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Tierra

Los científicos no salen de su asombro: observan por primera vez cómo nace nueva corteza terrestre en tiempo real

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Un equipo internacional de investigadores, encabezado por Jean-Yves Royer, ha logrado documentar por primera vez cómo el fondo marino se fractura, permite el ascenso de grandes volúmenes de magma y da origen a nueva corteza terrestre en cuestión de días. El hallazgo tuvo lugar en una remota dorsal del océano Índico, una inmensa cadena montañosa submarina situada a unos cuatro kilómetros de profundidad, donde las placas tectónicas de Australia y la Antártida se alejan aproximadamente seis centímetros al año. Aunque ese desplazamiento es muy lento, la tensión se acumula progresivamente hasta que, en un determinado momento, el fondo oceánico se fractura.

Para estudiar esta región, el equipo de Royer desplegó una red de más de 20 instrumentos, entre ellos hidrófonos, balizas acústicas y sensores de presión, distribuidos a lo largo de unos cien kilómetros del lecho marino. El objetivo inicial era registrar pequeños movimientos de la corteza terrestre, sin imaginar que acabarían siendo testigos de un episodio excepcional. Tras detectar una serie de sismos, los equipos registraron cómo dos grandes bloques del fondo oceánico se separaban más de dos metros en apenas seis días. Al mismo tiempo, enormes cantidades de magma ascendieron desde el interior de la Tierra y se extendieron sobre el lecho marino.

Científicos observan el nacimiento de la corteza terrestre

Según los resultados publicados en Nature, la erupción expulsó alrededor de 160 millones de metros cúbicos de lava, un volumen equivalente al de unas 64.000 piscinas olímpicas. Al entrar en contacto con las frías aguas del océano, la lava se solidificó rápidamente, formando nueva corteza terrestre. Aunque pueda parecer un acontecimiento extraordinario, este proceso forma parte del funcionamiento habitual de la Tierra desde una perspectiva geológica.

De hecho, la mayor parte de la superficie del planeta se encuentra bajo los océanos, y cerca de dos tercios de la corteza terrestre se han originado mediante este mecanismo. El magma asciende por las dorsales oceánicas, se enfría al contacto con el agua y forma nueva corteza, que empuja lentamente la más antigua hacia ambos lados. Este proceso constituye la base de la tectónica de placas, una teoría que transformó la geología en el siglo XX y permite explicar la formación de cordilleras, volcanes, terremotos y el desplazamiento de los continentes.

Hasta ahora, la comunidad científica sólo podía reconstruir estos episodios a partir de evidencias indirectas y modelos geológicos. Ahora, los investigadores han averiguado que estos procesos pueden ser mucho más rápidos de lo que se pensaba. Si bien las placas tectónicas se desplazan apenas unos centímetros al año, ese movimiento no siempre ocurre de forma constante. Permanecen prácticamente inmóviles durante largos periodos de tiempo, mientras acumulan una enorme cantidad de presión. Cuando finalmente esa presión supera el límite de resistencia de la corteza, la energía se libera de forma repentina, provocando fracturas, terremotos y el ascenso masivo de magma que da lugar a la creación de nueva corteza oceánica

Según el equipo dirigido por Jean-Yves Royer, el episodio registrado liberó en apenas unos días la tensión acumulada durante entre 30 y 60 años de movimiento tectónico habitual en esa región. Gracias a la red de instrumentos, los investigadores pudieron registrar con gran precisión los terremotos, los desplazamientos del lecho marino, la deformación de la corteza e incluso las señales acústicas generadas cuando la lava entró en contacto con el agua.

Un hallazgo inédito

La red de instrumentos instalada en el fondo del océano quedó inmersa, de forma inesperada, en un episodio geológico que difícilmente habría podido detectarse sin ese despliegue tecnológico. Sin señales evidentes en la superficie, la roca empezó a fracturarse a varios kilómetros de profundidad. Las grietas se propagaron rápidamente y fueron ocupadas por magma ascendente, extendiéndose tanto hacia el noroeste como hacia el sureste.

En cuestión de horas, el magma recorrió cerca de 20 kilómetros a lo largo del eje de la dorsal oceánica, mientras un enjambre de terremotos acompañaba el proceso. La intrusión magmática alteró el equilibrio de las fallas de la zona y llegó a desencadenar un terremoto de magnitud 5,9 en una falla transformante situada al norte del área afectada.

Además de la intensa actividad sísmica, los científicos registraron cambios permanentes en la morfología del fondo marino. Algunos sensores detectaron un hundimiento de hasta cuatro metros. Uno de los datos más llamativos fue la rapidez con la que se produjo la deformación: alrededor del 80 % del movimiento del terreno ocurrió en apenas 16 horas, lo que indica que la mayor parte de los cientos de millones de metros cúbicos de magma ascendieron y se desplazaron durante ese corto intervalo.

El episodio culminó con una erupción volcánica a través de una extensa red de fisuras que recorrían los cerca de 20 kilómetros invadidos por el magma. Durante la erupción se expulsaron aproximadamente 160 millones de metros cúbicos de lava, que al enfriarse bajo el agua dieron lugar a una nueva franja de corteza oceánica.