Durante más de medio siglo, el Harrier fue el avión que parecía romper una regla básica de la aviación militar. Mientras otros cazas necesitaban largas pistas de hormigón, este podía despegar en muy poca distancia y aterrizar en vertical, como si se posara sobre una baldosa gigante. La Infantería de Marina de Estados Unidos cerró esa etapa el 3 de junio de 2026, en la base aérea de Cherry Point, en Carolina del Norte.
La despedida no fue un simple trámite. Más de 5.000 personas vieron una formación de cinco Harrier y una demostración de aterrizaje vertical, el gesto que convirtió al avión en un icono de los marines. Detrás del espectáculo había algo más serio, el fin de una forma de llevar apoyo aéreo cerca de tropas, barcos y bases improvisadas.
Un adiós en Cherry Point
El último escuadrón estadounidense que operaba el Harrier era el Marine Attack Squadron 223, conocido como «Bulldogs». Su comandante, el teniente coronel John B. Cumbie, resumió el momento con una frase clara. «Los Bulldogs están extremadamente orgullosos de realizar las últimas operaciones del Harrier para la Infantería de Marina de EE. UU.», dijo durante la ceremonia.
La unidad llevaba casi 40 años vinculada al AV-8B Harrier II. La familia Harrier, sin embargo, entró en el inventario de los marines en 1971 con el AV-8A, y la versión AV-8B llegó a servicio operativo en 1985. Es una línea de tiempo larga, casi como pasar de los primeros videojuegos domésticos a los cazas furtivos actuales.
Cómo flotaba el Harrier
La idea clave era sencilla de explicar, aunque difícil de construir. El Harrier usaba el empuje de su motor para moverse hacia delante, pero también podía dirigirlo hacia abajo mediante toberas orientables. Dicho en corto, el chorro de aire que normalmente lo empujaba en horizontal podía ayudarlo a levantarse o a posarse casi en vertical.
Esa capacidad se conoce como despegue y aterrizaje vertical o corto. No significaba magia ni ausencia de límites, porque el peso, el combustible, el calor y la carga de armas importaban mucho. Pero en la práctica permitía operar desde buques anfibios, pistas pequeñas y lugares donde un caza convencional no habría tenido margen.
Por qué importaba en combate
El Harrier estaba pensado para apoyar a los marines en tierra. Su trabajo principal era el apoyo aéreo cercano, la interceptación a media distancia y el ataque, según la descripción de Naval Air Systems Command. Eso significa que podía atacar objetivos en superficie y acompañar operaciones cuando las tropas necesitaban aviones cerca, no a cientos de kilómetros.
Esa cercanía fue clave en la guerra del Golfo de 1991. NAVAIR señala que los AV-8B estuvieron basados a unos 65 kilómetros de la frontera con Kuwait, más cerca que otros aviones tácticos de ataque. Durante la ofensiva terrestre realizaron 3.380 salidas, acumularon 4.083 horas de vuelo y mantuvieron una disponibilidad superior al 90 por ciento.
El teniente coronel retirado Mike Rountree, antiguo piloto de Harrier, lo expresó de forma muy gráfica. «El Harrier no necesitaba un aeródromo», dijo a Task & Purpose. Para los marines, esa era la gracia del avión, poder llevar fuego de apoyo donde una pista normal era un lujo.
De Reino Unido al F-35B
El AV-8B no nació de cero en Estados Unidos. Procede de una idea británica desarrollada alrededor del Harrier original, con raíces en los trabajos de Hawker Siddeley y British Aerospace. La Armada española lo resume de una forma muy directa al presentar el AV-8B Plus como el primer caza del mundo capaz de despegar y aterrizar verticalmente o en pistas cortas.
Ahora el relevo estadounidense pasa al F-35B Lightning II. La propia Infantería de Marina indica que el escuadrón VMA-223 tiene previsto reactivarse en el año fiscal 2028 como VMFA-223 y empezar a volar el F-35B. Es otro avión con despegue corto y aterrizaje vertical, pero ya pertenece a la generación furtiva, con sensores avanzados y conexión digital con otras fuerzas.
España e Italia siguen volándolo
Aunque Estados Unidos haya cerrado su etapa, el Harrier no desaparece del todo. La Armada Española mantiene el AV-8B Plus en la Novena Escuadrilla, su única unidad de caza y ataque de ala fija embarcable. Según la Armada, esa escuadrilla opera con Harrier desde el portaaeronaves Juan Carlos I y suma más de 50.000 horas de vuelo.
Italia también conserva su versión. La Marina Militare describe el AV-8B Plus como un caza monoplaza subsónico todo tiempo, derivado del diseño británico y fabricado bajo licencia por Boeing. En su caso, se usa sobre todo para defensa aérea de la flota y, de forma secundaria, para ataque.
El avión que Pepsi no entregó
El Harrier también se ganó un hueco raro en la cultura popular. En los años 90, un anuncio de Pepsi mostró un Harrier como supuesto premio por 7 millones de puntos. John Leonard, un joven estudiante, intentó conseguirlo comprando puntos y enviando un cheque de más de 700.000 dólares.
El caso acabó en un tribunal federal de Nueva York. La jueza Kimba Wood rechazó la demanda en 1999 y concluyó que el anuncio no era una oferta seria, sino una broma publicitaria. Al final, el Harrier se quedó donde siempre había tenido sentido, en bases militares y cubiertas de buques, no en el aparcamiento de un instituto.
El comunicado oficial se ha publicado en la Infantería de Marina de Estados Unidos.










