Nadie lo sabe, pero Zidane tiene un refugio en un pueblo de 60 habitantes: así es ‘El Chorrico’, su casa de 3 plantas
Zinedine Zidane ha encontrado su lugar de paz en un pueblo con 60 habitantes
El Chive se ha convertido en un paraíso para el ex futbolista
Zidane tiene una conexión especial con Andalucía
Lejos de los estadios repletos, de los focos que acompañaron cada paso de su carrera y del vértigo de las grandes capitales europeas, Zinedine Zidane ha encontrado un lugar donde la notoriedad pierde sentido. No está en Madrid ni en Nueva York, sino en un lugar que casi nadie conoce
Ese enclave es El Chive, un núcleo rural perteneciente al municipio de Lubrín, donde el ex entrenador del Real Madrid mantiene desde hace años una residencia familiar que ha permanecido, hasta ahora, prácticamente fuera del radar mediático.
Así es El Chorrico
La vivienda, conocida entre los habitantes de la zona como ‘El Chorrico’, se alza sobre el caserío con una presencia que combina la arquitectura tradicional con ciertos elementos contemporáneos. Como no podía ser de otra forma, nosotros tenemos todos los detalles.
Se trata de una construcción de tres plantas, con amplias terrazas orientadas al paisaje, desde donde se divisa la ladera de la Sierra de los Filabres. Aunque respeta la estética sobria de la zona, hay un rasgo que la distingue: es la única casa de la zona que cuenta con piscina.
Sin embargo, más allá de sus características materiales, lo que define este lugar es su significado personal. La elección de El Chive no responde a un capricho ni a una búsqueda de exclusividad, sino a una historia familiar que se remonta varias décadas atrás. Es la tierra de origen de los padres de Véronique Fernández, mujer de Zidane, cuyos vínculos con este rincón de Andalucía han permanecido intactos a pesar del paso del tiempo y la distancia.
Una conexión especial
Nacida en Rodez, Véronique creció en Francia, pero en su entorno familiar siempre estuvo presente la memoria de ese pequeño pueblo almeriense. Sus padres, Antonio y Ana, emigraron en los años sesenta, como tantas otras familias españolas, en busca de mejores oportunidades laborales. Se instalaron en Francia, donde trabajaron en el campo y en fábricas, pero nunca rompieron el vínculo emocional con su lugar de origen.
Esa conexión fue determinante cuando la pareja formó su propia familia. Zidane y Véronique consideraron importante que sus hijos, Enzo, Luca, Theo y Elyaz, conocieran de primera mano las raíces maternas, alejadas del universo privilegiado en el que crecieron. El Chive se convirtió así en un espacio de transmisión generacional, donde la historia familiar adquiere una dimensión tangible.
Un entorno privilegiado
El entorno en el que se sitúa la vivienda también aporta una capa de significado. A finales del siglo XIX y durante buena parte del XX, esta zona fue un enclave de actividad minera vinculado al hierro extraído en el cercano Coto Peón. Cientos de trabajadores llegaron a poblar estas laderas, generando una economía local que con el tiempo se desvaneció. Hoy, ese pasado industrial apenas se intuye entre restos y recuerdos, mientras el paisaje ha recuperado una calma casi intacta.
En ese contexto, la presencia de una figura de la relevancia de Zidane podría haber alterado el equilibrio del lugar. Sin embargo, según relatan vecinos de la pedanía, la integración ha sido total. No hay despliegues de seguridad ni signos visibles de excepcionalidad. El ex futbolista transita por el pueblo con normalidad, sin estar pendiente de las cámaras o de los fans.
Quienes coinciden con él en los meses de verano, cuando la familia suele pasar más tiempo en la zona, describen una actitud cercana y discreta. Lejos de la imagen pública asociada al éxito y la élite deportiva, en El Chive Zidane es, ante todo, un miembro más de los Fernández. Un vecino ocasional que comparte conversaciones, saludos y rutinas sin generar una distancia perceptible.
La casa de Zidane
La casa, con su piscina y sus terrazas abiertas al paisaje, se convierte en un punto de encuentro familiar más que en un símbolo de estatus. Allí, lejos del calendario deportivo y de las obligaciones mediáticas, el tiempo parece adquirir otra densidad. Las jornadas se estructuran en torno a la convivencia, el descanso y la conexión con un entorno que conserva una autenticidad cada vez más escasa.
En última instancia, este rincón almeriense revela una faceta menos conocida del exfutbolista: la de alguien que, pese a haber alcanzado la cima del deporte mundial, mantiene una relación sólida con la historia personal y familiar. El Chive no es solo un destino estival ni una curiosidad geográfica, sino un espacio donde se entrelazan memoria, identidad y pertenencia.
En un pueblo que apenas supera los 60 habitantes, la celebridad se diluye y deja paso a lo esencial. Y quizá sea precisamente ahí, en ese anonimato compartido, donde reside el verdadero valor de ‘El Chorrico’.
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