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Las últimas palabras atribuidas al torero Manuel Rodríguez ‘Manolete’: «¡Qué disgusto se va a llevar mi madre!»

Manolete fue uno de los toreros más famosos de su generación

Su madre se llamaba doña Angustias y ocupaba un papel importante en su vida

El torero tomó la alternativa en Sevilla el 2 de julio de 1939

La muerte de Manuel Rodríguez «Manolete» sigue formando parte de la historia de España. El torero cordobés falleció en la madrugada del 29 de agosto de 1947, después de haber sido corneado por el toro «Islero» en la plaza de Linares.

Han pasado décadas desde aquella tragedia, pero la figura de Manolete continúa rodeada de una dimensión casi mítica. Su manera de entender el toreo, su personalidad austera y la forma en la que encontró la muerte contribuyeron a convertirle en uno de los grandes nombres de la historia de la tauromaquia.

La última madrugada de Manolete

Aquel verano de 1947, España vivía todavía bajo las consecuencias de la posguerra. El hambre, la pobreza y la represión formaban parte de la vida cotidiana de buena parte de la población y la figura de Manolete había adquirido una dimensión que trascendía los ruedos.

La corrida de Linares terminó convirtiéndose en el último capítulo de su trayectoria. El toro «Islero», de la ganadería de Miura, le propinó una cornada mortal que acabaría provocando su fallecimiento horas después. La carroza fúnebre se adelantó al coche de cuadrillas, en una imagen que quedó grabada para siempre en la historia del toreo.

La noticia corrió por España con una rapidez extraordinaria. En torno a las cinco de la madrugada, el fallecimiento del torero fue comunicado y la conmoción se extendió por todo el país. Para muchos aficionados, desaparecía una figura imprescindible, pero también también uno de los grandes símbolos populares de aquella España.

Según la tradición transmitida durante décadas, entre sus últimas palabras estuvieron las dirigidas a su madre: «Qué disgusto se va a llevar mi madre». Una frase sencilla que, con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los episodios más recordados de aquella madrugada.

Doña Angustias y Lupe Sino

La tragedia estuvo acompañada por una circunstancia especialmente dolorosa. Doña Angustias, la madre del torero, se encontraba cerca de su hijo, pero no pudo despedirse de él en los últimos momentos como hubiera querido.

También permanecía cerca Lupe Sino, la mujer con la que Manolete mantenía una relación sentimental. Sin embargo, según los relatos que han quedado sobre aquellas horas, no se permitió que estuviera junto al torero en el lecho de muerte. El motivo que se ha señalado tradicionalmente fue el temor a que ambos contrajeran matrimonio in articulo mortis.

La relación entre Manolete y Lupe Sino había despertado un enorme interés. Ella fue una de las personas más importantes de su vida durante sus últimos años y estuvo a su lado en una etapa en la que el torero se había convertido ya en una celebridad internacional.

La muerte truncó aquella historia y añadió un nuevo elemento al relato legendario que se fue construyendo alrededor de Manolete.

Una carrera con mucha personalidad

Manolete había tomado la alternativa en Sevilla el 2 de julio de 1939, antes de confirmar su doctorado en Madrid, en la plaza de Las Ventas, el 12 de octubre de ese mismo año. A partir de entonces, su nombre comenzó a crecer hasta convertirse en una de las grandes referencias del toreo de su tiempo.

Su estilo resultaba fácilmente reconocible. La verticalidad, la quietud y la capacidad para ligar las tandas formaban parte de una manera de torear que dejó una profunda huella. Su personalidad en la plaza era igualmente característica y contribuyó a construir la imagen de un torero diferente.

Uno de los momentos más recordados de su carrera en Madrid llegó en 1944, durante la Corrida de la Prensa, cuando protagonizó una faena al toro «Ratón». Aquella actuación pasó a formar parte de la memoria taurina y reforzó la consideración que ya existía en torno a su figura.

Manolete también compartió numerosas tardes con Pepe Luis Vázquez, uno de sus grandes rivales y con quien más veces coincidió en los carteles. La competencia entre ambos contribuyó a enriquecer una época especialmente importante para la tauromaquia española.

El torero convertido en leyenda

La literatura taurina encontró en Manolete una figura especialmente poderosa. Su aspecto, su forma de vestir, su expresión y aquella manera de mantenerse erguido frente al toro alimentaron una imagen que terminó trascendiendo la propia plaza.

El escritor Agustín de Foxá fue uno de los autores que contribuyó a construir esa visión literaria del torero y del animal. Otros cronistas describieron la relación entre Manolete y el toro utilizando referencias al destino, a la tragedia y a la épica.

Por otro lado, el periodista Giraldillo llegó a escribir sobre la impresión que le produjo verlo en Madrid. En sus crónicas destacó especialmente la manera en que el maestro parecía afrontar el riesgo con una mezcla de serenidad y determinación.

Estas percepciones se mantuvieron después de su muerte. Manolete dejó de ser únicamente un torero para convertirse en una leyenda.