Mario Vaquerizo: «Cuando estás con alguien en la cama es para hablar, debatir o follar»
Mario Vaquerizo se convirtió en el protagonista inesperado de un encuentro sobre la siesta
El evento se organizó en easyHotel, en Madrid junto al doctor Eduard Estivill
Durante la jornada, el artista defendió las siestas cortas de entre diez y quince minuto

Nos metimos en la cama con Mario Vaquerizo. Literalmente. En una habitación del easyHotel Madrid Alcalá, donde el cantante participaba en un encuentro sobre los beneficios de la siesta, COOL pudo charlar en exclusiva con él sobre sueño, productividad, colchones, sábanas recién cambiadas y ese placer tan infravalorado que consiste en cerrar los ojos durante quince minutos después de comer. El resultado fue una conversación tan divertida como reveladora sobre la importancia de descansar bien en una sociedad obsesionada con no parar nunca.
La iniciativa, impulsada por easyHotel, busca reivindicar una costumbre tan española como mal entendida. Según un estudio de la cadena hotelera, el 86% de los españoles alarga la siesta más de lo recomendado por los expertos y más de la mitad la practica de forma improvisada, sin horarios ni rutina. Con el objetivo de desmontar mitos y poner en valor este hábito como herramienta de bienestar, la compañía reunió al doctor Eduard Estivill, referente en medicina del sueño en España, y a Vaquerizo, que acabó demostrando que, detrás de su energía inagotable, hay alguien que se toma muy en serio algo tan básico como descansar.

«Tengo mucha suerte porque duermo muy bien y muy fácil. El sueño se apodera de mí de forma muy rápida», nos cuenta nada más comenzar la entrevista. Mientras muchas personas necesitan largos rituales para desconectar o conviven cada noche con el insomnio, Mario reconoce que siempre ha mantenido una relación privilegiada con el descanso. Tanto por la noche como durante el día, asegura que le resulta sencillo quedarse dormido y disfrutar de un sueño reparador. De hecho, explica que suele dormir una media de ocho horas y media cada noche, una cifra que muchos expertos considerarían ejemplar en una época en la que el descanso parece haberse convertido en una de las primeras víctimas de las agendas imposibles.
Sin embargo, aunque hoy se ha convertido en un firme defensor de la siesta, reconoce que no siempre fue así. Durante años no formó parte de sus rutinas, hasta que descubrió sus beneficios y decidió incorporarla a su día a día. «Hace cuatro o cinco años no dormía nunca la siesta, pero una vez que lo pruebas es una maravilla», explica. Desde entonces se ha convertido en uno de esos pequeños placeres cotidianos que intenta respetar siempre que sus compromisos profesionales se lo permiten. Y lo más curioso es que, sin proponérselo, lleva años aplicando exactamente las mismas recomendaciones que Estivill compartió durante el encuentro.

Según el especialista, la siesta ideal debería durar entre diez y veinte minutos y realizarse preferiblemente entre la una y las tres de la tarde. Más allá de ese tiempo, existe el riesgo de entrar en fases más profundas del sueño y despertarse con esa desagradable sensación de desorientación que todos hemos experimentado alguna vez. Mario parece haber encontrado de forma intuitiva la fórmula perfecta. «Normalmente duermo entre diez y quince minutos y además me sale de forma natural, sin alarma», asegura. Una duración que considera suficiente para recargar energía y afrontar la segunda mitad del día con mejores condiciones. «Las veces que me he pasado de tiempo me he levantado fatal», añade entre risas.
Durante la charla surge inevitablemente una reflexión sobre la mala fama que durante décadas ha acompañado a la siesta. Existe una idea profundamente arraigada que la relaciona con la pereza, la falta de productividad o incluso con una cierta actitud acomodada ante la vida. Sin embargo, tanto Estivill como Vaquerizo se muestran completamente en desacuerdo con esa visión. «Siempre se ha asociado la siesta al holgazán o al vago, pero cumple una función muy importante», afirma el cantante. Para él, descansar unos minutos después de comer no es una pérdida de tiempo, sino una inversión que permite rendir mejor durante el resto de la jornada.

De hecho, reconoce que el descanso ocupa un lugar prioritario en su organización diaria. «Si tengo que retrasar una reunión de las cuatro y media a las cinco para echarme la siesta y puedo hacerlo, lo hago», nos dice sin ningún complejo. Su argumento es tan simple como contundente: sabe que después de descansar estará más concentrado, más despierto y mucho más preparado para afrontar cualquier compromiso profesional. Una idea que conecta directamente con las conclusiones científicas presentadas durante el encuentro, donde se insistió en la importancia del sueño para mejorar el rendimiento cognitivo, reducir el estrés y aumentar los niveles de atención.
La conversación deriva entonces hacia una cuestión cada vez más presente en nuestra sociedad: la relación entre descanso y productividad. En una época marcada por la hiperconectividad, las notificaciones constantes y la sensación de que siempre deberíamos estar haciendo algo, reivindicar la importancia de dormir parece casi un acto de rebeldía. Mario está convencido de que descansar bien mejora cualquier actividad profesional, independientemente de cuál sea. «Da igual que escribas, que trabajes en televisión, que pongas ladrillos o que estés detrás de una ventanilla. Si no has dormido bien, todo cuesta más», explica. Para él, el sueño no es un lujo ni un capricho. Es una necesidad básica. «El sueño es salud y longevidad», resume.
Dormir en un cubo de basura, odiar compartir la siesta y envidiar sueños eróticos
Pero si hubo un tema que despertó una pasión casi inesperada durante la entrevista fue el de las camas. Aunque asegura que puede quedarse dormido prácticamente en cualquier lugar —en una furgoneta, en el asiento de un coche o en un sofá—, también considera que existe una enorme diferencia entre dormir y descansar bien. Por eso defiende la importancia de invertir en un buen colchón y de cuidar el entorno donde pasamos tantas horas de nuestra vida. «Todos dormimos todos los días. Entonces es muy importante dónde duermes», afirma. Una reflexión aparentemente sencilla que, sin embargo, resume a la perfección la importancia de prestar más atención a nuestros hábitos de descanso.
A partir de ahí aparece uno de los momentos más divertidos de toda la conversación. Porque si hay algo que entusiasma a Mario Vaquerizo casi tanto como una buena siesta, son las sábanas limpias. Lo cuenta con una mezcla de humor y entusiasmo contagioso. «Yo las cambio todas las semanas», explica orgulloso antes de describir el placer que siente cuando llega el momento de estrenar ropa de cama recién lavada. Habla del olor del suavizante, de la sensación de frescor y de la satisfacción que produce meterse en una cama perfectamente preparada al final del día. Mientras lo escuchas, resulta imposible no identificarte con esa felicidad doméstica tan simple como universal.
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Sin embargo, la parte más delirante de la entrevista llegó cuando le pedimos que recordara el lugar más extraño donde se había quedado dormido. Mario sonríe antes de responder y deja claro que la historia merece la pena. «No era exactamente una siesta», aclara. «Estaba un poco perjudicado y me quedé dormido dentro de un cubo de basura en un festival de música indie». La confesión provoca inmediatamente las carcajadas de todos los presentes. Porque si algo tiene Mario Vaquerizo es la capacidad de contar las situaciones más surrealistas de su vida como si fueran absolutamente normales.
Los sueños también ocuparon una parte importante de la conversación. Aunque reconoce que no suele recordar grandes historias ocurridas durante sus siestas, sí admite tener algunas pesadillas recurrentes. Una de ellas consiste en haber hecho algo terrible y vivir con la angustia constante de que tarde o temprano terminarán descubriéndolo. Otra, mucho más común, le devuelve una y otra vez a la universidad para recordarle que todavía tiene pendiente el último examen necesario para terminar la carrera. También recuerda un sueño reciente en el que volvía a fumar después de haber dejado el tabaco, una experiencia tan realista que llegó a despertarse enfadado consigo mismo. «Los sueños son muy reales», asegura.

Pero la confesión más inesperada llegó cuando la conversación derivó hacia los sueños eróticos. Mientras muchas personas afirman vivir este tipo de experiencias con frecuencia, Mario reconoce que no forma parte de ese club. Y lo lamenta. Mucho. «Mis amigos tienen muchísimos sueños eróticos y yo no tengo esa suerte», confiesa entre risas. «Me dan envidia porque al final es como si te hubieras acostado con esa persona». La reflexión provoca una nueva carcajada colectiva. Según explica, sospecha que quizá duerme tan profundamente que ni siquiera recuerda lo que sueña. Aunque tampoco descarta una posibilidad mucho más sencilla. «A lo mejor los he tenido y no me acuerdo. Y si no me acuerdo, será que tampoco eran tan buenos».
Antes de despedirnos, le planteamos una última pregunta: si pudiera compartir una siesta con cualquier personaje histórico o famoso, ¿a quién elegiría? Su respuesta vuelve a romper cualquier expectativa. Menciona a Andy Warhol, a quien define como uno de sus grandes referentes intelectuales, pero enseguida encuentra un problema en la propuesta. «¿Para qué voy a dormir la siesta con alguien?», se pregunta. Y entonces llega una de las mejores frases de toda la entrevista. «La siesta es para uno mismo. Cuando estás con otra persona es para hablar, para aprender, para debatir o para follar, pero la siesta es para descansar». Dicho de otra manera: ni siquiera Andy Warhol merece interrumpir ese pequeño momento de desconexión personal. Y quizá esa sea la gran conclusión que deja esta conversación con Mario Vaquerizo. Más allá de estadísticas, estudios científicos o recomendaciones médicas, el artista reivindica algo que hemos ido olvidando poco a poco: la importancia de parar. De apagar el ruido durante unos minutos. De cerrar los ojos.