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Ni bambú ni geranios: la planta que debes poner en casa para ahuyentar a la mala suerte, según la tradición celta

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En la cultura popular de toda Europa, las plantas nunca fueron mera decoración. Durante siglos, ciertas especies se colocaban en los hogares para ahuyentar a la mala suerte, proteger del mal de ojo y limpiar las energías del espacio. Justamente, la tradición celta reservaba un lugar especial para una en concreto, como escudo contra los espíritus malignos.

Se trata de nada más y nada menos que una planta, que crece de forma silvestre en montes y sierras de media Europa. Esta ha llegado a la mesa como condimento y a las copas de todo el mundo en forma de destilado. No obstante, su largo historial como protector del hogar es un capítulo casi desconocido para la mayoría.

El enebro, la planta que la tradición celta usaba para ahuyentar a la mala suerte

El enebro (Juniperus communis) es un arbusto perenne de hojas punzantes y frutos oscuros que crece de forma silvestre en montes y sierras de media Europa. Pero la tradición celta y nórdica le atribuía una función que iba mucho más allá del paisaje.

Su incienso se quemaba para purificar el ambiente, comunicarse con los ancestros y ahuyentar a la mala suerte que pudiera haberse instalado en una vivienda.

La práctica más extendida consistía en colgar ramas de enebro en puertas y ventanas. Según una creencia de origen escocés, las brujas se veían obligadas a contar cada hoja antes de poder cruzar el umbral (un recuento que nunca terminaba).

En la tradición italiana del mismo período, los espíritus malevolentes también quedaban bloqueados ante la presencia de las ramas.

De druidas a chamanes siberianos: cómo el enebro llegó a ser la planta protectora de toda Europa

Antes de precipitarse a una sola cultura, cabe aclarar que el uso del enebro como protector no se limitó a los celtas. Los chamanes siberianos lo empleaban para purificar animales antes de los rituales y ahumaban con él sus tambores ceremoniales.

En Anatolia, la costumbre de atar telas en enebros para pedir deseos o buen viaje se mantiene hasta hoy. En la tradición celta, según recoge el centro de interpretación de humedales Ataria (Vitoria-Gasteiz), se asociaban espíritus llamados Krawite a este arbusto, que también era considerado símbolo de hospitalidad.

En la Europa cristiana, el enebro ganó un nuevo capítulo de simbolismo: la tradición recoge que la Sagrada Familia se refugió bajo sus ramas durante la huida a Egipto, y que el profeta Elías durmió al cobijo de uno de estos arbustos.

Ese vínculo con la protección divina reforzó su uso en los rituales de invierno; por ejemplo, quemar ramitas era práctica habitual en Nochebuena, San Silvestre y Reyes para purificar la casa antes del año nuevo.

Colgarlo, quemarlo o llevarlo encima: las formas de usar el enebro contra la mala suerte

La tradición folclórica recogía varias formas de incorporar el enebro al hogar. La más sencilla era colgar un ramillete seco junto a la puerta de entrada o encima del umbral.

Las enebrinas, las bayas de color azul oscuro que produce la planta, se ensartaban en cordeles y se llevaban al cuello como amuleto, o se guardaban en una bolsita dentro de la casa.

Quemar las bayas secas o una ramita a modo de incienso era el método recomendado para ahuyentar a la mala suerte de un espacio ya ocupado.

El humo del enebro tiene propiedades antibacterianas reconocidas por la fitoterapia moderna, lo que explica su uso en casas donde había enfermos: no solo como ritual simbólico, sino como higiene práctica.

El enebro como planta medicinal y el origen inesperado de la ginebra

Como si lo recién mencionado fuese poco, sus bayas y ramitas también tenían aplicaciones medicinales reales. Reiteramos en este sentido que las enebrinas en infusión se emplearon durante siglos para tratar afecciones urinarias y actuar como diurético.

En uso externo, mediante fricciones, se aplicaban para aliviar dolores musculares y reumáticos. La fitoterapia también ha reconocido sus propiedades en el tratamiento del asma, las afecciones bronquiales y algunas enfermedades de la piel.

El vínculo más inesperado del enebro con la vida cotidiana moderna es la mismísima ginebra. Este destilado, uno de los más consumidos del mundo, debe su nombre y su sabor característico precisamente a las bayas de enebro.

Podría decirse entonces que una planta que los celtas consideraban sagrada para proteger sus hogares es, desde el siglo XVII, el ingrediente principal de uno de los cócteles más servidos en los bares de cualquier ciudad española y del mundo entero.