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entrevista a la abogada de las monjas jerónimas

Pilar Rosselló: «La postura del Obispado de Mallorca con Sant Jeroni ha sido altamente perjudicial para la Iglesia»

La abogada de las jerónimas concede su primera entrevista tras la sentencia del TS a favor de las monjas y contra el Obispado

"El obispo Salinas inmatriculó el Monasterio mediante un procedimiento plagado de anomalías"

"Las tesis del Obispado eran insostenibles y su empeño en quedarse con el convento es muy difícil de entender"

"Para unas monjas contemplativas ha sido un sufrimiento extenuante y una tragedia el tener que enfrentarse a un obispo"

Sant Jeroni es uno de los conventos mejor conservados de Palma gracias a la labor de las monjas que lo habitaron hasta 2015, cuando decidieron trasladarse a Inca. En el mismo momento del cierre del convento, el Obispado de Mallorca, primero con Javier Salinas como prelado y después con Sebastià Taltavull, inició una sorprendente y cruenta batalla contra las monjas para apropiarse de Sant Jeroni. Para defender la propiedad del convento, las monjas contactaron con la abogada Pilar Rosselló (Inca, 1967), que ahora, una vez cerrada la causa con la sentencia del Supremo a favor de las religiosas, concede su primera entrevista en la que relata todo el proceso.

Pilar Rosselló es especialista en Derecho Civil y Derecho Canónico. Pertenece a una numerosa y muy conocida familia de Inca, que siempre ha tenido una estrecha relación con las monjas jerónimas del Convento de San Bartolomé. Aparte de todo esto, Rosselló es cantante, soprano lírica, y es fundadora y directora del Coro del Colegio de Abogados.

PREGUNTA.- Desde que en 2014 el anterior obispo, Javier Salinas, inmatriculó Santa Isabel de Palma (Sant Jeroni) a nombre del Obispado, usted, como abogada, ha liderado la batalla para demostrar que el monasterio es propiedad de las monjas jerónimas. ¿Podría resumir cómo ha sido este proceso hasta que el Supremo le ha dado la razón?

RESPUESTA.- Responder a esta pregunta nos llevaría un tiempo inmenso… La causa reviste una alta complejidad, que no se ha limitado al mero debate sobre la propiedad del monasterio, pues a lo largo de estos casi doce años, se han ido entreverando otras cuestiones que nos han sumido en una controversia de una notable transversalidad jurídica. De hecho, mi entrada en este asunto en enero de 2015 se produjo por la cuestión del Archivo monacal y la polémica que se suscitó porque las monjas del Monasterio de Santa Isabel Palma se lo habían llevado consigo, en su traslado –en junio de 2014- al Monasterio de San Bartolomé de Inca, que es de la misma Orden y Federación Jerónima. El Obispado de Mallorca, sin sustento legal alguno, lo reclamó con vehemencia, lo que generó una coetánea repercusión mediática que hizo sufrir enormemente a las monjas. Nunca olvidaré aquella tarde fría de invierno, en la que, sin previo aviso, vinieron a mi despacho de Inca las monjas con un sobre en la mano y una notificación que las había inquietado enormemente. Sin vacilar, atendí a la Madre Priora, en aquel episodio aparentemente menor, pero que también a mí me causó perplejidad. Pronto iba a descubrir que la cuestión no era nada insignificante, pues el Archivo monacal albergaba las evidencias documentales incontestables de que el monasterio palmesano es propiedad de las monjas jerónimas desde su fundación en 1485.

P.- ¿Cuál es la importancia del Archivo en este asunto?

R.- El Archivo iba a ser clave en la dirimición de la controversia sobre la propiedad, y nos proporcionaría las armas para la abrumadora victoria de las monjas frente al Obispado de Mallorca. El desagradable episodio del Archivo tenía su precedente en 1835. La codicia sobre el mismo no era una novedad. El historiador y capellán del Monasterio, Mn. Josep Estelrich i Costa, en su obra El Convent de Santa Elisabet. Beguins, Terceroles i Jerònimes. 1317–2000, documenta las vicisitudes históricas que ha sufrido el archivo, y habla de la desolación y las lágrimas de las monjas ante el expolio de 1835 y del feliz retorno del Archivo a su lugar en 1843, gracias a la decisiva intervención de Mn Ferran Rotger i Cerdà. Afortunadamente, la contienda del Archivo que me tocó afrontar en 2014-2015 también se resolvió a favor de las monjas, pues estaban perfectamente legitimadas para trasladar algo tan suyo como el propio Archivo a su nuevo destino en el monasterio hermano de Inca.

A los pocos días, y tras verificarse que el Obispado de Mallorca se había adelantado por la derecha, inmatriculando a su favor el Monasterio de Santa Isabel, en un procedimiento plagado de anomalías, recibí la llamada de la presidenta de la Federación de Monasterios de Monjas Jerónimas en España solicitando mis servicios profesionales. La situación planteada era técnicamente compleja, exigía mucho estudio y, al mismo tiempo, se tenía que actuar con celeridad y precisión milimétrica. Mientras tanto, mis colegas veteranos me deseaban suerte… por lo que implicaba enfrentarse a una entidad del poder institucional del Obispado de Mallorca.

Pero, lejos de caer en el desaliento, asumí con determinación la defensa jurídica de las monjas, plenamente convencida de que la razón estaba de su parte. La redacción de nuestra demanda en ejercicio de la acción declarativa de dominio supuso un muy serio estudio por mi parte, no sólo del Derecho Civil (y, específicamente, del Derecho Registral e Hipotecario), sino que exigió una inmersión personal en la historia del Monasterio, y en la historia del Derecho, y del Derecho Canónico, materia en la que me había especializado años atrás. Literalmente, me instalé en el Monasterio de San Bartolomé de Inca, en la Sala de Archivo, donde pasé horas y horas analizando valiosísimos documentos que acreditaban los derechos históricos y patrimoniales de las monjas. Aquellas sesiones de estudio eran deliciosamente interrumpidas por la Madre Priora, cuando me traía una limonada natural para refrescarme.

R.- ¿En qué estado de conservación encontró el Archivo?

R.- He de decir que las monjas tienen un Archivo perfectamente ordenado y cuidadosamente conservado. Fue muy emocionante y sobrecogedor leer su Capbreu en pergamino, y constatar que la propiedad del Monasterio de Santa Isabel se transfirió a las jerónimas por atribución pontificia desde el mismo momento de su fundación, el día 28 de agosto de 1485, por el Papa Inocencio VIII. Un momento estremecedor para mí fue tener entre mis manos el Rescripto del Papa Alejandro VI, de 18 de septiembre de 1492, aquella vitela que refrendaba que la propiedad del monasterio era de las jerónimas. Coincidiendo con una de las visitas del padre Enrique Trigueros, asistente religioso de la Federación Jerónima de Santa Paula, di con unas pruebas de enorme peso: tres certificaciones emitidas y firmadas de puño y letra de quienes fueron distinguidos Cancilleres de la Diócesis de Mallorca e insignes teólogos, don Bartolomé Pascual Marroig y don Andrés Caimari Noguera, con el visto bueno, de los obispos Campins y Miralles (ambos Hijos Ilustres de Mallorca), con su correspondiente Sello de Armas, que certificaban que el monasterio era propiedad de las jerónimas. Dichas certificaciones habían sido expedidas el 25 de mayo de 1913 (Campins), el 18 de agosto de 1933 y el 27 de julio de 1934 (Miralles). También consulté el Archivo Apostólico Vaticano y otros archivos históricos como el del Ministerio de Justicia, el Arxiu del Regne de Mallorca, el del Ayuntamiento de Palma, etcétera, y mientras, por las noches, leía libros sobre los procesos desamortizadores del convulso S. XIX en España, sobre las vidas de los obispos Vic y Manrique, Campins y Miralles, cuyo paso por la Diócesis de Mallorca fue decisivo, distinguiéndose por ofrecer apoyo y protección al clero regular y a las monjas jerónimas en particular.

El libro del historiador y último capellán de Sant Jeroni, Josep Estelrich i Costa, sobre la historia del monasterio fue una guía de gran valor. Fruto de aquel profundo estudio histórico-jurídico y documental, con análisis de un sinfín de libros, actas, manuscritos, pergaminos…, fue la redacción de la demanda que concatenaba 143 documentos, un número que aún ampliaría a lo largo de la fase probatoria del proceso. La corpulencia de la demanda y de su poderoso aparato documental era imbatible para el Obispado. El asunto, pues, da para escribir un libro, en el que he empezado a trabajar. También me estoy planteando la tesis doctoral, pues esta defensa jurídica ha implicado una investigación inédita sobre la propiedad y las inmatriculaciones de los monasterios femeninos de Mallorca desde 1865 a nuestros días, que puede constituir una interesante aportación a la disciplina de la Historia del Derecho y al Derecho Canónico.

La abogada Pilar Rosselló en su despacho.

P.- ¿Por qué cree que el Obispado ha tenido tanto empeño en quedarse con el convento?

R.- Eso tendría usted que preguntárselo al señor obispo. Lo único que puedo decirle es que la postura del Obispado de Mallorca en este asunto, y fundamentalmente después de recibir nuestra demanda sobre la propiedad, resulta muy difícil de entender. En la contestación a la demanda, el Obispado de Mallorca se alzó con una tesis a todas luces incoherente, pero hábilmente encaminada a provocar una gran confusión y a generar un debate que llegó a resultar peligroso y de alta complejidad jurídica. Pero nunca perdí la fe. Siempre tuve claro que se nos había alzado un gigante con pies de barro. Cuando recibimos la contestación a la demanda del Obispado de Mallorca, dados sus términos, decidimos hacer uso de la prerrogativa del artículo 388 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, por lo que solicitamos y presentamos un informe pericial emitido por el prestigioso catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad Complutense de Madrid, el doctor Faustino Martínez Martínez. Hay que tener en cuenta que el derecho histórico no vigente y el derecho canónico son materia de prueba en el proceso civil, al no poder exigírsele su conocimiento al juez civil, por estar excluidas del Principio Iura novit Curia. El perito concluyó en su informe que la tesis del Obispado de Mallorca no era sostenible.

P.- Y llegó la primera sentencia.

R.- Llegó la sentencia de primera instancia, con un pronunciamiento judicial —sólidamente estructurado y técnicamente impecable— a favor de las jerónimas, y que condenaba al pago de las costas al Obispado de Mallorca. Una sentencia sin fisuras y, a mi entender, inapelable. Pese a ello, el Obispado de Mallorca formuló recurso de apelación, que fue rechazado de plano por la Audiencia Provincial de Palma, que mantuvo en todos sus extremos el pronunciamiento de primera instancia y condena nuevamente al Obispado al pago de las costas devengadas en segunda instancia. Dos años después, el Tribunal Supremo ha zanjado definitivamente esta controversia, con la inadmisión a trámite de la nueva impugnación del Obispado de Mallorca, que ha visto por tierra todos y cada uno de los motivos aducidos en su recurso y ha encadenado su tercera condena en costas. No me cabe duda de que la postura del Obispado de Mallorca ha sido altamente perjudicial para la Iglesia, tanto desde el punto de vista pastoral como económico. Lo que resulta especialmente desgarrador es la tortura psicológica y extenuante infligida a unas monjas contemplativas para las que constituye una auténtica tragedia el tener que enfrentarse a alguien tan de la Iglesia como es un obispo. Más incomprensible ha sido, porque a lo largo de la historia –salvo puntuales excepciones– las jerónimas de Palma han recibido siempre el apoyo, ayuda y protección del Obispado de Mallorca, como debe ser. Destacaría, especialmente, las figuras del obispo Vic y Manrique, Campins y Miralles, entre otros muchos. Por eso, más que una controversia con el Obispado de Mallorca, se ha de hablar de una controversia con el actual equipo de gobierno del Obispado.

P.-¿Cree que había intereses inmobiliarios en el intento de apropiarse del Monasterio de Sant Jeroni? Parece que se han recibido ofertas de compra y que incluso se ha hablado de un hotel.

R.-Se ha dicho que corren rumores en este sentido. Es público y notorio. Lo propio es que respondan a esta pregunta quienes han insinuado conocer la existencia de estos intereses. Mire, yo me dedico al Derecho, no a la gestión inmobiliaria. Lo único que puedo decirle es que lo que ha concernido a las monjas durante este tiempo ha sido luchar por lo que es suyo, dando una lección de dignidad encomiable. A eso hay que unir su gran acierto en afrontar las dificultades propias que acarrea el mantenimiento de un edificio de estas características. Ello ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de un grupo de voluntarios, amigos de la Orden Jerónima, muchos de ellos descendientes de históricos benefactores del monasterio, que se han puesto a los pies de las monjas, con convicción, lealtad y generosidad, ofreciéndoles ayuda material y su apoyo moral, con una fidelidad inquebrantable. Las monjas nunca se han sentido solas. Gracias a ellos, el Monasterio luce un aspecto admirable y sigue siendo lo que siempre ha sido: un lugar sagrado y de contemplación que sobrecoge y cautiva a sus visitantes.

P.- Parece que el Monasterio de Sant Jeroni tiene un gran valor patrimonial.

R.- Sin duda alguna. No lo digo yo, ni las monjas: lo han dicho las instituciones. El monasterio fue declarado Bien de Interés Cultural. Y no sólo el edificio sino una lista de obras de arte vinculadas inseparablemente al mismo. Su emplazamiento y su grandiosidad, por otro lado, hacen pensar en un elevado valor económico. En el mes de julio se ha realizado un complejo levantamiento topográfico del mismo que ha permitido disponer de una base de datos valiosísima en 3D, a partir de la cual se han elaborado los planos y se ha encargado su tasación, siguiendo las pautas establecidas por la Santa Sede.

P.- ¿Regresarán al convento las obras de arte trasladadas a Sant Bartomeu de Inca para su preservación?

R.- Situándonos al principio, concretamente en mayo de 2015, mientras nos hallábamo estudiando la estrategia jurídica y procesal, se suscitó una segunda y muy lacerante controversia: el traslado de los cuadros y obras de arte, que provocó ríos y ríos de tinta, con un tratamiento mediático muy cruel, y desolador para las jerónimas: se hablaba de monjas expoliadoras. Resulta como mínimo paradójico, cuando han sido ellas quienes a lo largo de la historia han encargado y costeado sus obras de arte para gloria de Dios, y las han conservado con amor y diligencia hasta nuestros días. En aquel contexto, la presión del Obispado era constante y apremiante. Pero la cuestión iba a resolverse nuevamente a favor de las monjas. Con el más acertado criterio, las monjas habían decidido también el traslado de los cuadros y obras de arte desde el Monasterio de Palma al de Inca. Una vez más, no sólo la administración insular, sino la propia Administración General del Estado a través del Instituto del Patrimonio Cultural Español (que había intervenido -a propuesta de las propias monjas jerónimas- mandando a dos especialistas en la materia), no tan siquiera respaldaron el traslado de las piezas que había decidido la Orden Jerónima, sino que lo prescribieron, dictando la correspondiente resolución administrativa, tras un procedimiento administrativo al que se sometieron a rajatabla las monjas.

La resolución administrativa decidió el traslado por tiempo indefinido. Pero, el Obispado, en una injerencia obstinada, seguía conminando a las monjas, a golpe de burofax, para que dejaran las obras de arte en el Monasterio de Palma. Aquello era inaudito. Aconsejaban aquel traslado razones de seguridad, y el estado de conservación del Monasterio de Palma, que no era ni mucho menos el que luce en la actualidad. Siguiendo las prescripciones técnicas de aquella resolución administrativa, las monjas encargaron al licenciado en Bellas Artes (Conservador-Restaurador) Pere Terrasa Rigo la confección de sus inventarios de pintura, escultura y sacristía y frontales de altar, superando enormemente las exigencias de la Administración, que sólo habían ordenado la confección del inventario de los bienes de interés cultural. Dichos inventarios se presentaron a la Santa Sede y al Consell Insular de Mallorca.

Por tanto, son públicos, con lo que cualquier ciudadano puede consultarlos. Basta comparar el grosor de los inventarios de Pere Terrasa con el del listado de piezas que aparece en la declaración de Bien de Interés Cultural para darse cuenta de la gran diferencia numérica entre ambos. Y es que las monjas ordenaron al técnico que lo inventariara todo. Así que nadie puede cuestionar que las jerónimas actuaron con luz y taquígrafos. A este encargo siguió el de la restauración del tapial de la fachada de la calle Antoni Planas Franch y de diversos cuadros, además de la vigilancia en la conservación y mantenimiento del monasterio.

P.- ¿Por qué fracasó el proyecto de ceder instalaciones a Amadip-Esment, una entidad sin ánimo de lucro de Mallorca que apoya a personas con discapacidad intelectual? 

R.-El proyecto de Amadip-Esment, que había encandilado a las monjas por su profundo cariz evangélico en pro de los más desfavorecidos de la sociedad, había recibido el firme respaldo de las instituciones competentes (Consell de Mallorca) y de las voces más autorizadas, de expertos e intelectuales de la propia Universidad balear. Evidentemente, el mantenimiento de la controversia sobre la propiedad del monasterio por parte del Obispado de Mallorca constituyó un obstáculo insalvable. Sin la seguridad jurídica necesaria para los proyectos de la envergadura y seriedad que desarrolla la Fundación Amadip-Esment, la iniciativa fracasó. El bloqueo a aquel bello proyecto causó un disgusto importante tanto a las monjas jerónimas como a Amadip-Esment, aunque se anudaron entrañables lazos entre ambas instituciones que, a día de hoy, perduran.

P.- Hubo una intervención de Gaudí en el convento. ¿En qué consistió?

R.-Sí. La intervención del genio catalán en el Monasterio de Santa Isabel se constató por parte de nuestro restaurador conservador Pere Terrasa cuando elaboraba los inventarios en el monasterio. Descubrió dos bordados en seda, unas muestras que Gaudí había concebido como base para futuros damascos en la iglesia monacal de Sant Jeroni. Dicho hallazgo fue objeto de la comunicación Gaudí i les Quaranta Hores: uns brodats per a Sant Jeroni, de nuestro restaurador Pere Terrasa, junto con Maria Garganté en el Ateneu Universitari Sant Pacià, en el Congreso GAUDÍ, ART, BELLESA, MISTERI, que tuvo lugar en Barcelona en los días 25, 26 y 27 de febrero de este año 2026.La historia es interesante. Quien introdujo a Gaudí en el Monasterio de Santa Isabel, fue el propio capellán del monasterio, natural de Algaida, en la época en que Gaudí acometió la reforma de la Catedral y vivió junto al Obispo Campins en el Palacio Episcopal. El capellán, Mn. Guillem Puigserver era un estrecho colaborador y miembro de la curia del Obispo Campins. Gaudí acudía a orar frecuentemente en la iglesia de las jerónimas. A estas dos piezas se une una tercera que las monjas obsequiaron a su capellán, y que hoy integra la colección propiedad de su familia. Tras el relevante hallazgo, los tres bordados fueron expuestos en el Casal Balaguer de Palma, en una iniciativa auspiciada por el Ayuntamiento, en 2023, y que tuvo que ser prolongada, con gran éxito de público y de la crítica. En torno a dicha exposición, se celebraron diversas conferencias y actos, que reunieron a expertos desplazados desde distintos puntos de la geografía nacional. Pere Terrasa fue el comisario de dicha exposición, juntamente con Maria Garganté y yo asumí la gestión jurídica de la misma.

P.- ¿Qué ha supuesto todo esto para usted desde el punto de vista personal?

R.- Llevar este caso ha sido una experiencia única e inmensa en mi carrera: de esos procesos tan complejos y emblemáticos que cualquier jurista aspiraría a liderar, y que me ha obligado a dar lo mejor de mí misma en lo profesional y en lo humano. En Inca, donde nací, vivo y tengo asentado mi despacho profesional, las monjas jerónimas nos acompañan desde 1530. Son muy queridas, tanto por creyentes como por no creyentes. Yo diría que son intocables. Son el escudo protector invisible de nuestra ciudad, nuestras guardianas místicas con su oración incesante, perenne y silenciosa. En mi casa teníamos una conocida charcutería y obrador de productos cárnicos. Recuerdo que todos los años, al llegar el otoño, mi padre –Antoni Rosselló- iba personalmente al Monasterio para ayudar a las Jerónimas en la matanza del cerdo. Así que, desde pequeños, a mis cinco hermanos mayores y a mí, nos llevaban asiduamente a visitar Ses Monges Tancades, que nos obsequiaban con sus deliciosos congrets, cuya misteriosa receta evoca poéticamente el escritor mallorquín Llorenç Riber en La minyonia d’un infant orat.

Comprenderá ahora que respondiera sin vacilación a la llamada de auxilio de las monjas en el trance de aquella fría tarde de invierno… Para un Abogado creyente como yo, defender a las Monjas Jerónimas y ser depositaria de su confianza ha sido todo un honor. También estoy muy agradecida de las muchas lecciones que he recibido de ellas: como comprender que la verdadera fortaleza no hace ruido, sino que se cultiva en el silencio, y que su inquebrantable templanza sólo seexplica desde la fuerza de la oración y de su profunda conexión con Dios. En mi relación profesional con ellas, ni un solo escrito ha sido presentado sin que la Madre Federal, Sor Natividad -mujer de dignidad inherente y altísima sabiduría- lo hubiera leído previamente y “llevado a la oración”. Me conmueve mucho cuando me dice: «Doña Pilar, es usted una Abogada muy rezada».

P.- A pesar de estar cerrado, la iglesia del Convento de Santa Isabel ha acogido diversos eventos y creo que se ha programado un nuevo concierto.

R.- En el Monasterio, durante este tiempo, no han dejado de desarrollarse actividades culturales y solidarias. En este punto, es obligado destacar la comida de Navidad que nuestros voluntarios, organizan y ofrecen a los pobres y a quienes en dichas fechas se sienten solos. Tampoco se han dejado de celebrar conciertos durante todo este tiempo con el magnífico órgano de la iglesia monacal, que conserva el precioso teclado del siglo XVI del primitivo órgano que donó el obispo Vic i Manrique a las monjas jerónimas. Este órgano es obra del maestro organero Mateu Bosch, y data de 1745. Posteriormente fue objeto de restauración por el maestro Gerhard Grenzing, en 1970. El órgano de las jerónimas de Palma es una joya internacionalmente admirada. Para el próximo 14 de noviembre, a las 12 horas, esperamos la visita de la eminente organista Montserrat Torrent, quien ha incluido el órganodel Monasterio de Santa Isabel como una de las importantes citas en el periplo del ciclo de
conciertos organizados con motivo del centenario de su nacimiento. Un hecho
extraordinario, sin duda.

P.- Y sabemos que está previsto que usted cante. Usted es una abogada que canta…

R.-(Ja, ja, sonríe). Es que aún no me lo creo. Compatibilizo mi dedicación profesional a la Abogacía con el cultivo del canto lírico que siempre ha sido una gran pasión, aunque lo he desarrollado en la medida en que me ha permitido el ejercicio del Derecho. Acogí con inmensa alegría y con una enorme responsabilidad la generosa invitación que me hizo mi buena amiga y gran diva del órgano Montserrat Torrent, a actuar con ella en Sant Jeroni. Me estoy preparando con una gran ilusión con mi profesora de canto Anna Feu en Barcelona para una experiencia única en mi vida, muy sentida y entrañable, que será una gran celebración. Esperamos la presencia de la Madre Natividad y del Asistente Religioso de la Orden Jerónima, así como la del organero Gerhard Grenzing, y de máximas autoridades. Lo cierto es que la música ha sido para mí un apoyo crucial. Mi maestra de canto me dijo: «Cantar te hace mejor abogada y la abogacía te hace mejor cantante».