Cultura
EL FOCO de María Zabay

Toni Sánchez Bernal, escritor y guionista: «Tener presente la muerte te hace vivir mejor»

Vivimos en una época extraña. Hablamos con una soltura casi obscena de éxito, de objetivos, de marca personal, de vitaminas, de rutinas de mañana y de cualquier otra superstición respetable del capitalismo revuelto en el que nos encontramos, como si la vida no tuviera cuenta atrás; como si lo bueno perdurase, sólido, petrificado cual esfinge de Giza; como si el fin no fuese a llegar. Pero también a los faraones les llegó.

En esta conversación con Toni Sánchez Bernal, la muerte deja de ser una idea lejana para convertirse en algo muy concreto. La abordó en un ensayo, después en su primera novela. También en Atrapada en la oscuridad, un thriller en el que una mujer desaparecida hace casi tres décadas reaparece asesinada en la puerta de una comisaría.

A Toni le gusta «tener presente que en cualquier momento uno puede morir». «Si ahora mismo muriera, ¿qué pasaría?», se pregunta. De ahí salen otras preguntas sencillas y esenciales como si uno disfruta de quien quiere, si ha aplazado demasiado esa llamada al padre o si ha puesto sus fichas en lo que realmente le emociona.

No es una idea nueva. Heidegger hablaba de una existencia distraída, refugiada en el ruido, incapaz de sostener la conciencia de su propio final; Becker sostuvo que gran parte de la vida moderna no es más que un sofisticado sistema para no pensar en la muerte; y Frankl recordó que el ser humano no busca tanto el placer o el poder como un sentido que justifique su paso por aquí. Y, sin embargo, seguimos viviendo como si fuéramos los protagonistas de un videojuego de pantallas infinitas.

Frente a tanto extravío, la muerte tiene una virtud: elimina de golpe casi todas nuestras tonterías, convirtiendo en irrelevante, en cuestión de segundos, casi todo lo que hoy defendemos como importante. Toni señala nuestro estar en todas partes menos en nuestra vida; nuestro hacer sonar ruido para no escucharnos; nuestro llenarnos el día de estímulos para no enfrentarnos a lo único que no admite distracción.

Sus personajes se mueven en zonas grises, en el territorio en el que el bien y el mal se traducen en decisiones concretas. «Todos tenemos máscaras», asevera. Recuerda a las sombras de Jung —traumas y deseos reprimidos. Oscuros—. Y luego añade algo más difícil de aceptar: «Todos somos capaces de llegar al límite». Nos gusta pensar que el mal pertenece a otros —a los monstruos, a los corruptos, a los desviados.

Hay otra idea que atraviesa toda la conversación: la vida cambia sin aviso. No cuando uno está preparado. Se transforma mientras bailas. Mientras preparas el desayuno. Mientras crees que la jornada será una más. Esa fragilidad, que tanto irrita al narcisismo contemporáneo, tiene una consecuencia poco agradable: vuelve ridículas muchas de nuestras preocupaciones. Y entonces nos damos cuenta de que, enredados en hojarasca, fuimos felices sin saberlo.

Toni Sánchez Bernal escribe sobre muerte, miedo, mal y remordimiento. Camina por los pasadizos subterráneos de Madrid. Por la oscuridad humana. Pero en el fondo, puede que esté hablando de nosotros. Sí, de nosotros. De los ciudadanos del día a día. De los que le leamos. Si todo puede romperse, si no controlamos casi nada y si el dolor nos cambia… ¿Por qué seguimos viviendo como si lo importante pudiera esperar? Y yendo un poco más allá, ¿qué nos retiene cuando dejamos lo importante para mañana?