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Los paleontólogos jamás vieron nada igual: encuentran en un pantano inglés el fósil de un pez de 300 millones de años que aún conserva tejidos cerebrales

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Un equipo de científicos de la Universidad de Chicago ha identificado el cerebro fosilizado de un pez de hace 300 millones de años. El hallazgo de Trawdenia planti, descubierto originalmente en una mina de carbón en Inglaterra, supone un hito para la paleontología.

Este ejemplar conserva tejidos neuronales intactos, lo que permite reconstruir la evolución de las especies que hoy habitan nuestros ríos.

Hallan un pez prehistórico en Inglaterra con el cerebro intacto tras 300 millones de años

El hallazgo ha sorprendido a la comunidad científica internacional por la extraordinaria conservación del espécimen. Hace más de 300 millones de años, este pez del tamaño de un pececillo se hundió en el lodo de un pantano prehistórico cerca de Trawden, en el noroeste de Inglaterra.

Su cuerpo quedó atrapado entre capas de carbón, donde una combinación única de química marina, sedimentos y suerte permitió que se preservara mucho más que su esqueleto.

La doctora Abigail Caron, autora del estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), explica que la preservación de tejidos blandos no es habitual en el registro fósil.

Los tejidos neuronales, en particular, se descomponen más rápido que casi cualquier otra parte del cuerpo. Por esta razón, encontrar un cerebro en una pieza de piedra de la era Carbonífera representa un evento científico sin precedentes.

¿Por qué es tan inusual encontrar tejidos cerebrales en un fósil?

La inmensa mayoría de los fósiles solo nos entregan huesos y estructuras rígidas. Los órganos y tejidos blandos desaparecen poco después de la muerte del animal, dejando únicamente cavidades vacías.

En el caso de Trawdenia planti, el entorno del yacimiento evitó la degradación total del tejido. El fósil apareció originalmente en 1888, cuando los mineros de las cuencas de carbón de Lancashire reconocían estas rocas como curiosidades mientras los geólogos las usaban para mapear las vetas productivas.

La historia de esta pieza es casi tan dramática como su valor científico. El nódulo de roca que contenía al animal se partió en dos y ambas mitades acabaron en el Museo de Historia Natural de Londres como ejemplares distintos y sin conexión aparente.

No fue hasta que el doctor Michael Coates, profesor de la Universidad de Chicago y autor del estudio, examinó las piezas décadas después cuando comprendió que ambas partes formaban un único animal.

Las claves evolutivas de Trawdenia planti y su relación con los peces actuales

El uso de escáneres de alta resolución y computación avanzada ha revelado detalles asombrosos del interior del cráneo.

A diferencia de otros fósiles donde el cerebro parece demasiado pequeño para su cavidad, en Trawdenia el tejido llenó el espacio de forma casi exacta. Este ajuste perfecto ofrece una lección fundamental: el interior de los cráneos fósiles puede servir como una guía confiable para entender el tamaño y la forma del cerebro incluso cuando el tejido blando ha desaparecido.

Este pez pertenece al grupo de los actinopterigios, que actualmente representan casi el 99% de las especies de peces vivos. El análisis del cerebro ha revelado características específicas, como una sección del cerebelo que rodea el centro del órgano, que vinculan a este ancestro con los esturiones y los peces espátula modernos.