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Psicología

Los psicólogos coinciden: esto es lo que pasa en tu cerebro cuando tus hijos se van fuera en verano y cómo debes gestionarlo

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Cuando llega el verano y los hijos se van unos días de campamento, muchos padres sufren una especie de «ansiedad por separación». Por un lado, aparece la ilusión de verles crecer, ganar autonomía y disfrutar de nuevas experiencias. Pero, por otro lado, surgen preocupaciones y una sensación de vacío difícil de controlar. Se trata de una respuesta natural relacionada con el vínculo afectivo y el instinto de protección y los años de cuidado compartido.

Pero, ¿qué ocurre exactamente en el cerebro durante este proceso? Durante años, la rutina familiar hace que el cerebro se acostumbre a la presencia de los hijos y, cuando esa presencia desaparece, aunque sólo sea por unos días, se activan zonas relacionadas con la alerta y la preocupación. Esta reacción tiene una explicación evolutiva; durante miles de años, mantenerse cerca de los hijos era una cuestión de supervivencia, por lo que el cerebro humano desarrolló mecanismos muy potentes para proteger a las crías y mantener la conexión con ellas.

¿Cómo afrontar la separación de los hijos en verano?

Tal y como explican los psicólogos, el apego no desaparece cuando las hijos están lejos; de hecho, muchas veces es precisamente la distancia la que fortalece ese vínculo. Según la teoría del apego, las relaciones seguras se construyen mediante la combinación de cercanía y autonomía. Los niños necesitan saber que tienen un hogar que volver, pero también necesitan experimentar que pueden desenvolverse por sí mismos.

Cuando los niños se marchan unos días, tanto padres como hijos pueden experimentar una separación emocional. En los adultos puede aparecer nostalgia, preocupación o una necesidad constante de saber cómo está. Mientras, en los niños pueden surgir nervios, emoción, ganas de volver o momentos puntuales de echar de menos a la familia. Todas estas emociones forman parte de un proceso normal de adaptación.

¿Está preparado?

No existe una edad exacta que determine cuándo un niño está preparado para irse de campamento. La clave no está únicamente en los años que tenga, sino en aspectos como su madurez emocional, su grado de autonomía y su capacidad para adaptarse a situaciones nuevas. Entonces, ¿cómo saber si tu hijo está preparado? Evalúa los siguientes aspectos:

  1.  Puede separarse de ti sin vivirlo como una experiencia angustiosa. Sentir algo de inseguridad al principio forma parte del proceso y no significa que no estén preparados. Lo importante es observar cómo afronta esa distancia y si consigue recuperar la calma después de la separación.
  2. Tiene suficiente autonomía para desenvolverse en las rutinas diarias. No se espera que sean completamente independientes ni que funcionen como adultos, pero sí que tengan ciertas habilidades básicas para cuidarse.
  3. Sabe pedir ayuda cuando algo le ocurre.  Una de las habilidades más importantes para estar fuera de casa es saber reconocer cuándo necesita apoyo y comunicárselo a otra persona.
  4. Puede manejar sus emociones ante pequeños problemas.  Un campamento de verano está lleno de momentos divertidos, pero también de situaciones que requieren adaptación.

Cómo gestionar la preocupación durante esos días

Los expertos recomiendan algunas estrategias para afrontar mejor la separación:

Preparación emocional

«Educar no es evitar el tropiezo; es enseñar a que el otro aprenda a caminar por sí mismo. Hay aquí una clave profundamente pedagógica: el alumno no es una prolongación del profesor. Como el hijo no es una prolongación de sus padres. La familia, como el aula, es un sistema de diferencias.

Si eliminamos toda distancia, corremos el riesgo de una fusión que anula la singularidad del alumno. Si exageramos la distancia, caemos en la indiferencia o el abandono. El reto  está en ese punto medio. Quizá por eso esta experiencia aparentemente doméstica (un campamento de verano) encierra una lección de fondo para los educadores: no todo depende de nosotros», concluye Marta Oporto-Alonso es doctora en Psicología y profesora adjunta en los Grados de Psicología y Educación de la Universidad San Pablo CEU, según El Debate.