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Los 10 pueblos de costa que deberías visitar al menos una vez: destinos con encanto para tu próxima escapada

  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

Pequeños, costeros, únicos. Los pueblos que definen el litoral de España a menudo aguardan algunos de los rincones de mayor encanto de cada comunidad autónoma. Es por eso que se han convertido en los destinos estrella para este verano, concentrando en un reducido espacio gastronomía, historia, lugares de ensueño y postales que no abandonan el recuerdo de estas vacaciones. Hay muchos kilómetros de costa y muchos rincones en donde elegir, por eso hemos querido proponerte 10 de los pueblos costeros que más nos han gustado en nuestros últimos viajes para que tú también puedas conocerlos.

Sangenjo (Galicia)

Sanxenxo, situado en Pontevedra, es uno de esos ejemplos de boom costero. Con su discreta vida portuaria y pesquera, permanecía casi oculto del mundo hasta convertirse en el destino costero más popular y animado de la zona, famoso por sus excelentes playas con bandera azul, su ambiente lujoso en verano y su gran oferta de ocio. Hoy, es un destino que no puede faltar en una visita por Galicia.

Comillas (Cantabria)

Ubicado en la costa de Cantabria, el pueblo de Comillas recoge una antigua villa marinera que aún conserva su grandioso pasado histórico. Lo hace a través de la arquitectura pétrea que envuelve sus calles, donde bien puedes encontrarte con El Capricho de Gaudí como con la espectacular universidad, un edificio monumental de estilo gótico-mudéjar que domina el pueblo desde lo alto. Por supuesto, también dispone de una playa donde refrescar los días después de largos paseos recorriendo su entramado.

Comillas. (Foto: Pexels)

Sóller (Mallorca)

Cuando cruzas la Tramontana (al noroeste de la isla de Mallorca), aparece entre su perfil uno de esos pueblos que se mantienen en tu memoria. Sóller combina los dos puntos que hacen tan especial a la isla: la montaña y la costa. Esta última expresa su magnitud en el puerto de Sóller, situado en la bahía que lleva su mismo nombre. En ella, el Mediterráneo cierra un espacio para deleitar a la isla, en una postal única, donde el paseo recorre toda la playa y deja en uno de los extremos un pequeño puerto a rebosar de pequeñas embarcaciones.

Sóller. (Foto: Pexels)

Cadaqués (Cataluña)

Vayas donde vayas, en Cadaqués todos los rincones rezuman el alma de Dalí. El artista tuvo un fuerte vínculo con esta pequeña localidad de Girona, de trazo blanco y costa azul mediterránea, una paleta que sigue inspirando a todos quienes la visitan. Como no podía ser menos, su museo descansa en el entramado urbano de este lugar, conviviendo con construcciones como la Iglesia de Santa María o la obra de arquitectura modernista, la Casa Serinyana.

Cadaqués. (Foto: Pexels)

Tossa de Mar (Cataluña)

Cuando te desplazas a Girona y recorres su litoral, es probable que termines descubriendo algunos de los rincones más bonitos e insospechados del litoral catalán. Uno de ellos es Tossa de Mar, conocido por sus playas, que aún están vigiladas por su Vila Vella, el único recinto medieval amurallado junto al mar que se conserva en la costa catalana.

Tossa de Mar. (Foto: Pexels)

Mogán (Gran Canaria)

En muchos rincones, el pueblo canario de Mogán es conocido como la Venecia canaria. La estampa, desde luego, es inconfundible: con un paseo portuario que salta el límite costero con casas que sobrepasan el mar y calles cruzadas por puentes. El entorno se completa con su playa urbana de arena dorada y fina, protegida del oleaje gracias a un dique y al propio puerto deportivo.

Mogán. (Foto: Pexels)

Bermeo (País Vasco)

Bermeo es uno de esos pueblos pesqueros donde las casas teñían de colores sus fachadas para contrastar con el mar. La belleza rodea a este rincón vasco allá donde mires: bien sea el bravo mar cantábrico o el entorno privilegiado de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Una de las joyas de este rincón es que cerca del núcleo urbano se encuentra el conocido monumento natural de San Juan de Gaztelugatxe.

Bermeo. (Foto: Pexels)

Garachico (Tenerife)

Hubo un tiempo en que la pequeña villa de Garachico fue uno de los puertos más importantes de España. Sus conexiones con América durante los siglos XVI y XVII constituyeron la Edad de Oro de este lugar, hasta que gran parte de sus calles quedaron sepultadas por la lava. Hoy, estas coladas dejaron unas encantadoras piscinas naturales y configuraron uno de los lugares con mayor encanto para descubrir las islas Canarias.

Garachico . (Foto: Pexels)

Agua Amarga (Andalucía)

Que no te engañe el nombre; este pequeño pueblo del municipio de Níjar, en la provincia de Almería, goza del encanto del entorno del Parque Natural Cabo de Gata. La estampa que deja es la de uno de esos pueblos blancos que desembocan en una costa salvaje. De frente tienen la playa de Agua Amarga, pero el litoral continúa entre calas y playas aptas para aventureros, como la Playa de los Muertos.

Agua amarga. (Foto: iStock)

Salobreña (Andalucía)

Salobreña es uno de esos destinos costeros de Granada donde siempre tienes planes, independientemente de la época del año que sea. Durante los meses más fríos, su casco histórico de estilo morisco recrea un museo al aire libre. Pero cuando llega el verano, el encanto discurre entre sus empinadas calles y la costa que le bordea.

Salobreña. (Foto: Pexels)