CONSEJOS

Miguel Colina, estilista experto en color: «Hay mujeres que llegan a la peluquería con una petición bastante difícil de ejecutar»

Es importante tener en cuenta las condiciones de cada melena antes de aplicar un producto u otro

Miguel Colina ha explicado por qué no todas las mujeres pueden llevar exactamente el mismo peinado

Hay muchos tratamientos y algunos se han quedado atrás, por eso hay que pedir ayuda a los expertos

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Imagen de una modelo en la peluquería. (Foto: Okdiario)

Con la llegada del otoño, muchas mujeres aprovechan para revisar el color de su cabello después de los meses de verano. El sol, el cloro, el agua del mar y el paso del tiempo pueden haber modificado el tono, pero la intención no siempre es realizar un cambio radical.

En este contexto, las técnicas de coloración que respetan la raíz y crean una transición progresiva entre los diferentes tonos han ganado protagonismo. Balayage, babylights y contornos de luz continúan siendo algunas de las opciones más demandadas, aunque esta temporada los profesionales ponen el foco en una técnica que combina precisamente algunas de sus principales características: las mechas babyllage.

La propuesta parte de una idea sencilla: aportar luz al cabello de manera gradual, manteniendo la naturalidad en la raíz y aumentando ligeramente la intensidad hacia medios y puntas. El objetivo no es conseguir una melena notablemente más rubia, sino reproducir el efecto que deja el sol después de varios meses de exposición.

Una técnica muy efectiva

Miguel Colina, colorista del salón David Lorente, espacio donde se ha desarrollado esta técnica de coloración, explica que la clave está en trabajar con reflejos muy finos. «El secreto está en mantener reflejos muy finos y naturales desde la raíz e intensificar ligeramente el aclarado hacia medios y puntas, sin llegar a sobrecargarlas», señala.

El resultado pretende alejarse de los contrastes marcados. La raíz conserva buena parte de su tono natural, mientras que el cabello va ganando luminosidad conforme se avanza hacia los largos. De esta manera, el crecimiento resulta mucho menos evidente y el mantenimiento puede espaciarse más que con otras técnicas de coloración.

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Imagen de dos mujeres tiñéndose. (Foto: Okdiario)

Según Miguel Colina, las mechas babyllage pueden mantenerse durante periodos de entre cuatro y seis meses, dependiendo del cabello y de las necesidades de cada persona. Una de sus principales ventajas está precisamente en que el paso del tiempo no genera una línea de raíz especialmente visible.

Una petición muy difícil

Detrás de esta tendencia existe también una demanda muy concreta por parte de las clientas. No todas buscan un cambio evidente. De hecho, muchas quieren modificar ligeramente su color sin que el resultado delate que han pasado por una sesión de mechas.

«Hay quien quiere hacerse mechas y tiene clarísimo lo que busca. Y luego está ese enorme grupo de mujeres que llega a la peluquería con una petición bastante más difícil de ejecutar: quiero verme más clara, pero no demasiado. Que se note, pero que no parezca que llevo mechas; quiero más luz en las puntas, pero sin verme rubia», explica Miguel Colina.

Esa contradicción aparente es precisamente el espacio en el que encuentran su lugar las babyllage. No son tan discretas como unas babylights tradicionales ni tan marcadas en las puntas como un balayage, sino que buscan establecer un punto intermedio.

Un punto intermedio

Las babylights se caracterizan por crear reflejos muy finos y próximos al tono natural del cabello. Su inspiración está en esas pequeñas zonas aclaradas que aparecen de manera natural en el cabello infantil después de la exposición al sol.

«Las mechas babylights reproducen esos reflejos finísimos y naturales que aparecen en el cabello de los niños y permiten iluminarlo sin grandes contrastes», apunta Miguel Colina. El inconveniente aparece cuando se busca una mayor luminosidad en los largos: en determinados casos, el resultado puede quedarse corto.

Por el contrario, el balayage permite aumentar de manera más evidente la intensidad hacia las puntas. Es precisamente esa diferencia la que las babyllage intentan suavizar. Parten de la precisión de las babylights y adoptan el degradado progresivo del balayage, pero sin llevar el aclarado hasta un extremo demasiado evidente.

El objetivo no es tener más luz

Es importante tener en cuenta una cosa. Las babyllage no buscan transformar una melena morena o castaña en una rubia, el objetivo es introducir pequeños puntos de luz que acompañen al tono original.

«En las mechas babyllage, no se trata de dejar el cabello más rubio, sino de conseguir que la luz forme parte de él», explica Miguel Colina. El resultado que persigue el especialista es una melena que conserve su personalidad y su color de base, pero con una versión más luminosa en medios y puntas.

Esa búsqueda de naturalidad explica buena parte del interés por esta técnica de cara al otoño. Después del verano, cuando el cabello necesita recuperar uniformidad y brillo, una coloración que no obligue a mantener constantemente la raíz puede resultar especialmente práctica.

El resultado final depende de factores como el tono de partida, la calidad del cabello, su historial de coloración y el efecto que se quiera conseguir. Por eso, aunque la tendencia pueda servir como referencia, la distribución y la intensidad de las mechas deben adaptarse a cada melena.

Las babyllage llegan así como una alternativa para quienes quieren renovar su color sin que el cambio sea demasiado evidente. Más luz, un degradado progresivo y una raíz natural son las tres claves de una técnica que pretende que el cabello parezca simplemente más luminoso, no necesariamente más teñido.