Ácido láctico: funciones, propiedades y presencia en el cuerpo
Ácido láctico: qué es, funciones en el cuerpo humano y aplicaciones en alimentación e industria.
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Alimentos ácidos
El ácido láctico tiene fama y no siempre buena. Mucha gente lo asocia directamente con el cansancio, el ardor muscular o esas agujetas que aparecen al día siguiente de haber hecho más ejercicio del habitual. Pero si uno rasca un poco, la historia cambia bastante. No es un residuo incómodo que el cuerpo genera sin más. Es algo más útil, más activo. Casi diría que más interesante de lo que parece a simple vista.
¿Hay ácido láctico en el cuerpo humano? El llamado lactado es el que tiene que ver con el pH del organismo. A efectos prácticos, en el lenguaje cotidiano se usan como si fueran lo mismo, pero en biología no es exactamente así.
Obtención de energía
Todo gira en torno a cómo obtenemos energía. El cuerpo necesita combustible constantemente, incluso cuando estás sentado leyendo esto. La glucosa es una de las principales fuentes. Cuando hay oxígeno suficiente, ese proceso energético es bastante eficiente. Pero claro, no siempre ocurre en condiciones ideales. Si te pones a correr a máxima velocidad o haces un esfuerzo intenso, el sistema tiene que adaptarse rápido.
Ahí entra en juego la glucólisis anaerobia. Es una especie de plan B. Menos eficiente, sí, pero mucho más rápido. En ese contexto, el organismo transforma el piruvato en lactato para seguir produciendo energía sin depender tanto del oxígeno. No es un fallo. Es una solución bastante ingeniosa.
Durante años se pensó que ese lactato era poco menos que basura metabólica. Algo que se acumulaba y causaba problemas. Hoy se sabe que no funciona así. De hecho, el cuerpo lo aprovecha bastante bien.
Por ejemplo, puede reutilizarlo como fuente de energía. No se queda “estancado” en el músculo. Viaja por la sangre y llega a otros tejidos. En el hígado, entra en el ciclo de Cori, donde se convierte de nuevo en glucosa. Es casi como si el organismo reciclase su propio combustible.
El corazón y el pH
El corazón, sin ir más lejos, también utiliza lactato directamente. Y no como último recurso. En ciertas condiciones, lo prefiere. Esto suele sorprender porque rompe esa idea tan extendida de que el lactato es algo negativo.
Luego está el tema del pH. Aquí hay bastante confusión. Se suele decir que el ácido láctico “acidifica” el músculo y provoca esa sensación de quemazón. Pero la realidad es un poco más matizada. Lo que realmente contribuye a esa acidez son los protones que se liberan durante el esfuerzo. El lactato, en cierto modo, acompaña el proceso, pero no es el principal culpable. De hecho, puede ayudar a amortiguar algunos cambios en el equilibrio ácido-base.
No es que sea un héroe silencioso, pero tampoco el villano que nos contaron durante años.
Cerebro y metabolismo
Hay otro aspecto que ha ido ganando peso en la investigación reciente. El lactato como molécula señalizadora. Suena técnico, pero la idea es sencilla: no solo participa en el metabolismo, también “envía mensajes”. Esto cambia bastante la perspectiva. Ya no hablamos solo de energía, sino de regulación y comunicación dentro del propio cuerpo.
El cerebro tampoco se queda al margen. Durante mucho tiempo se asumió que funcionaba casi exclusivamente con glucosa. Ahora se sabe que también puede utilizar lactato, sobre todo en situaciones de alta demanda. Hay estudios que apuntan a que podría estar implicado en procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje. No es algo completamente cerrado, pero las líneas de investigación van en esa dirección.
Si lo piensas, tiene sentido. El cuerpo no suele producir algo de forma constante si no tiene una utilidad clara. No aparece únicamente cuando haces ejercicio. Incluso en reposo, hay una producción continua, aunque en niveles bajos. Es parte del funcionamiento normal del organismo.
En cosmética, por cierto, también se utiliza bastante. Es habitual en productos exfoliantes suaves o tratamientos para mejorar la textura de la piel. Nada especialmente misterioso: ayuda a renovar las capas superficiales y a mantener el pH en niveles adecuados.
Cansancio, fatiga, agujetas
La sensación de fatiga, por cierto, no depende únicamente del lactato. Es un fenómeno complejo. Intervienen muchos factores: el sistema nervioso, el estado de los músculos, la disponibilidad de energía… simplificarlo todo a una sola molécula se queda corto.
Y luego están las agujetas. Ese clásico. Durante mucho tiempo se culpó al ácido láctico, pero hoy se sabe que no tiene nada que ver. Las agujetas están relacionadas con microlesiones en las fibras musculares. El lactato desaparece bastante rápido tras el ejercicio, mucho antes de que aparezca ese dolor tardío.
Lo curioso es cómo ha cambiado la percepción de esta molécula con el tiempo. Hace unas décadas, el ácido láctico era poco menos que el enemigo del rendimiento físico. Hoy se ve como una pieza clave del sistema energético y regulador del cuerpo. Y probablemente aún no conocemos toda la historia.
Cada vez hay más estudios que exploran su papel en enfermedades metabólicas, en el funcionamiento del cerebro o en la adaptación al ejercicio. No es un tema cerrado, ni mucho menos. No está mal para algo que durante años se consideró poco más que un desecho.
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