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Soy enfermera y estos son los 3 grandes errores que alteran el sueño de los niños

Expertos dan las claves para evitar errores en el sueño de los niños y consejos para que duerman bien

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El sueño infantil suele convertirse en un quebradero de cabeza cuando se dan varias noches conseguidas en las que no se consigue que haya descanso. Algunas familias ven cómo sus hijos se acuestan tarde, duermen mal o se despiertan varias veces sin motivo aparente. Muchas veces se cree que es una etapa sin más, pero detrás suele haber hábitos que se repiten día tras día y que terminan alterando el descanso. Eso es justo lo que explica la enfermera Noemí Castillo Tébar, especialista de la Unidad de Sueño y Epilepsia del Hospital Ramón y Cajal, que lleva años estudiando cómo duermen los niños y qué factores influyen en esa calidad del descanso centrándose en tres errores muy comunes que arruinan el descanso de los niños.

En declaraciones al portal especializado CuídatePlus, Castillo recuerda que no todos los niños necesitan dormir las mismas horas. Hay pequeños que funcionan bien con 10 horas y otros, de la misma edad, requieren 12. El rango recomendado para los escolares se mueve entre 9 y 12 horas, evitando bajar de 7 u 8. También señala algo que a veces se olvida y es que cada año que pasa, la necesidad de sueño desciende ligeramente, unos 20 minutos de media. Por eso un niño que con 6 años dormía 11 horas puede sentirse igual de descansado durmiendo 10 a los 9 años. Y, sobre todo, subraya que antes de los 2 años el sueño todavía madura, así que no todo lo que parece problema realmente lo es. Aun así, hay hábitos que sí perjudican el descanso. Y estos tres errores que ahora te explicamos son los más comunes, según esta experta, para acabar con el sueño de los niños.

Los errores que acaban con el sueño de los niños

El primero, que es además el más común en muchas familias, tiene que ver con los horarios irregulares. Según la experta, si el niño se acuesta a una hora distinta y se levanta a una hora distinta cada día, su reloj interno no sabe muy bien qué esperar. Eso genera más despertares nocturnos, más dificultad para conciliar el sueño y, en general, un descanso más inestable. Lo habitual es que estas variaciones empiecen por la noche, aunque la hora de despertar tiene igual peso. Un cuerpo que se activa cada día a una hora distinta no termina de ajustar su ritmo.

Los especialistas coinciden en que la regularidad es más importante que la precisión. No se trata de que el niño se acueste siempre a la misma hora exacta, sino de mantener un margen razonable que permita al cuerpo anticipar la llegada del descanso.

Excesivo consumo de alimentos azucarados

El segundo gran error llega desde la cocina. Muchos niños consumen alimentos muy dulces a última hora del día y eso provoca un efecto contrario al que se busca. El azúcar activa, dispara la energía y complica la relajación previa al sueño. A eso se suma que ciertas comidas, si son copiosas o muy pesadas, dificultan la conciliación porque la digestión se alarga más de lo necesario. Castillo recomienda reservar los dulces para momentos diurnos y apostar por cenas más suaves. La idea es que el cuerpo llegue a la noche sin sobrecarga, tanto física como energética.

Uso de pantallas desde edades muy tempranas

Este punto se ha convertido en el gran desafío de las nuevas generaciones. La enfermera explica que hoy los niños tienen acceso a dibujos, vídeos y juegos a cualquier hora. Antes, a las 22:00 ya no había contenido infantil en televisión; ahora, basta con encender una tableta para encontrar entretenimiento 24 horas. Esa disponibilidad constante mantiene al cerebro activo justo cuando debería empezar a desacelerar. La exposición a la luz azul retrasa la producción de melatonina y dificulta la conciliación. El resultado se nota en la práctica: niños que tardan más en dormir, que se desvelan y que asocian la cama con estímulos en lugar de descanso.

Las claves para mejorar el sueño

Además de lo que explica esta enfermera, otra experta, la  psicóloga infanto-juvenil Marta Valdés Sánchez, del centro Apraxia Psicología, confirma que con errores como los señalados, los problemas de sueño son cada vez más habituales y que pueden aparecer en cualquier edad, de modo que aunque considera que la solución no es inmediata, sí que puede ser progresiva cuando se incorporan hábitos adecuados.

Valdés empieza por lo básico: respetar las horas recomendadas según la edad. Entre los 3 y 5 años lo ideal es dormir de 10 a 12 horas, entre los 6 y 12 años el rango baja a 9–11 y, en la adolescencia, se sitúa en 8–10. Pero más que memorizar cifras, insiste en entender que el cuerpo necesita regularidad. Acostarse y levantarse cada día a la misma hora crea un patrón interno que facilita la conciliación.

También insiste en establecer una rutina previa al sueño. No hace falta complicarla. Algo tan simple como darles un baño, seguido de pijama, cena, momento tranquilo y cuento funciona como señal. El cuerpo identifica ese orden y se prepara para descansar. En edades muy tempranas, la presencia de un adulto es normal y necesaria. Con el tiempo, esa compañía puede ir reduciéndose para que el niño gane autonomía.

Otro aspecto que ayuda mucho es la actividad diurna. Los niños que se mueven, juegan al aire libre o practican deporte suelen llegar a la noche más preparados para dormir. Lo que conviene evitar es hacerlo justo antes de la hora de acostarse, porque el nivel de activación se mantiene demasiado alto.

El entorno también cuenta. Una cama cómoda, temperatura agradable y silencio facilitan el descanso. La psicóloga recuerda que muchos niños atraviesan etapas de miedo a la oscuridad. En esos casos, una luz tenue o un peluche pueden marcar la diferencia.

Por último, evita asociar la cama con castigos. El dormitorio debe ser un espacio de calma, no un lugar que provoque tensión. Llegar a la noche con preocupaciones o enfado solo dificulta más la conciliación.