Una canción de rock de 49 minutos grabada en 1973 sigue siendo un clásico musical 53 años más tarde: influyó a compositores de medio mundo
La historia de «Tubular Bells», la legendaria composición de Mike Oldfield, sigue fascinando más de cinco décadas después de su lanzamiento. Grabada en 1973 cuando el músico apenas tenía 19 años, esta extensa pieza de casi 49 minutos desafió las convenciones de la época y se convirtió en un clásico por su aparición en «El Exorcista».
Lo que comenzó como una arriesgada propuesta instrumental, rechazada inicialmente por varias discográficas, acabó transformándose en uno de los discos más importantes de la música contemporánea. Su impacto trascendió el rock progresivo y alcanzó otros géneros gracias a una propuesta sonora única y a una historia de creación tan singular como la propia obra.
¿Por qué «Tubular Bells» se ha convertido en una obra imprescindible de la música?
Publicado el 25 de mayo de 1973, «Tubular Bells» fue el primer álbum de estudio de Mike Oldfield y también el primer lanzamiento de Virgin Records. La obra estaba formada por dos largas piezas instrumentales distribuidas en las dos caras del vinilo, una estructura poco habitual para el mercado musical de aquel momento.
Oldfield compuso prácticamente toda la música y tocó casi todos los instrumentos que aparecen en la grabación. Guitarras, teclados, bajo, percusión y una amplia variedad de sonidos se combinaron para dar forma a una obra que destacaba por su complejidad armónica y su desarrollo continuo de melodías.
La grabación se realizó en The Manor, el estudio propiedad de Richard Branson en Oxfordshire. El proyecto presentó importantes desafíos técnicos, ya que el estudio solo disponía de ocho canales de grabación. Para superar estas limitaciones se recurrió a diversos métodos artesanales que permitieron registrar la enorme cantidad de instrumentos presentes en la obra.
Antes de llegar a Virgin Records, Oldfield había presentado una maqueta a distintas compañías sin conseguir despertar demasiado interés. El carácter instrumental del proyecto y su larga duración hacían difícil encajarlo en los estándares comerciales de la época.
Sin embargo, Tom Newman y Simon Heyworth escucharon aquella grabación y quedaron impresionados por su calidad. Gracias a ellos, Richard Branson se interesó por el trabajo del joven músico y decidió apostar por una obra que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes éxitos de la historia del rock.
El álbum acabó alcanzando el número uno en Reino Unido y permaneció durante 279 semanas consecutivas en las listas británicas. Además, llegó a vender aproximadamente 15 millones de copias en todo el mundo, consolidándose como uno de los discos más exitosos de su género.
La película que convirtió el álbum en un fenómeno mundial
Aunque el disco ya había obtenido una excelente acogida, su popularidad se disparó cuando el director William Friedkin utilizó el inquietante tema inicial de la obra en la banda sonora de «El Exorcista», estrenada también en 1973.
Aquellas notas de piano quedaron asociadas para siempre a una de las películas de terror más famosas de la historia y permitieron que millones de personas descubrieran la música de Oldfield. La utilización de ese fragmento contribuyó decisivamente a que el álbum alcanzara una repercusión internacional mucho mayor.
Entre los elementos más originales de la obra destacó la figura del llamado «maestro de ceremonias», interpretado por Vivian Stanshall. Su voz iba presentando los distintos instrumentos que se incorporaban progresivamente a la melodía principal durante el tramo final de «Part One», culminando con la entrada de las campanas tubulares que daban nombre al disco.