El colapso de la corriente atlántica está más cerca que nunca y España sigue sin estar preparada
El colapso de esta corriente llevaría a gran parte de la humanidad a una crisis mundial
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En los últimos años, era impensable que las corrientes oceánicas llegasen a colapsar. Pero nada más lejos de la realidad; hoy, gracias a la tecnología que permite obtener más información sobre este fenómeno, la colisión oceánica está mucho más cerca de lo que se pensaba.
La comunidad científica está comenzando a ser mucho más contundente; uno de los sistemas clave para regular el clima a nivel global, la circulación meridional del Atlántico (AMOC), que puede estar cerca del colapso.
Debido a los nuevos modelos climáticos, los cuales son capaces de percibir con una mayor precisión y con un mayor realismo. Por esto, el hallazgo está empezando a preocupar a los investigadores, dado que el colapso de esta corriente llevaría a gran parte de la humanidad a consecuencias de crisis, afectando a Europa, África y América. Aunque países como Francia ya se lo están tomando en serio.
La AMOC se trata de una enorme cinta transportadora oceánica, la cual traslada agua cálida desde los trópicos hacia el norte del océano Atlántico y después devuelve el agua fría hacia el sur. Dicho proceso es de vital importancia para suavizar el clima europeo. Tanto es así que, sin esta corriente, Europa sería mucho más fría, ya que los efectos del posible colapso no solo afectarían a nuestro continente, sino que el sistema influye en las lluvias tropicales, la productividad marina, incluso llegando hasta el almacenamiento del CO₂ en los océanos.
Un nuevo estudio publicado en Science Advances revela el cambio del contexto por completo. Para el estudio, se han usado datos reales combinados con modelos avanzados, y han llegado a la conclusión de que los escenarios más devastadores son los más probables.
Se estima una desaceleración del 42% al 58% para finales de siglo, una estimación muy superior a las previsiones que se habían estipulado previamente. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es el debilitamiento de esta corriente, sino más bien que su probabilidad de colapso podría llegar a superar el 50%. Ya no es un escenario imposible, sino bastante probable.
Hasta hace pocos años, los expertos creían que el colapso era improbable antes del año 2100. Sin embargo, debido al nivel de incertidumbre que hay actualmente, esa fecha se ha acortado, llegando a conclusiones mucho peores que hace unos años.
Cabe destacar que no es una parada instantánea de la corriente oceánica, no se da de un día para otro, sino que llega a un punto de no retorno, a partir del cual el sistema climático del planeta perdería estabilidad y cambiaría totalmente.
Aunque lo interesante del estudio no son sólo sus conclusiones, sino la necesidad de una respuesta política rápida ante este suceso.
En este contexto, Francia ya ha empezado a introducir el riesgo de colapso en su planificación climática, visualizando la necesidad de prepararse ante escenarios abruptos, incluyendo la adaptación de infraestructuras, la previsión agrícola y la revisión de riesgos climáticos extremos.
Por otro lado, lo verdaderamente importante es asumir que ciertos cambios podrían no ser graduales, sino rápidos y catastróficos.
En cambio, España sigue centrando su discurso climático en la reducción de emisiones, y no demasiado en la necesidad de la adaptación para escenarios extremos.
Especialmente, nuestro país sería especialmente vulnerable en este contexto, debido a que un debilitamiento de la AMOC conllevaría menos precipitaciones en el sur de Europa, agravando un problema ya conocido por nuestras tierras, la sequía y la escasez hídrica.
Por ahora, no todos los científicos tienen la misma opinión sobre el grado de riesgo de este colapso. Algunos han subrayado que hay más de un debilitamiento severo que un colapso total para finales de siglo.
Incluso en ese escenario moderado, las consecuencias serían relevantes. A día de hoy, ya no se discute si la corriente oceánica se está debilitando o no, porque ya se ha aceptado ampliamente que así es; actualmente, solo queda saber cuándo se producirá el posible colapso.
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