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Los expertos instan a colocar una piedra en un plato y dejarlo en el jardín: por qué lo recomiendan y para qué sirve

Tener un jardín en casa supone estar pendiente de las plantas, del riego y de esas pequeñas tareas que debemos hacer en función del tiempo o de la estación en la que estemos. Sin embargo, no todo tiene que ver directamente con cuidar flores, árboles o cultivos, sino que hay otros gestos sencillos que ayudan a los animales que pasan por él y que, además, pueden terminar siendo beneficiosos para el propio jardín. Y para uno de ellos apenas hace falta algo que casi cualquiera tiene en casa: un plato viejo, una piedra y un poco de agua.

La idea consiste en colocar el plato en el exterior, llenarlo con una pequeña cantidad de agua y dejar una piedra en su interior. Puede parecer demasiado sencillo como para tener alguna utilidad, pero este pequeño recipiente funciona como un punto de agua para pájaros e insectos, especialmente cuando les resulta más difícil encontrar dónde beber. Además, hacerlo correctamente es importante, ya que no basta con dejar un recipiente lleno y olvidarse de él. La ubicación, la profundidad y, sobre todo, mantener el agua limpia son aspectos que conviene tener en cuenta.

Por qué recomiendan colocar una piedra en un plato con agua en el jardín

El objetivo principal de este sencillo truco es crear un pequeño punto de agua al que puedan acercarse los animales que visitan habitualmente el jardínm y lo mejor es que no hace falta comprar un bebedero específico. De hecho puede utilizarse un plato viejo o incluso el plato situado habitualmente debajo de una maceta. Lo importante es que el recipiente no sea demasiado profundo y que permita a los pájaros acceder al agua con facilidad.

Aves habituales en jardines y zonas residenciales, como los gorriones o los mirlos, pueden utilizarlo para beber. El recipiente debe colocarse preferiblemente en un lugar de semisombra y, en la medida de lo posible, en un punto en el que los pájaros no queden demasiado expuestos a gatos u otros posibles depredadores. Elegir bien el lugar resulta especialmente importante si queremos que las aves puedan acercarse, beber y marcharse sin encontrarse en una situación de riesgo.

La piedra que se coloca dentro tampoco está ahí únicamente para evitar que el plato se mueva. Su presencia proporciona un punto firme al que pueden llegar los insectos que se acerquen al agua ya que si alguno cae dentro, la piedra puede facilitarle una superficie desde la que salir en lugar de quedar atrapado. De esta manera, un objeto tan corriente termina convirtiéndose en un pequeño bebedero que pueden aprovechar diferentes visitantes del jardín.

Este sencillo gesto también puede ayudar a proteger la fruta

Ofrecer agua a los animales es la finalidad principal de este truco, pero existe otro efecto que puede resultar interesante para quienes tienen árboles frutales o cultivan determinadas frutas en casa. Las aves también necesitan buscar fuentes de hidratación y, cuando no encuentran agua fácilmente, pueden obtener parte de ella picoteando frutos que encuentran a su alcance. De este modo, si ofreces un punto de agua puedes hacer que los pájaros tengan menos necesidad de recurrir a frutas como las cerezas, las manzanas o las grosellas para obtener líquido. No significa que colocar un plato vaya a impedir que un pájaro se acerque a la fruta ni que pueda utilizarse como un sistema para proteger por completo una cosecha, pero sí puede ofrecerles una fuente alternativa de agua.

El beneficio, por tanto, puede producirse en las dos direcciones. Por un lado, las aves encuentran un lugar sencillo al que acudir para beber y, por otro, quienes tienen fruta en el jardín pueden conseguir que una mayor parte permanezca intacta. Todo ello sin recurrir a productos, dispositivos o instalaciones especiales, ya que basta con reutilizar un recipiente que tengamos en casa.

El agua debe cambiarse todos los días

Hay una condición importante para que este pequeño bebedero sea realmente útil: no conviene llenar el plato y dejar la misma agua durante varios días. El recipiente necesita mantenimiento y el agua debe renovarse a diario, además de limpiar correctamente el plato antes de volver a llenarlo. Este cuidado adquiere todavía más importancia cuando las temperaturas son elevadas. El agua estancada y expuesta al exterior puede convertirse en un entorno favorable para la proliferación de microorganismos. En lugar de ayudar a los animales, mantener durante demasiado tiempo agua sucia podría terminar suponiendo un riesgo para las propias aves que acuden a beber. Por eso, este truco requiere apenas unos minutos, pero sí cierta constancia.

También conviene revisar periódicamente el estado del recipiente y retirar hojas, tierra o cualquier otro resto que haya podido caer dentro. Con agua limpia, poca profundidad, una piedra y una ubicación adecuada, un simple plato que ya no utilizamos en la cocina puede adquirir una función completamente distinta en el jardín. Un gesto pequeño que facilita el acceso al agua a pájaros e insectos y que, de paso, puede resultar útil para quienes esperan recoger sus propias frutas cuando llegue el momento de hacerlo.