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Si vamos a discutir de energías eólicas en 2026, hay que mencionar sí o sí a S2000, la central eléctrica volante desarrollada por Sawes Energy Technology (una start-up con sede en Pekín) que el pasado 5 de enero de 2026 despegó sobre el cielo de Yibin, en la provincia de Sichuan. El sistema ascendió hasta los 2.000 metros de altitud y volcó su producción directamente a la red.
Nunca antes un aparato de esta clase lo había logrado. Solo para dar un dato curioso, el concepto tiene casi setenta años y un origen insólito. Hoy, los números que arrojan las pruebas llevan a los ingenieros a hablar de un cambio de era para la generación de electricidad renovable.
La central eléctrica que vuela: ¿Qué es el S2000 y qué puede generar?
El S2000 es un aerostato (una estructura similar a un dirigible, inflada con helio) que lleva integradas turbinas eólicas en su interior. Con 60 metros de largo y 40 metros de ancho y alto, pesa menos de una tonelada y cabe en contenedores estándar. No necesita obra civil, ni cimientos, ni torres de acero.
Una vez en el aire, genera un megavatio de potencia de forma constante. Según Dun Tianrui, CEO de la empresa, una hora de operación produce suficiente electricidad para cargar unos 30 vehículos eléctricos de alta gama de cero a cien. En la prueba del 5 de enero, el sistema tardó apenas 30 minutos en alcanzar su cota operativa y generó 385 kilovatios-hora durante el ascenso.
El despliegue es rápido: la instalación completa, desde la preparación del terreno hasta el inflado total, tarda ocho horas. Con suministro de gas local, ese tiempo puede bajar a cuatro o cinco.
El S2000 mejora al modelo anterior (el S1500, probado en septiembre de 2025 en el desierto de Gobi) con un diseño más resistente a condiciones climáticas extremas y mayor capacidad de carga, lo que le permite operar también en entornos urbanos.
¿Por qué el viento en altura cambia los costes de la central eléctrica?
El principio físico que hace atractiva esta tecnología es sencillo: el viento a gran altitud es más rápido y más constante que el que roza la superficie terrestre. Según la ley de Betz, si la velocidad del viento se duplica, la energía aprovechable se multiplica por ocho.
Aquí hay que señalar que las torres eólicas convencionales alcanzan unos 200 metros; el S2000 opera a 2.000 metros, y el objetivo a largo plazo de Sawes es llegar a los 10.000 metros, donde la empresa calcula que la energía eólica disponible es 200 veces superior a la del nivel del suelo.
Los aerogeneradores tradicionales requieren cientos de toneladas de acero y hormigón, cimientos profundos, carreteras de acceso y meses o años de planificación. Para suerte de la empresa, la tecnología de Sawes prescinde de todo eso.
Weng Hanke, director técnico de la empresa, afirma que «la energía eólica de gran altitud es una fuente poderosa y poco explotada. Cuando estos sistemas se instalen a gran escala, la electricidad podrá costar lo mismo que la eólica convencional».
Y desde luego, el objetivo declarado es más ambicioso. El CEO Dun Tianrui apunta a que, cuando la flota opere en la estratosfera, el coste de la electricidad será una décima parte del actual. Una cifra que encaja con el enunciado del título, aunque con un matiz… A día de hoy es una proyección, no un dato en producción.
El inventor que imaginó esto en la NASA y acabó construyendo misiles en China
La idea original pertenece a Qian Xuesen, ingeniero aeroespacial nacido en Shanghái que fue uno de los cofundadores del Jet Propulsion Laboratory de la NASA en Pasadena. En los años treinta se exilió en Estados Unidos para estudiar en el MIT y formó parte del llamado ‘Suicide Squad’ de Caltech, el grupo que sentó las bases de la astronáutica moderna.
En 1957 publicó el concepto del ‘ejector diffuser duct’: una técnica para acelerar el flujo de aire en una turbina mediante una carcasa circular que genera diferencial de presión y fuerza aire suplementario entre las aspas, multiplicando el viento útil sin añadir masa estructural.
El problema fue que, en aquel momento, Qian ya no estaba en EEUU. Tras años de arresto domiciliario bajo la sospecha del macartismo, fue deportado a China en 1955, donde se convirtió en el padre del programa espacial chino y en artífice de los cohetes Larga Marcha.
Su idea de turbinas voladoras quedó olvidada durante décadas. Distintas iniciativas occidentales la retomaron con escaso éxito: Altaeros, una spin-off del MIT, desarrolló una turbina en aeróstato, pero terminó reconvirtiéndose en plataforma de telecomunicaciones.
KiteGen (Italia) no pasó del prototipo. Makani Technologies, respaldada por Google, llegó a los 600 kW con su modelo M600 y en 2020 cerró al concluir que el camino hacia la escala comercial era «demasiado largo y arriesgado». El S2000 de Sawes lo ha superado con un megavatio y sin cortar la conexión a la red.
Los retos que este aerostato chino aún debe superar
Más allá del dato de potencia, lo que distingue a la central eléctrica S2000 es su lógica de uso. Wang Yanan, editor jefe de la revista Aerospace Knowledge, describe el sistema como una solución para «llevar electricidad a zonas donde la construcción de infraestructura pesada es financieramente inviable o geográficamente imposible».
La empresa ya habla de desplegarlo en islas, yacimientos remotos, operaciones agrícolas de gran escala y zonas de emergencia tras catástrofes.
Sawes tiene contratos firmados por más de 70 millones de dólares y afirma estar lista para escalar la producción. La línea de desarrollo lleva casi una década: el S500 llegó a 500 metros y generó 50 kW; el S1000 alcanzó los 1.000 metros y superó los 100 kW; el S1500 fue el primer modelo en escala de megavatio; el S2000 es el primero en conectarse a la red.
El obstáculo más concreto que queda por resolver no es técnico, sino regulatorio. Integrar plataformas voladoras en el espacio aéreo gestionado por autoridades como la EASA en Europa o la FAA en Estados Unidos sin comprometer la seguridad de la aviación civil y militar.
Si ese proceso es largo, los costes asociados podrían erosionar las ventajas que hoy promete la tecnología. Sawes tiene el récord de la turbina volante más alta y potente jamás construida; ahora le queda demostrar que también puede ser la más rentable.
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