así: «Cuando regulamos bien nuestro ritmo circadiano, el cuerpo funciona bien, pero si se desajusta demasiado, deja de funcionar tan bien». El análisis detectó también que los hombres declaraban algo menos de dolor que las mujeres.

A su vez, la investigadora alude al llamado jet lag social, el desajuste que aparece cuando los horarios cambian mucho entre semana y el fin de semana.

De ahí la recomendación práctica del equipo: mantener las mismas horas de levantarse y acostarse todos los días, sábados y domingos incluidos. Para quien ya duerme mal, conservar ese esqueleto de horarios puede servir de punto de apoyo cuando las noches no acompañan.

Los límites del estudio y lo que queda por saber

Para cerrar, los propios autores piden prudencia. La muestra es modesta (67 personas de una sola zona de Estados Unidos) y los datos se recogieron en un único momento, de modo que el trabajo no permite afirmar que la rutina cause la mejoría: también podría ocurrir que quienes se sienten mejor mantengan horarios más ordenados.

Además, las horas las anotaban los propios participantes, con el margen de error que eso implica.

Tampoco se descarta que rasgos de personalidad no medidos expliquen a la vez la constancia y la mejor salud. La investigación, financiada por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, deja pendiente comprobar si fijar horarios reduce por sí mismo el dolor y la tristeza.

Y esta duda, desde luego, afecta a mucha gente: se calcula que alrededor del 40% de los adultos mayores convive con el insomnio.