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Del retinol de Blanca Suárez al ácido hialurónico de Nuria Roca: qué activo necesita tu piel según tu edad, según una doctora

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

Las rutinas de belleza de las famosas y las influencers están repletas de sérums, cremas y activos que prometen mejorar la textura de la piel, combatir las arrugas o devolver la luminosidad al rostro. El retinol, la vitamina C, los péptidos y el ácido hialurónico se han convertido en habituales de los neceseres, pero ¿sabemos realmente qué hacen cuando entran en contacto con la piel y cuáles conviene utilizar a los 20, los 30 o los 50 años? La respuesta no depende únicamente de la edad ni de seguir las últimas tendencias. María Pilar de Castro, directora técnica y Chief Strategy Officer de Proteos Biotech, explica cómo actúan los ingredientes cosméticos, qué factores condicionan su eficacia y qué activos priorizaría en cada década, tomando como referencia a rostros conocidos como Ester Expósito, Blanca Suárez, Mario Casas, Nuria Roca y Belén Rueda.

El retinol y la vitamina C: qué ocurre cuando llegan a la piel

«Un buen activo no es necesariamente el que está de moda, sino el que tiene sentido biológico para aquello que queremos mejorar y está formulado adecuadamente para hacerlo».

Que un cosmético contenga un ingrediente de moda no significa necesariamente que vaya a funcionar como esperamos. Antes de que un activo pueda ejercer su función, tiene que enfrentarse a la barrera natural de la piel, una estructura que precisamente está diseñada para protegernos. «Podemos tener el mejor activo en un frasco, pero si no consigue superar esa barrera, su eficacia se queda a medio camino», advierte De Castro.

La experta explica que el resultado depende del tamaño molecular del ingrediente, sus características químicas y, especialmente, de cómo esté formulado. Además, insiste en que hablar de penetración en profundidad puede llevar a confusión: «Lo importante no es llegar lejos, sino llegar al sitio correcto. Y hacerlo en una concentración suficiente para poder actuar».

(Foto: Canva)

Entre los ingredientes más conocidos está el retinol, que en la piel se transforma en ácido retinoico y actúa como una señal capaz de modificar el comportamiento de las células cutáneas. De ahí que sea uno de los activos con más evidencia frente al fotoenvejecimiento. La vitamina C, por su parte, destaca por su actividad antioxidante y su participación en procesos relacionados con la síntesis de colágeno. Sin embargo, tiene un punto débil: «La vitamina C pura es muy inestable: se oxida con la luz y el aire». El pH, el envase y la forma química elegida resultan determinantes para su funcionamiento.

¿Y qué ocurre con los péptidos y el ácido hialurónico? No todos los péptidos ofrecen los mismos efectos, ya que su comportamiento depende de su composición, estabilidad y formulación. En cuanto al ácido hialurónico, el de alto peso molecular permanece en la superficie y retiene agua, mientras que el de menor peso puede alcanzar capas algo más profundas.

Por eso, De Castro cuestiona la obsesión por acumular ingredientes populares: «Un buen activo no es necesariamente el que está de moda, sino el que tiene sentido biológico para aquello que queremos mejorar y está formulado adecuadamente para hacerlo».

(Foto: Canva)

De los 20 a los 30: la vitamina C de Ester Expósito

«Prevenir sin obsesionarse con envejecer».

Si tuviera que elegir un activo protagonista para la década de los 20, la especialista se decantaría por los antioxidantes, especialmente la vitamina C. Tomando como referencia a Ester Expósito, explica que en esta etapa la capacidad regenerativa de la piel sigue siendo buena, por lo que la prioridad debería ser protegerla del estrés oxidativo y del daño ambiental acumulativo, en lugar de intentar corregir signos de envejecimiento que apenas se han manifestado.

Eso no significa que haya que construir una rutina interminable. De hecho, De Castro señala una medida preventiva más importante que cualquier activo cosmético: la fotoprotección. «A los 25 años no necesitamos una rutina antiedad agresiva. Necesitamos mantener una barrera cutánea sana, una hidratación adecuada, protección solar y adaptar el tratamiento si aparecen problemas concretos como acné, exceso de sebo, sensibilidad o manchas», explica.

Su recomendación es clara: «Prevenir sin obsesionarse con envejecer». La idea de que hay que combatir el envejecimiento desde los veinte años no debería marcar el cuidado de la piel. Lo importante es mantenerla sana y adaptar la rutina a sus necesidades reales.

Ester Expósito. (Foto: EuropaPress)

De los 30 a los 40: el retinoide que elegiría para Blanca Suárez

«Los retinoidos son uno de los grupos de activos cosméticos con mayor recorrido científico para mejorar aspectos como textura, tono y signos del fotoenvejecimiento».

A partir de los 30 empiezan a hacerse visibles algunos procesos que llevan tiempo desarrollándose. La renovación epidérmica se ralentiza y pueden aparecer líneas de expresión, pequeñas alteraciones de pigmentación o cambios en la capacidad de la piel para conservar determinadas propiedades.

Para esta etapa, representada por Blanca Suárez, De Castro elegiría un retinoide si tuviera que quedarse con un solo activo para una mujer de 35 años. Eso sí, siempre adaptado a la tolerancia de cada piel, introducido progresivamente, por la noche y acompañado de protector solar.

«Es uno de los grupos de activos cosméticos con mayor recorrido científico para mejorar aspectos como textura, tono y signos del fotoenvejecimiento», apunta. No obstante, la edad no debería convertirse en el único criterio para elegir un tratamiento. «Primero miro la piel y después el DNI», resume.

La genética, la exposición solar, los hábitos y las características individuales influyen en cómo envejece cada persona. Por eso, cumplir 30 o 35 años no implica que la piel necesite automáticamente una rutina más intensa.

Blanca Suárez. (Foto: EuropaPress)

De los 40 a los 50: el activo que comparten hombres y mujeres

«La mejor crema para un hombre es la que se adapta a su piel, no la que lleva un envase negro».

Para la década de los 40, con Mario Casas como referencia, la experta vuelve a apostar por los retinoides, aunque adaptados a las necesidades y a la tolerancia de cada piel. No se trata de asignar un ingrediente diferente a cada edad, sino de entender qué necesita el rostro en cada momento.

En el caso de los hombres, la piel suele ser más gruesa, presenta mayor actividad sebácea y está sometida al impacto frecuente del afeitado. Con el paso del tiempo, también pierde progresivamente algunas de sus propiedades estructurales y pueden hacerse más visibles las arrugas y la pérdida de firmeza.

Sin embargo, esto no significa que los hombres necesiten cosméticos completamente distintos. «Las necesidades fundamentales son muy similares. Ambos necesitamos mantener hidratación, barrera cutánea, controlar el estrés oxidativo y tratar las alteraciones concretas que aparezcan», señala De Castro.

Las diferencias biológicas existen, pero no justifican separar los ingredientes por sexos. «No significa que exista un retinol para hombres y otro para mujeres», aclara. Y deja una reflexión especialmente útil para quienes eligen sus productos por la estética del envase: «La mejor crema para un hombre es la que se adapta a su piel, no la que lleva un envase negro».

Mario Casas. (Foto: EuropaPress)

De los 50 a los 60: el ácido hialurónico de Nuria Roca

«El envejecimiento cutáneo es multifactorial: se suma la propia biología del envejecimiento, la genética, la exposición solar acumulada y los hábitos de toda una vida».

A partir de los 50, con Nuria Roca como ejemplo, la especialista propone prestar especial atención a la hidratación y a la calidad global de la piel. Si tuviera que elegir un único ingrediente, se quedaría con el ácido hialurónico, seleccionando adecuadamente su peso molecular y la formulación del producto.

En esta etapa pueden aumentar la sequedad y la pérdida de elasticidad, por lo que mantener una buena hidratación y una barrera cutánea funcional adquiere especial importancia. La estrategia puede completarse con activos dirigidos a mejorar la firmeza, la pigmentación o la textura, dependiendo de las necesidades individuales.

Los cambios hormonales también cobran protagonismo, especialmente alrededor de la menopausia. El descenso de estrógenos influye en diferentes propiedades cutáneas, aunque la experta advierte de que no todo puede atribuirse a las hormonas. «El envejecimiento cutáneo es multifactorial: se suma la propia biología del envejecimiento, la genética, la exposición solar acumulada y los hábitos de toda una vida».

Por eso, más que perseguir una arruga concreta, De Castro recomienda prestar atención al conjunto: firmeza, hidratación, textura, uniformidad del tono y función barrera.

Nuria Roca. (Foto: EuropaPress)

A partir de los 60: las ceramidas que priorizaría para Belén Rueda

«A partir de los 60, una barrera cutánea bien conservada es fundamental. Cuando funciona correctamente, la piel retiene mejor el agua, está más confortable y tolera mejor el resto de la rutina cosmética».

Para representar la piel a partir de los 60 años, De Castro elige a Belén Rueda, por lo que considera una belleza madura que conserva su identidad y naturalidad. En esta etapa, su apuesta no sería recurrir al activo más agresivo, sino priorizar ingredientes que ayuden a mantener la barrera cutánea.

En concreto, elegiría lípidos similares a los de la propia piel, como las ceramidas, junto con activos reparadores e hidratantes. «A partir de los 60, una barrera cutánea bien conservada es fundamental. Cuando funciona correctamente, la piel retiene mejor el agua, está más confortable y tolera mejor el resto de la rutina cosmética», explica.

La especialista advierte de que intensificar los tratamientos antiedad a medida que aparecen más signos de envejecimiento puede ser contraproducente. Una piel madura puede ser más seca, fina o vulnerable a la irritación, y someterla continuamente a tratamientos intensos puede deteriorar su barrera en lugar de mejorar su calidad.

«Yo cambiaría la pregunta de ‘¿cómo elimino esta arruga?’ por ‘¿qué necesita mi piel para funcionar mejor?’», plantea.

Belen Rueda. (Foto: EuropaPress)

La biotecnología también importa: no basta con elegir un buen activo

La eficacia de un cosmético no depende únicamente de sus ingredientes. La tecnología utilizada para favorecer que lleguen al lugar donde deben actuar también puede marcar diferencias. En este ámbito trabaja Proteos Biotech con PB333, una queratinasa recombinante que actúa sobre la queratina de la capa más externa de la piel.

De Castro cita un estudio publicado en 2025 y realizado en laboratorio sobre piel humana en el que, tras aplicar esta enzima, se observó que la piel retenía hasta nueve veces más vitamina C que sin ella. La especialista precisa que el resultado se refiere a la retención del ingrediente en la piel.

Una investigación que ilustra por qué, más allá de las tendencias y de las rutinas que comparten las famosas, la formulación y la capacidad de un activo para alcanzar su lugar de acción son factores fundamentales a la hora de valorar un cosmético.