CASA REAL

De tal borbón, tal afición: la infanta Elena se sube al barco con Juan Carlos I en Sangenjo

La infanta Elena navegando con su padre
La infanta Elena con Juan Carlos I. (Foto: Europa Press)

A Juan Carlos I puede que le falten muchas cosas, pero queda claro que lo que no está dispuesto a perder son sus temporadas en Sangenjo. Aunque este año aterrizó más tarde de lo habitual por los problemas en aeropuertos derivados del contexto internacional que marcaron su agenda, el emérito ha vuelto a encontrar hueco para cumplir con su liturgia gallega. Lo hizo, además, tras una parada poco habitual: su paso por Francia para recoger un reconocimiento vinculado a sus memorias, Reconciliación, antes de poner rumbo al norte de España.

El plan no sorprende a nadie en el entorno del Real Club Náutico ni tampoco fuera de él: barco, mar, amigos de siempre y una rutina que el ex monarca repite con precisión casi milimétrica cada vez que pisa suelo español. La ría de Pontevedra vuelve a convertirse así en el escenario de una vida que, lejos del foco institucional, encuentra aquí su versión más relajada. Galicia es, desde hace años, ese refugio donde todo parece mantenerse igual.

Su hoja de ruta tampoco cambia demasiado. Antes de dejarse ver por la costa pontevedresa, el viaje suele arrancar en Vitoria-Gasteiz, donde visita al doctor Eduardo Anitua para sus chequeos médicos. Una parada discreta pero fija en su agenda, que precede a lo que realmente importa: el mar, la navegación y su círculo de confianza.

La infanta Elena saludando con Juan Carlos I
La infanta Elena con Juan Carlos I. (Foto: Europa Press)

Aunque el nombre de Pedro Campos sigue siendo inseparable de sus estancias en Sangenjo, este año ha habido una presencia que ha vuelto a llamar la atención: la de su hija, la infanta Elena. Lejos de ser una novedad, su compañía empieza a consolidarse como habitual. Padre e hija comparten no solo apellido, sino también esa querencia por Galicia y por la vida a bordo, donde las conversaciones se diluyen entre el sonido del viento y las olas.

En el puerto, la escena es la de siempre: expectación contenida, cámaras a distancia prudente y aficionados a la vela siguiendo cada movimiento del Bribón. No hay grandes despliegues ni agenda oficial que cumplir. Solo salidas al mar, regresos tranquilos y esa sensación de rutina que, en el caso del emérito, se ha convertido en algo que le aporta tranquilidad.

La imagen más comentada del día ha sido, sin duda, la de padre e hija navegando juntos por la ría. Sin declaraciones, sin gestos fuera de lo previsto y sin necesidad de grandes titulares, ambos han protagonizado una estampa que ya forma parte del imaginario habitual de estas visitas. Todo sigue su curso, sin sobresaltos.

Si hay algo que nunca falta en la agenda de Juan Carlos I en Sangenjo, más allá del mar, es la gastronomía y eso se cumple en el restaurante D’Berto. Este restaurante, considerado uno de los grandes templos del producto gallego, es parada obligatoria para el emérito, que comparte gusto con figuras como el magnate Amancio Ortega.

Juan Carlos I saliendo del restaurante
Juan Carlos I. (Foto: Europa Press)

Fundado por los hermanos Berto y Marisol Domínguez, D’Berto ha construido su prestigio sobre una premisa clara: respeto absoluto al producto del mar. Mariscos y pescados de la costa gallega protagonizan una carta que ha sido reconocida con galardones como el de Mejor Restaurante de Mariscos y Pescados en Madrid Fusión 2024 y luce dos Soles Repsol desde 2025.

Así transcurren los días del rey emérito en Galicia: entre el mar, la familia, los viejos amigos y los placeres sencillos. Una rutina sin grandes cambios, pero con un mensaje claro y es que hay tradiciones que, pase lo que pase, Juan Carlos I no las negocia.

Lo último en Cool

Últimas noticias