Casi todo el mundo lo hace mal: el truco de los expertos para regar los geranios y que estallen de flores en primavera
El truco para un geranio rebose de flores en primavera es cortar las flores
Si pones los geranios al sol todo el día, pueden saturarse y quemarse
Para que tu geranio dé flores todo el año, hay que cortar el pínfano
Casi no existe balcón español que no tenga unos benditos geranios. Y es que su resistencia, la variedad de colores y la facilidad para crecer en maceta los convierten en la opción preferida de quienes quieren un exterior con vida sin dedicar demasiadas horas al cuidado. Pero claro, esa fama de planta resistente hace que muchos los traten con más descuido del que merecen.
El riego es el punto donde más se falla. No por falta de agua, sino por cómo se aplica. Los expertos en jardinería llevan años advirtiendo de un error muy extendido que acorta la vida de las flores, debilita la planta y favorece la aparición de enfermedades fúngicas justo al comienzo de la primavera, cuando los geranios deberían estar en su mejor momento.
¿Cuál es el truco para regar los geranios y lograr que estallen de flores en primavera?
El error más común es regar los geranios desde arriba, echando agua directamente sobre el follaje y las flores. Las gotas que caen sobre las hojas actúan como pequeñas lupas bajo la luz solar directa y provocan quemaduras que dejan marcas permanentes en el tejido vegetal. Sobre las flores, el efecto es más inmediato: la humedad acelera su deterioro y acorta la floración.
La solución es sencilla. En lugar de regar desde arriba, los especialistas recomiendan verter el agua directamente en el plato de la maceta y dejar que el sustrato la absorba desde abajo. Este método, conocido como riego por capilaridad, asegura que la humedad llegue a las raíces de forma homogénea sin que hojas ni flores entren en contacto con el agua.
Eso sí… pasados unos veinte o treinta minutos, hay que retirar el agua sobrante que no haya sido absorbida. Dejar el geranio en remojo permanente tiene el efecto contrario: las raíces se asfixian por falta de oxígeno y la planta entra en pudrición desde la base.
¿Por qué el encharcamiento es el mayor enemigo del geranio?
El experto en jardinería Adrián De La Torre lo resume con claridad: «El mayor error que cometemos con los geranios es dejar la tierra encharcada». El suelo saturado expulsa el oxígeno del sustrato y asfixia las raíces, lo que se traduce en hojas amarillas, tallos blandos y, finalmente, en la muerte de la planta.
La botritis o moho gris es la consecuencia más frecuente del exceso de humedad. Este hongo ataca cuando el agua lleva demasiado tiempo en contacto con el follaje o el sustrato tiene mal drenaje.
Las zonas afectadas aparecen cubiertas de una capa gris oscura que pudre el tejido vegetal y se propaga con rapidez si no se corta a tiempo.
Para evitarlo, la maceta debe tener orificios de drenaje en la base y el sustrato ha de ser ligero. Por ejemplo, una mezcla con perlita o arena gruesa permite que el agua circule sin acumularse.
En esta línea, la prueba del dedo es el método más fiable para saber cuándo regar. Basta con introducir un dedo dos o tres centímetros en la tierra; si sale seco o caliente, es momento de regar; si sale húmedo, conviene esperar.
¿Cuándo y cuánto hay que regar los geranios en primavera?
En primavera, los geranios necesitan riego dos veces por semana. A medida que suben las temperaturas, la frecuencia puede aumentar hasta tres riegos semanales. En invierno, con el crecimiento detenido, basta con regar una vez cada diez o quince días.
El momento del día también importa. Lo más recomendable es regar a primera hora de la mañana o a última de la tarde, nunca al mediodía bajo el sol. El agua que entra en contacto con la tierra a altas temperaturas se evapora antes de llegar a las raíces, y cualquier gota que salpique las hojas tiene más probabilidades de causar daño.
Por último, junto al riego, el abonado marca la diferencia durante la primavera. Un fertilizante líquido rico en potasio y fósforo, aplicado una vez por semana al incorporarlo al agua de riego, estimula la producción de flores y fortalece los tallos.
Sin ese aporte, la planta destina su energía a crecer en verde en lugar de florecer. Dicho todo esto, el hecho de tener el balcón más exuberante del edificio no es solo cuestión de suerte.
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