‘Supervivientes’ o ‘Rebelión en la Granja’: comida en la letrina, robos, encontronazos con la dirección y sanciones extremas en una gala descontrolada
En 'Supervivientes' no faltan los problemas: el hambre hace que los concursantes 'pierdan la cabeza'

Precepto número 1: todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo. Los mandamientos no se escriben en la pared en Supervivientes, como en Rebelión en la granja, pero son normas no escritas que se respiran. Aunque hay uno que todos han incumplido: ningún animal matará a otro animal. Porque este martes, en Supervivientes. Tierra de nadie, todos fueron a cuchillo. Incluso hubo problemas con la dirección del programa de Telecinco.
La ansiedad por la comida, o más concretamente, por la falta de ella, está pasando factura a los concursantes. Sin embargo, son los que más comen los que han superado los momentos más escatológicos vividos en otras galas: la codicia ha dejado al descubierto a Aratz. Tal y como apuntó Maica y él mismo reconoció, escondió comida en… ¡la letrina! Qué mejor estancia para degustar un buen manjar. También acusaron a Gerard de haberlo hecho, aunque en este caso, él no lo asumió.
Pero si hay un robo que ha puesto patas arriba la isla, ha sido el ejecutado por Claudia. Villana de Supervivientes y reina del reality. La ex concursante de La Isla de las Tentaciones se ha ganado la corona por méritos propios. Hace semanas que empezó a mover una isla llena de palmeras y no de supervivientes y, ahora, ha vuelto a utilizar la misma técnica para hacerlo: esconder comida, desquiciar a sus compañeros, dar juego y, aun con todo ello, guardarse un as en la manga para defenderse, el de no comerse los suministros de los demás. Juega con ellos para que den los signos de vida que sólo demuestran algunos como Nagore o Maica. Aunque también provoca, a su vez, que todos saquen las uñas contra ella. Para el resto, Claudia es el granjero Howard Jones, al que hay que expulsar.
Lo cierto es que el poder se le ha ido de las manos a Claudia, que se ha visto desbordada por el hambre, con el que ha «perdido la cabeza». Como tenía la lata de sus compañeros escondida pero escuchó a su conciencia para no hincarle el diente, decidió meterse en una de las casetas de quienes trabajan con el estómago satisfecho, la del equipo de Supervivientes. Así, sin faldas y a lo loco. Y, resbuscando dentro, entre un montón de botes de aftersun, encontró «uno de Nutella». «Perdón, de crema de cacao», matizó. Lo que ocurrió después fue puro cine, con una escena de lo más surrealista. De las carreras de La Isla de las Tentaciones por la playa a las gincanas de Honduras en la selva.
Uno de los inspectores pilló a Claudia -«no puedes estar aquí»- y ella, como si pudiera escapar y fingir que nada había ocurrido, comenzó a correr por la isla, sin soltar el bote de cacao. «¿Qué llevas ahí?», preguntó el inspector, mientras ella seguía a la carrera diciendo «nada». Claro, cómo podía imaginar ella que alguien podría saber qué llevaba en las manos, siendo además un botecito tan discreto. Ni que estuviera viviendo en un reality. De perdidos al río. Tirada en la arena, comenzó a huntarse el dedo de crema y a relamerse. Pringadísima. Y todo delante de las cámaras y con el inspector pidiéndole que le devolviera lo que había robado. Su respuesta, encarándolo reiteradamente: no.
Hasta Maica se acercó para pedirle que lo devolviera y, Claudia, en un momento de exaltación de la amistad pero no de lucidez, le ofreció comer. La ansiedad que la concursante estaba sufriendo en ese momento era muy obvia, y que había perdido la cabeza por el hambre, muy creíble. Su cuerpo la delataba. Llevaba varias galas sin probar ni una sola recompensa, boicoteada por los machos alfa de la edición que disfrutaron de una tarta de chocolate de 500 toneladas -generosos trozos se sirvieron-, y la dejaron a ella sin catarla como un animalillo esmayao. Ya no quedan caballeros, sólo tentadores.
La sanción del programa fue extrema. Nunca antes se había impuesto un castigo así. Hasta María Lamela, algo inaudito, los puso firmes en una palapa extraordinaria en la que todos estuvieron contra todos, «harta de que se salten las normas»: desde ahora y hasta EL FINAL del concurso, Claudia dependerá de la solidaridad de sus compañeros para alimentarse, y no tendrá dotación de comida. Y ya se sabe lo generosos que son con ella, especialmente Gerard, que se ha autoimpuesto el rol de gran pescador de Honduras. Llegó al programa con mucha destreza en el agua, después de pasar toda La Isla de las Tentaciones a remojo en el jacuzzi, y es el que más pesca. Pero claro, no se sabe cuánto podría hacerlo el resto porque acapara las gafas, y los demás no tienen opción de entrar al mar para intentarlo. El último mandamiento de Rebelión en la granja tampoco se cumple en esta isla: todos los animales son iguales.
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