Cinco hoteles para los que no necesitas más plan que llegar, instalarte y disfrutar
Escapada al norte: cinco hoteles de lujo para pasar un fin de semana de relax
Las escapadas ‘wellness’ más exclusivas para empezar septiembre en estado zen: de Formentera a St. Moritz

Hay hoteles a los que uno llega con una lista de sitios que ver y otros que hacen que esa lista deje de importar. Una piscina con vistas al Mediterráneo, una mesa bien puesta, un tratamiento, una cala a pocos pasos o un desayuno que se alarga sin mirar el reloj pueden ser razones suficientes para hacer las maletas. Este verano hemos seleccionado cinco hoteles que son mucho más que un lugar donde dormir: son el destino en sí mismos. Ibiza, Formentera, Costa Brava, París y Menorca, cinco escapadas en las que el mejor plan puede ser no tener ninguno y disfrutar del hotel de principio a fin.
7Pines Resort Ibiza: dormir frente a Es Vedrà y no necesitar nada más
En la costa oeste de Ibiza, sobre un acantilado y frente a Es Vedrà, 7Pines Resort Ibiza juega con una de las mejores bazas de la isla: conseguir que el paisaje sea parte del propio hotel. Aquí el Mediterráneo está presente desde prácticamente cualquier rincón y las puestas de sol se convierten en uno de los grandes rituales de la estancia.
El resort combina habitaciones, suites y villas privadas con una propuesta gastronómica que ha ganado peso temporada tras temporada. El chef Óscar Salazar está al frente de una cocina que pone el producto mediterráneo y el territorio en el centro, mientras que el nuevo huerto ecológico propio refuerza esa filosofía de llevar el paisaje ibicenco directamente a la mesa.
Por qué ir a este hotel: hay pocos lugares en Ibiza donde apetezca tanto quedarse. La piscina, el acantilado, el mar delante y, sobre todo, ese momento del día en el que el sol comienza a desaparecer detrás de Es Vedrà hacen que organizar excursiones pueda convertirse en una decisión difícil. Para quienes buscan todavía más intimidad, las Grand Villas Alba y Aurora cuentan con cuatro suites, jardín, amplias terrazas y piscina infinity privada.
No te pierdas… El ritual del atardecer en Cone Club. Está suspendido sobre el acantilado y ofrece una de esas puestas de sol que justifican por sí solas una escapada a Ibiza. Después, si todavía queda noche por delante, una copa de champagne en Taittinger Champagne Bar, acompañado de ostras o caviar, es difícil de mejorar.
Reserva en su restaurante y prueba… Nela with Oscar Salazar, donde el fuego tiene un papel protagonista y el producto mediterráneo se convierte en el centro de la experiencia. Para una propuesta diferente, Ikisaki lleva al resort una cocina nikkei con influencias de Japón y Perú, mientras que Inodeq Garden apuesta por una experiencia gastronómica vinculada al huerto ecológico del hotel.
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Blanco Hotel Formentera: aquí el reloj deja de tener sentido
Hay una razón por la que Formentera parece hecha para desaparecer unos días del mapa. Y Blanco Hotel Formentera ha entendido perfectamente ese ritmo. Situado en Es Pujols, combina una ubicación privilegiada con una filosofía en la que el lujo tiene más que ver con no tener nada que hacer que con tenerlo todo programado.
Su gran piscina funciona como el centro de la vida del hotel. Alrededor suceden las cosas importantes de una jornada de vacaciones: leer, tomar el sol, alargar una sobremesa o simplemente no moverse de la hamaca. Las habitaciones mantienen esa estética mediterránea y las suites añaden piscina privada y jacuzzi.
Por qué ir a este hotel: por una cosa tan sencilla como desayunar cuando quieras. Su desayuno se sirve hasta el mediodía, una declaración de intenciones bastante clara sobre cómo entiende el hotel las vacaciones. Aquí nadie parece tener demasiada prisa. Además, cuenta con una propuesta wellness que incluye yoga, pilates, tratamientos, masajes y gimnasio. Todo lo necesario para convertir unos días en Formentera en una verdadera pausa.
No te pierdas… La puesta de sol desde el rooftop de Five Flowers Formentera Meliá Collection, situado a pocos pasos. Tomarse allí un cóctel mientras cae el sol sobre la isla es uno de esos planes que merece guardar para el final del día.
Reserva en su restaurante y prueba… Carmen by Blanco, donde la cocina mediterránea incorpora guiños orientales. La parada obligada es el ceviche de lubina con ají amarillo, cebolla morada, rabanito, maíz liofilizado y boniato, uno de esos platos que encajan especialmente bien con una comida de verano junto a la piscina.
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ZEL Costa Brava: mar, montaña y el sello de Rafa Nadal
En Cala Giverola, a pocos minutos de Tossa de Mar, ZEL Costa Brava propone una manera diferente de entender el resort. El hotel, inaugurado en 2025, nació de la alianza entre Rafa Nadal y Meliá Hotels International y está concebido como una prolongación del Mediterráneo que lo rodea.
Aquí el mar y la montaña conviven prácticamente puerta con puerta. Los espacios abiertos, los patios, la vegetación mediterránea y los materiales naturales hacen que buena parte de la experiencia transcurra al aire libre.
Por qué ir a este hotel: porque es imposible aburrirse sin necesidad de abandonar el recinto. Hay tenis, golf, yoga, senderismo, paddle surf, voleibol de playa y entrenamientos al aire libre, además de una zona wellness con piscina interior, sauna, baño turco y tratamientos.
Y si el cuerpo pide todavía menos actividad, basta con instalarse en el patio central, que cambia de ambiente a medida que avanza el día, o bajar hasta Cala Giverola.
No te pierdas… El camino de ronda que parte de la zona de Cala Giverola. Es una de esas pequeñas concesiones que merece la pena hacer al plan de no salir del hotel: unos pasos y el paisaje de la Costa Brava aparece en todo su esplendor, entre acantilados, pinos y pequeñas calas.
Reserva en su restaurante y prueba… Parda, el restaurante del hotel, donde la cocina mira al territorio con arroces, pescados de la costa, verduras de temporada y carnes de productores locales. Lo mejor es sentarse en una de las mesas con vistas a Cala Giverola y dejar que la comida se alargue.Villa Le Blanc: Menorca sin necesidad de buscar nada más

Villa Le Blanc: Menorca sin necesidad de buscar nada más
Villa Le Blanc, a Gran Meliá, en Menorca ofrece un ambiente pausado y una propuesta pensada para disfrutar del hotel que hacen que la idea de pasar varios días sin alejarse demasiado de la propiedad resulte especialmente apetecible. Aquí el verano se construye a base de baños en el mar, largas sobremesas, momentos de descanso y esa clase de servicio atento que hace que no tengas que preocuparte demasiado por organizar el día. El propio hotel cuenta con una propuesta gastronómica, zona wellness con spa y un equipo dedicado a mantener ese estándar de atención durante toda la estancia.
Por qué ir a este hotel: porque es una de esas direcciones que permiten convertir la estancia en el viaje. Menorca pone el paisaje y Villa Le Blanc se encarga de que no haya demasiados motivos para abandonarlo.
No te pierdas… La experiencia de vivir el hotel sin prisas. Dedicar una mañana entera al desayuno, bajar después a la zona de baño y reservar la tarde para una sobremesa larga es precisamente el tipo de lujo que mejor funciona en Menorca.
Y, por supuesto, merece la pena reservar un rato para acercarse a alguna de las calas de la zona. Porque si hay algo que tiene sentido hacer fuera del hotel es darse un baño en las aguas turquesas de la isla y volver después a la tranquilidad de Villa Le Blanc.
Reserva en su restaurante y prueba… La terraza de Balear mantiene una cocina ligada al producto y al carácter mediterráneo de Menorca, no te pierdas sus arroces. En Nivi, la parrilla es lo más, siempre con ingredientes menorquines, pero con un toque internacional.
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Villa Marquis Meliá Collection: París también puede vivirse sin salir del hotel
A veces el destino no es una isla ni una cala escondida. También puede ser París. Y, en ese caso, elegir bien el hotel cambia por completo la escapada. Villa Marquis Meliá Collection está en pleno Triangle d’Or, a pocos pasos de la avenida Montaigne y de las grandes firmas de lujo, en una ubicación que permite vivir la ciudad sin necesidad de convertir el viaje en una carrera contra el tiempo.
El edificio conserva el carácter de una casa parisina clásica, pero sus interiores tienen una lectura contemporánea y sofisticada. Es uno de esos hoteles en los que la propia estancia forma parte del viaje.
Por qué ir a este hotel: Por su ubicación y por esa sensación tan parisina de tenerlo todo cerca. El Museo Dior, las boutiques de la avenida Montaigne, el Sena, el Puente de Alma y los Campos Elíseos están a poca distancia.
Pero también porque permite hacer algo que no siempre asociamos con París: quedarse. Volver de un paseo, sentarse tranquilamente, disfrutar de una habitación elegante y dejar que la ciudad siga sucediendo fuera.
No te pierdas… El paseo por la avenida Montaigne y la visita al Museo Dior, prácticamente al lado del hotel. Después, cruzar hacia el Sena y terminar el día con una copa mientras se encienden las luces de la Torre Eiffel.
Reserva en su restaurante y prueba… Dos Almas, el restaurante del hotel, donde la cocina francesa se encuentra con sabores españoles. Una propuesta pensada para una cena tranquila después de recorrer París, sin necesidad de volver a salir en busca de una mesa. Y, por supuesto, hay un pequeño lujo que empieza mucho antes de la cena: sus desayunos, con ese aire francés que convierte el primer café del día en parte de la experiencia.
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