Bang & Olufsen cumple 100 años con unos altavoces que valen más que muchos coches de lujo
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Pocas marcas pueden presumir de haber transformado una categoría de producto hasta convertirla en un objeto de deseo. Y menos aún de hacerlo durante un siglo. La firma danesa Bang & Olufsen celebra sus 100 años de historia reivindicando aquello que la ha diferenciado desde 1925: la unión entre tecnología, diseño y artesanía. Para conmemorar este aniversario, la compañía ha presentado algunas de las creaciones más exclusivas de su trayectoria, entre ellas altavoces cuyo precio supera los 500.000 dólares por pareja. Más que dispositivos para escuchar música, estas piezas aspiran a ocupar el mismo espacio simbólico que una escultura, un mueble de colección o una obra de arte contemporáneo, confirmando que el lujo en el audio vive un momento de sofisticación sin precedentes.
Un siglo redefiniendo la experiencia sonora
La historia de Bang & Olufsen comenzó en 1925 en la localidad danesa de Struer, cuando los ingenieros Peter Bang y Svend Olufsen decidieron crear productos electrónicos que combinaran innovación técnica y estética. Desde entonces, la compañía ha construido una identidad propia en un sector donde la mayoría de fabricantes se centran exclusivamente en las prestaciones técnicas.
Mientras otras marcas hablan de potencia, frecuencias o conectividad, Bang & Olufsen ha cultivado una filosofía distinta: el sonido debe escucharse, pero también contemplarse. Sus productos están diseñados para integrarse en la arquitectura de una vivienda, dialogar con el mobiliario y convertirse en elementos decorativos por derecho propio.

Cuando un altavoz cuesta más que un coche de alta gama
La celebración del centenario ha llevado esta filosofía a un nuevo nivel. Entre las creaciones más llamativas destacan las ediciones especiales de los legendarios Beolab 90, considerados algunos de los altavoces más avanzados del mercado.
Las nuevas versiones, desarrolladas dentro del exclusivo programa Atelier de la marca, elevan el concepto de personalización hasta límites extremos. Algunas de estas ediciones limitadas alcanzan precios cercanos o superiores al medio millón de dólares por pareja, situándose en una categoría reservada para coleccionistas, amantes del diseño y grandes patrimonios.

Lejos de tratarse únicamente de una cuestión de exclusividad, estas piezas destacan por un proceso de fabricación extraordinariamente complejo. Incorporan acabados en aluminio mecanizado, detalles realizados artesanalmente y soluciones acústicas desarrolladas durante años de investigación.
Tecnología extrema detrás de cada detalle
Aunque el aspecto visual suele acaparar titulares, la ingeniería continúa siendo el núcleo de estas creaciones.

Los Beolab 90 integran una arquitectura acústica excepcional compuesta por 18 altavoces independientes y una potencia que supera los 8.000 vatios. Además, utilizan tecnologías avanzadas capaces de adaptar la dispersión del sonido a las características de cada estancia, optimizando la experiencia de escucha según la posición del oyente.
Este enfoque permite crear diferentes perfiles sonoros dentro de una misma habitación, algo especialmente valorado por audiófilos que buscan una reproducción musical extremadamente precisa.
El resultado es una experiencia inmersiva que trasciende la simple reproducción de audio y se acerca a la sensación de asistir a una actuación en directo.

Una colección que mira al pasado para construir el futuro
Las celebraciones de los cien años no se limitan a los altavoces más exclusivos. La compañía también ha lanzado la denominada Centennial Collection, una serie especial que recupera algunos de sus productos más emblemáticos con una reinterpretación contemporánea.
Entre ellos se encuentran los auriculares Beoplay H100, el altavoz portátil Beosound A5 y el icónico Beosound A9, convertido desde hace años en una de las piezas más reconocibles del diseño escandinavo aplicado al sonido.
En todos los casos, la marca ha recurrido a elementos históricos de su archivo para construir versiones conmemorativas que combinan nostalgia y modernidad. El objetivo no es recrear el pasado, sino demostrar cómo un lenguaje de diseño puede mantenerse vigente después de un siglo.
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