Lidia Sánchez, profesora de Lamine Yamal, recuerda su infancia: «Siempre participaba cuando hablábamos de fútbol»
Lamine Yamal es uno de los futbolistas más famosos de su generación
El jugador no se ha olvidado de sus orígenes y sigue vinculado a su pasado
Una de sus profesoras ha asegurado que demostró su pasión por el deporte desde niño
Mucho antes de convertirse en una estrella, Lamine Yamal era simplemente un niño que acudía al colegio con un balón prácticamente pegado al pie. Su talento comenzó a llamar la atención desde muy pequeño, cuando todavía compaginaba las clases con los entrenamientos y los partidos y nadie podía imaginar hasta dónde llegaría su carrera.
Entre las personas que pudieron comprobar de cerca aquellas primeras señales se encuentra Lidia Sánchez, profesora de Ciencias Sociales del Colegio Lleó XIII de Barcelona, el centro en el que el futbolista recibió parte de su formación académica durante su etapa de formación en La Masía.
La pasión de Lamine Yamal
Lidia Sánchez recuerda con especial simpatía una de las escenas que más se repetían durante la etapa escolar de Lamine. El balón aparecía una y otra vez en el colegio, incluso cuando no era el momento de jugar.
«¿Sabe las veces que le tuve que requisar el balón a Lamine en el colegio? Siempre, siempre estaba con la bola», ha explicado la profesora en ABC. La situación llegó a convertirse prácticamente en una rutina: Sánchez le retiraba el balón y se lo llevaba a la sala de profesores, pero poco después Lamine aparecía para recuperarlo.

Aquellas anécdotas, que entonces podían parecer propias de cualquier niño apasionado por el deporte, adquieren hoy una dimensión diferente. «Yo sabía que era muy bueno jugando al fútbol, pero no me imaginaba que iba a vivir todo esto», reconoce.
El tiempo terminó confirmando aquellas primeras impresiones. Lamine pasó de jugar en los patios del colegio a debutar con el primer equipo del FC Barcelona siendo todavía adolescente y a convertirse posteriormente en una pieza fundamental de la selección española.
Tenía mucho talento
La profesora también recuerda el primer momento en el que vio jugar a Lamine Yamal en el patio del colegio. No necesitó demasiado tiempo para darse cuenta de que había algo diferente en aquel niño.
«Cuando cogía el balón sí era distinto. Lo noté desde el principio. Te ponías a verlo y te quedabas sorprendida», ha relatado. Para Lidia no se trataba únicamente de que tuviera habilidad o disfrutara jugando. Había una forma de relacionarse con el balón que destacaba por encima de la habitual.
La docente compara aquella sensación con la que puede producir observar a una persona especialmente dotada para cualquier disciplina artística. «Era como esos grandes músicos, los grandes escritores, esos que están tocados… Lo de él es algo extraordinario, con el fútbol», afirma.
Los lunes de fútbol
Lidia Sánchez es una apasionada del fútbol y seguidora del Betis, una circunstancia que contribuyó a estrechar su relación con sus alumnos. Los lunes eran una oportunidad para hablar de los partidos disputados durante el fin de semana y, en aquellas conversaciones, Lamine participaba con frecuencia.
«Siempre, todos los lunes, aprovechaba para preguntarles, tanto a Lamine como a sus compañeros, cómo les había ido el fin de semana», explica la profesora. En ocasiones, incluso llevaba aquellas conversaciones un paso más allá y utilizaba el fútbol como herramienta para trabajar en el aula.
«Hay veces que les repartía hojas y les comentaba que me dibujaran las estrategias. A Lamine le encantaba participar», recuerda.
Aquellas actividades permitían a la profesora conocer una faceta diferente del joven futbolista. No sólo destacaba cuando tenía un balón en los pies, también también mostraba interés por analizar el juego, comprender los movimientos y compartir sus conocimientos con el resto de sus compañeros.
Un niño «muy bueno»
Una de las cosas que más sorprende a Lidia Sánchez al echar la vista atrás es comprobar la distancia entre aquel alumno que tenía delante y la dimensión que ha adquirido su figura en la actualidad.
«Siempre fue un niño muy bueno, un niño normal», asegura. Cuando piensa en él, la imagen que aparece en su memoria no es la de la estrella internacional que llena estadios, sino la de aquel niño jugando en el patio del colegio.
Su carácter cercano también dejó huella entre quienes convivieron con él. La relación con sus compañeros y profesores era buena y, según recuerda la docente, el fútbol servía como punto de encuentro.
Un alumno que ha hecho historia
El éxito de Lamine Yamal también se ha vivido de manera especial en el colegio en el que pasó parte de su infancia. La profesora recuerda cómo reaccionaron los docentes y alumnos al comprobar que aquel niño que conocían estaba alcanzando una fama internacional.
«En el grupo de WhatsApp del colegio nos hemos vuelto todos locos. Es que no nos lo creemos. Ahora todo el mundo habla del niño que tenemos en el colegio. Estamos muy orgullosos de él», cuenta.
En estos momentos, cuando el nombre de Lamine Yamal ocupa titulares en todo el mundo, Lidia Sánchez conserva una imagen mucho más sencilla del futbolista: la de un alumno al que tenía que pedir que dejara el balón durante las clases y que aprovechaba cualquier conversación sobre fútbol para intervenir. Una infancia que, con el paso de los años, ha terminado revelándose como el primer capítulo de una carrera extraordinaria.