Dos sagas, dos fortunas y una negociación rota: las claves del fallido acuerdo entre Puig y Estée Lauder
Castigo histórico de Puig en Bolsa: se desploma un 14% y evapora 1.200 millones tras romper con Estée Lauder
Los fundadores de Estée Lauder demandados por enriquecimiento ilícito en medio de la fusión con Puig

Ha estallado uno de los bombazos empresariales más inesperados del año en el mundo de la belleza. Cuando todo apuntaba a que Puig y Estée Lauder estaban a punto de sellar una alianza histórica, las negociaciones se han parado de golpe. Y no hablamos de una operación cualquiera. De haber llegado a buen puerto, habría nacido un auténtico gigante capaz de mirar cara a cara al imperio de L’Oréal. Pero el cuento ha terminado antes de empezar.
El grupo catalán, dueño de firmas y licencias tan potentes como Carolina Herrera, Charlotte Tilbury o Byredo y la compañía estadounidense que controla marcas tan reconocidas como La Mer, Tom Ford o Clinique, han decidido decirse «adiós». Una ruptura que ha dejado completamente descolocado al sector beauty y que ya empieza a levantar sospechas dentro de la industria.
La noticia se ha conocido a través de un comunicado remitido a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), donde ambas compañías se limitan a asegurar que “no han alcanzado un acuerdo para llevar adelante una fusión de sus negocios”. Las conversaciones se han roto definitivamente. Y detrás de esa fría frase empresarial podría esconderse mucho más.
Porque esta operación llevaba semanas agitándose en los despachos financieros. Todo comenzó el pasado 23 de marzo, cuando ambas compañías anunciaron oficialmente que habían iniciado contacto para estudiar una posible integración. La noticia provocó un auténtico terremoto bursátil. Puig, que atravesaba un momento delicado en bolsa desde su salida al mercado en 2024, se disparó cerca de un 13% tras conocerse las negociaciones. Estée Lauder, sin embargo, apenas se movió.
En otras palabras: la catalana necesitaba el golpe de efecto mucho más que la norteamericana.
Puig, la empresa familiar catalana que ha conquistado el lujo
La historia de Puig arranca en 1914 de la mano de Antonio Puig Castelló, que comenzó importando cosméticos extranjeros en una España donde el universo beauty era todavía casi inexistente. La jugada fue maestra. Mientras el mercado nacional apenas despertaba, él entendió antes que nadie que el lujo y la belleza acabarían convirtiéndose en una obsesión global.
El primer triunfo significativo llegó en los años 20 con Milady, el primer pintalabios fabricado en España. Después vendría Agua Lavanda Puig, uno de los productos más icónicos de la firma y el inicio de una expansión industrial que acabaría transformando a la empresa familiar en un gigante internacional.
Pero el verdadero cambio de dimensión llegó décadas después, cuando Puig comenzó a asociarse con grandes nombres de la moda para lanzar perfumes. Carolina Herrera, Paco Rabanne o Jean Paul Gaultier terminaron convirtiéndose en piezas fundamentales del imperio catalán.
Eso sí, en los últimos tiempos la compañía no atravesaba precisamente su mejor momento. Desde su salida a bolsa en 2024, las acciones habían perdido fuerza y el mercado empezaba a mirar con cierta preocupación la evolución del grupo. Por eso, esta posible fusión con Estée Lauder se interpretaba como un movimiento estratégico para recuperar músculo y estabilidad financiera.
Estée Lauder, un gigante de la belleza al que parece que no le hace falta más
La historia de Estée Lauder también tiene algo de leyenda empresarial. Todo comenzó en 1946, cuando Estée Lauder y su marido, Joseph Lauder, lanzaron una pequeña línea cosmética en Nueva York. Apenas tenían cuatro productos, pero sí una idea revolucionaria para la época: regalar muestras gratis.
Aquella estrategia cambió para siempre la industria de la belleza. Las clientas probaban los productos, volvían y terminaban fidelizadas. El negocio explotó definitivamente en 1953 con Youth-Dew, una fragancia que democratizó el perfume de lujo y convirtió a la marca en un fenómeno internacional.
Desde entonces, el crecimiento fue imparable. La compañía fue absorbiendo firmas, ganando peso en el mundo de la belleza y construyendo uno de los conglomerados más poderosos del planeta.
Por eso sorprende todavía más que las conversaciones con Puig hayan terminado de manera tan abrupta. Aunque oficialmente ambas compañías han querido rebajar la tensión y hablar de «conversaciones enriquecedoras», dentro del sector ya hay quien interpreta este divorcio como el inicio de una futura guerra empresarial por el control de las grandes marcas de lujo.
Y ahora la gran pregunta ya sobrevuela el mercado: si Puig y Estée Lauder no han conseguido entenderse… ¿Quién moverá la siguiente ficha? En definitiva, ahora son dos gigantes que son más competencia que nunca.
Temas:
- Puig