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Aviso urgente de los científicos por el mineral de origen humano que puede cambiar el clima de la Tierra para siempre

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Un estudio realizado por la Universidad suiza ETH Zurich y el centro alemán GEOMAR y publicado en Nature Communications Earth and Environment concluyó que la acumulación de metales pesados procedente de la actividad industrial podría estar alterando el equilibrio de nutrientes, un elemento esencial para la vida marina, con posibles efectos en toda la cadena alimentaria y en los procesos que regulan el clima global. Tal Altabet, líder de la investigación, explica en un comunicado: «Ya no existe naturaleza intacta, ni siquiera en el Pacífico Sur, que está tan alejado de la civilización como lo está la Estación Espacial Internacional de la Tierra».

Para determinar la procedencia del zinc, los investigadores analizaron la composición isotópica del agua: el zinc natural presente en los océanos muestra una mayor proporción del isótopo Zn-66, mientras que las emisiones de origen humano se asocian principalmente al isótopo Zn-64, lo que permite diferenciar su origen. Desde hace casi una década, la comunidad científica ha identificado una «firma isotópica inusual» en las capas superiores de regiones remotas del océano Pacífico Sur. El propio Altabet señaló que los análisis indican que el zinc detectado en las partículas de la superficie del Pacífico Sur tiene un origen claramente industrial.

Preocupación por la presencia de este mineral en el océano

El equipo de investigadores, liderado por la Universidad suiza ETH Zúrich y el centro de investigación alemán GEOMAR, detalla que este metal pesado no llega al océano mediante vertidos directos ni por el tráfico marítimo, sino a través de la atmósfera. Las emisiones industriales y la quema de combustibles fósiles en los continentes liberan partículas de zinc que pueden viajar miles de kilómetros impulsadas por las corrientes de aire. Cuando llueve, estas partículas se depositan en la superficie del agua, alterando su composición química natural y modificando así su equilibrio original.

Ahora bien, el análisis de las muestras aporta un dato especialmente preocupante: en varias de las estaciones de control estudiadas, la presencia de zinc de origen humano ya supera a la de origen natural, procedente de procesos como la actividad volcánica o la erosión de las rocas. Aunque el zinc actúa como un micronutriente esencial para el desarrollo del fitoplancton, los científicos advierten de que la alteración a gran escala de sus concentraciones puede desestabilizar los ciclos biogeoquímicos globales de los que depende el equilibrio de los ecosistemas marinos.

«Prácticamente todo el zinc presente en las partículas del Pacífico Sur superior es de origen artificial. Estos resultados demuestran que incluso elementos que antes se consideraban ajenos a la actividad humana ahora están dominados por la contaminación industrial, que ha llegado a las zonas más remotas del océano abierto», afirma Ben Altabet.

La capa superficial del océano, conocida como zona eufótica y que puede alcanzar hasta unos 700 metros de profundidad, es esencial para el desarrollo del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina. Este fitoplancton, que representa aproximadamente el 1% de la biomasa vegetal del planeta, es responsable de cerca del 45% de la producción de oxígeno atmosférico y cumple un papel fundamental en el transporte de carbono hacia las profundidades oceánicas, según el Sistema de Información sobre el Agua (SIE).

El crecimiento de estos organismos unicelulares depende de la disponibilidad equilibrada de micronutrientes como el zinc, el hierro y el cobre, que son esenciales para la fotosíntesis y la absorción de dióxido de carbono. Los investigadores advierten que la llegada masiva de zinc de origen industrial podría modificar la disponibilidad de estos nutrientes y, con ello, alterar el delicado equilibrio que sostiene no solo la vida marina, sino también los procesos naturales de regulación del clima global.

«Sólo estudiando diferentes sistemas marinos podremos comprender el comportamiento de los metales traza en todo el océano y cómo responden los organismos marinos a los cambios en el equilibrio de nutrientes», explica Ben Altabet.

Consecuencias

El zinc, el hierro, el cobre y el cadmio procedentes de actividades humanas podrían estar alterando la fisiología y el funcionamiento del fitoplancton. Los investigadores señalaron que este fenómeno todavía no se puede cuantificar en todas sus dimensiones, pero subrayaron: «Estos resultados muestran que incluso elementos antes considerados ajenos a la influencia humana ya están dominados por la contaminación industrial, que ha alcanzado las áreas más remotas del océano».

Dada la función esencial del fitoplancton en la producción de oxígeno y en la conocida como «bomba biológica de carbono», cualquier alteración en su equilibrio químico puede tener repercusiones a escala global. El estudio advierte además de que el aumento continuado de aportes industriales de metales podría modificar los ecosistemas oceánicos y comprometer tanto la cadena alimentaria marina como los sistemas naturales de regulación climática de la Tierra.

Ahora, los investigadores quieren ampliar los análisis a otros océanos con el objetivo de comprender mejor cómo la contaminación por metales de origen industrial podría afectar a la vida marina y a los ecosistemas en las próximas décadas.