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La idea de convertir el CO2 en combustible no es nueva. Distintos laboratorios llevan años persiguiendo esa posibilidad, con resultados dispares y dificultades técnicas que han frenado su traslado al mundo industrial. Aquí el drama no se da solo al momento de capturar el gas, sino cuando hay que transformarlo de manera eficiente, estable y viable a gran escala.
El grupo liderado por Javier Pérez-Ramírez, profesor de ingeniería de catálisis en la ETH Zúrich, lleva trabajando en este problema desde 2010. Su último avance apunta a una solución basada en la catálisis de átomo único, una técnica que ya había demostrado ser prometedora, pero que nunca había producido resultados tan concretos para la conversión de CO2 en combustible.
¿Cuál es el avance que ha dado Suiza para convertir CO2 en combustible?
El hallazgo central es un catalizador compuesto por átomos aislados de indio anclados sobre una superficie de óxido de hafnio (hafnia).
El estudio se publicó en la revista Nature Nanotechnology en marzo de 2026, firmado por Yung-Tai Chiang, Pérez-Ramírez y un equipo de 16 investigadores de la ETH Zúrich.
A diferencia de los sistemas convencionales, donde el metal activo se agrupa en nanopartículas que contienen cientos o miles de átomos, aquí cada átomo de indio actúa de forma independiente como sitio de reacción. El resultado: se aprovecha el cien por cien del material metálico, sin desperdicio.
Para fabricarlo, el equipo utilizó un proceso de combustión por llama a temperaturas de entre 2.000 y 3.000 °C, seguido de un enfriamiento rápido que fija los átomos en la posición correcta. El catalizador resultante soporta condiciones de reacción de hasta 300 °C y presiones de 50 atmósferas, rangos compatibles con los entornos industriales reales.
El proceso convierte el dióxido de carbono, en combinación con hidrógeno, en metanol. Según Pérez-Ramírez, el metanol es «un precursor universal para la producción de una amplia gama de productos químicos», desde combustibles hasta plásticos.
El papel del metanol, un precursor universal para una química sin fósiles
El metanol tiene una ventaja logística importante frente a otras alternativas energéticas. Es líquido a temperatura ambiente, lo que facilita su almacenamiento y transporte con la infraestructura ya existente.
No requiere depósitos criogénicos ni tuberías especiales, y puede mezclarse con combustibles convencionales o utilizarse directamente en ciertos motores y celdas de combustible.
Su versatilidad como materia prima lo convierte, en palabras del propio Pérez-Ramírez, en «una navaja suiza de la química». Y esta brillante analogía del investigador se refiere a que sirve para fabricar gasolina sintética, diésel, plásticos y una amplia familia de compuestos orgánicos.
Si el hidrógeno y la energía empleados en el proceso proceden de fuentes renovables, la producción de metanol a partir de CO2 podría alcanzar la neutralidad climática.
El nuevo catalizador demostró una productividad de metanol por átomo de indio hasta un 70% superior a la de los sistemas anteriores basados en óxido de indio-zirconio. Los investigadores también destacan que la estructura de átomo único permite observar con mayor claridad los mecanismos de la reacción, lo que abre la puerta a mejoras posteriores.
Del laboratorio a la industria, el reto que falta para convertir CO2 en combustible
El avance es importante desde el punto de vista científico, pero sus autores son cautos respecto a los tiempos. Escalar un proceso de catálisis de átomo único desde el laboratorio hasta una planta industrial es un reto de ingeniería que lleva años y requiere inversión sostenida.
La síntesis del catalizador por combustión a miles de grados, aunque controlada, plantea preguntas sobre su viabilidad económica a gran escala. Además, el hidrógeno que necesita la reacción debe ser verde (producido con energías renovables) para que el proceso sea realmente neutro en carbono.
Recordemos que hoy, la mayor parte del hidrógeno que se produce en el mundo sigue siendo de origen fósil.
Sin embargo, el propio catalizador fue pensado para condiciones industriales desde el inicio: las temperaturas y presiones a las que opera coinciden con las de los reactores comerciales existentes, lo que reduciría las adaptaciones necesarias para su implementación.
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