Desmadre total: una finca okupada en Palma desata el pánico con raves ilegales cada fin de semana
Los promotores han confeccionado una programación de eventos para toda la Semana Santa sin tener permiso
Lo que en un principio era un tranquilo núcleo residencial a las afueras de Palma se ha convertido en un auténtico escenario de descontrol, miedo y ilegalidad. En la carretera de Sóller, entre Son Castelló y Son Sardina, los vecinos ya no saben si dormir tranquilos, salir a la calle o incluso permanecer seguros en sus propias casas. La causa de este caos es una finca okupada que ha pasado de ser un simple terreno abandonado a convertirse en un auténtico foco de conflicto para la policía y un centro de raves ilegales de alta magnitud.
Las autoridades han intervenido en varias ocasiones, incluso desmantelando unas fiestas ilegales a principios de año, pero la situación ha seguido empeorando. Ahora los promotores de The Blue House parecen operar sin límites, programando una auténtica temporada de eventos ilegales que abarcan fines de semana y festivos, incluyendo Semana Santa, con música a todo volumen desde primeras horas de la mañana, consumo de drogas y alcohol, invasión de propiedades privadas y caos vial provocado por cientos de vehículos mal estacionados.
Entre los eventos destacados figuran Dmay, Makley, Astaiza, Msee, Astaiza, Loreto Moll & Sergio Fajardo, Jeffer, Teo Montonya, Moree y varias fiestas más. Fuentes próximas a OKBALEARES apuntan que todos los DJ’s podrán ser sometidos a inspecciones fiscales en las próximas semanas con la finalidad de que justifiquen los pagos de dichas actuaciones en raves clandestinas.
Lo que más alarma a los residentes no es solo el ruido o la invasión del espacio público, sino la sensación de impunidad. Los asistentes a estas raves se cuelan incluso en propiedades privadas, mientras los vecinos describen escenas que antes parecían imposibles: desconocidos dentro de sus terrenos, basura acumulada por doquier y restos de consumo de drogas en el suelo. «Ya no estamos seguros ni en nuestras casas», confiesa un residente visiblemente afectado.
Detrás de estas fiestas clandestinas hay toda una estrategia organizada. Los promotores han creado una página web donde los asistentes deben registrarse para poder acudir, como si fuera un club exclusivo, mientras venden entradas y promocionan a DJs conocidos en la isla. Incluso utilizan taxis pirata para trasladar clientes sin licencia ni medidas de seguridad, todo a plena vista y sin que las autoridades consigan frenar la actividad.
Lo más preocupante es el daño colateral que estas raves ilegales generan al sector legal del ocio y la hostelería. Mientras bares, pubs y discotecas cumplen con la normativa, pagan impuestos y obtienen licencias para garantizar seguridad y salud, estos eventos clandestinos operan al margen de la ley, sin pagar, sin controles y, además, captando público que normalmente acudiría al ocio regulado. El resultado es un perjuicio económico real y creciente, que amenaza la viabilidad de muchos negocios serios y responsables.
Los vecinos, organizados en grupos de limpieza y vigilancia, denuncian la falta de acción efectiva por parte de las autoridades, y advierten que mientras nadie ponga freno a estas raves, la situación seguirá escalando. «Hacen lo que quieren, cuando quieren, y nadie hace nada por impedirlo», aseguran.
La programación de eventos ilegales ya no es ocasional: es casi un calendario completo de fines de semana y festivos, incluyendo días señalados como Semana Santa, cuando la isla recibe a miles de visitantes. Mientras tanto, la finca okupada sigue siendo un epicentro de descontrol, drogas y miedo, y la sensación de impunidad se hace cada vez más grande. La pregunta que se hace la comunidad es inevitable: ¿hasta cuándo permitirá Palma que este negocio ilegal opere a plena luz del día, afectando tanto a la seguridad de los vecinos como a la economía del sector ocio responsable?
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