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¿Cuál es el río más antiguo del mundo? Es tan antiguo que pasó por Pangea

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Considerado por muchos expertos como el río más antiguo del mundo, el río Finke, situado en el centro de Australia y conocido por los pueblos indígenas como Larapinta, podría tener una antigüedad de entre 300 y 400 millones de años. Los geólogos creen que su sistema fluvial ha logrado mantenerse activo desde tiempos remotos, sobreviviendo a la reorganización de los continentes desde la era de Pangea.

La evolución geológica del sistema está relacionada con la conocida como «Orogenia de Alice Springs», un proceso que transformó el centro de Australia entre hace unos 450 y 300 millones de años. Los sedimentos hallados en la cuenca de Amadeus conservan señales de antiguos ríos y abanicos aluviales vinculados a aquellas antiguas elevaciones. Hoy en día, durante buena parte del año, el río Finke presenta un aspecto fragmentado, con pozas aisladas, extensas zonas arenosas y tramos completamente secos. Sin embargo, cuando llega la temporada de lluvias al interior australiano, el cauce vuelve a llenarse.

El río más antiguo del mundo

Situado en el corazón de Australia, el río Finke nace en la cordillera MacDonnell, en el Territorio del Norte, y avanza hacia el sureste atravesando cañones, gargantas y extensas llanuras desérticas hasta perderse entre las arenas del desierto de Simpson. Sólo en ocasiones excepcionales, cuando las lluvias son especialmente intensas, sus aguas logran acercarse a la cuenca del lago Eyre. En esos periodos, el sistema fluvial puede alcanzar una extensión de entre 600 y 750 kilómetros.

¿Pero qué significa realmente que sea considerado «el río más antiguo del mundo»? La comunidad científica aclara que esto no quiere decir que el Finke haya llevado agua de manera continua durante cientos de millones de años, sino que su trazado geológico y el corredor por el que discurre se han mantenido desde tiempos remotos. A lo largo de ese periodo, el sistema ha sobrevivido a cambios en el clima, movimientos continentales y procesos de formación montañosa.

La antigüedad del río Finke se explica por la forma en que los geólogos interpretan su paisaje y evolución. El río atraviesa la cordillera MacDonnell, una cadena montañosa que se formó hace entre 400 y 300 millones de años durante un intenso proceso de orogénesis, es decir, de formación de montañas. Lo más interesante es que, normalmente, los ríos aparecen después de que se formen las montañas, siguiendo las pendientes generadas por el relieve.

Sin embargo, en el caso del Finke, las evidencias sugieren que el cauce ya existía antes de que el terreno se elevara y logró mantener su recorrido mientras la roca erosionaba, abriéndose paso entre las montañas. Este fenómeno, conocido como «drenaje antecedente», es una de las principales pistas que respaldan su antigüedad.

Placa tectónica australiana

Según explica la geóloga Ellen Wohl, los ríos pueden desaparecer cuando grandes acumulaciones de sedimentos entierran sus cauces o cuando transformaciones del paisaje alteran el recorrido natural del agua. Procesos como erupciones volcánicas, desplazamientos glaciares o importantes movimientos tectónicos pueden modificar por completo las redes fluviales.

A estos factores se suman también el clima y la acción humana. En distintas partes del mundo, muchos ríos han dejado de fluir debido a sequías prolongadas, alteraciones en los patrones meteorológicos o al uso excesivo de los recursos hídricos.

Sin embargo, la placa tectónica australiana se ha mantenido  estable durante cientos de millones de años. Al encontrarse en el interior de esta placa, la región central australiana apenas ha sufrido grandes alteraciones geológicas en comparación con otras regiones del mundo.

Un nuevo supercontinente

Hace unos 200 millones de años existía un enorme supercontinente conocido como Pangea, una gigantesca masa de tierra que posteriormente comenzó a fragmentarse hasta dar lugar a los continentes actuales. Ahora, los científicos consideran muy probable que, dentro de unos 200 o 250 millones de años, los continentes vuelvan a reunirse para formar un nuevo supercontinente. Esta idea se basa en la teoría de los ciclos supercontinentales, según la cual estas uniones y separaciones ocurren aproximadamente cada 600 millones de años.

Aunque los científicos tienen una idea aproximada de cuándo podría aparecer un nuevo supercontinente, todavía existen muchas dudas sobre la forma exacta que tendría. Un grupo de investigadores de la Universidad de Lisboa propuso varios escenarios posibles para explicar cómo podrían reorganizarse los continentes en el futuro y desarrolló cuatro modelos diferentes: Novopangea, Pangea Última, Amasia y Aurica.

Entre estas hipótesis, las que cuentan con mayor respaldo son Amasia y Aurica. En el caso de Amasia, el supercontinente surgiría si la mayoría de las masas continentales terminaran desplazándose hacia el hemisferio norte, mientras que la Antártida permanecería aislada en el hemisferio sur. Por otro lado, el modelo de Aurica plantea una unión continental alrededor de la línea del ecuador, extendiéndose posteriormente hacia ambos hemisferios.

En cualquier caso, todos estos escenarios continúan siendo hipótesis científicas, ya que resulta extremadamente difícil predecir con exactitud cómo será la Tierra dentro de cientos de millones de años.