Tres nuevos F-35B llegan a Japón para operar con los gigantes Izumo y Kaga, y el vídeo del vuelo de entrega enseña cómo se construye una aviación embarcada avión a avión

Publicado el: 23 de mayo de 2026 a las 15:32
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Caza furtivo F-35B aterrizando en vertical sobre el portaaviones japonés Kaga.

Japón acaba de dar otro paso importante en su nueva aviación embarcada. Tres cazas furtivos F-35B han llegado a la base aérea de Nyutabaru, en la prefectura de Miyazaki, después de volar desde Fort Worth, Texas, donde Lockheed Martin fabrica estos aviones. Las imágenes difundidas por Lockheed Martin Japan muestran el vuelo de traslado y elevan a ocho el número de F-35B ya recibidos por Japón.

La clave no está solo en sumar más aviones. Estos F-35B son los modelos que Japón quiere usar en los buques Izumo y Kaga, dos grandes destructores que están siendo modificados para funcionar, en la práctica, como portaaviones ligeros. No es un detalle menor. Cambia dónde puede operar la fuerza aérea japonesa y cómo puede responder si una base terrestre queda fuera de servicio.

Qué ha llegado a Japón

Los tres nuevos F-35B se incorporan al despliegue de Nyutabaru, que ya se ha convertido en el punto central del programa. Es una base del sur de Japón, una zona sensible por su cercanía a las islas del suroeste y a rutas marítimas clave.

El F-35B es una versión especial del F-35 Lightning II. Puede despegar en distancias cortas y aterrizar en vertical, algo parecido a ver un avión de combate comportarse, durante unos segundos, como un helicóptero muy caro y muy potente. El programa oficial del F-35 lo describe como el único caza de quinta generación con esa combinación de despegue corto y aterrizaje vertical.

La Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón formalizó en febrero la ceremonia de despliegue del F-35B en Nyutabaru. Asistieron Yoshida Shinji, viceministro parlamentario de Defensa, y el general Morita Takehiro, jefe de Estado Mayor de la fuerza aérea japonesa. La institución también agradeció el apoyo de la comunidad local, un guiño importante porque el ruido y las operaciones de estos aviones no pasan desapercibidos.

Por qué importa el F-35B

Un F-35B no necesita una pista larga como otros cazas convencionales. Eso permite usarlo desde cubiertas más pequeñas, bases avanzadas o zonas donde una pista normal haya quedado dañada. En la práctica, da más margen de maniobra.

También es un avión furtivo. Dicho de forma sencilla, su diseño intenta hacerlo más difícil de detectar por radar. No lo vuelve invisible, claro, pero sí reduce la distancia y el tiempo con los que un rival puede localizarlo.

Esa mezcla de sigilo, sensores y despegue corto explica por qué Japón lo vincula al Izumo y al Kaga. Si el avión puede operar desde tierra y también desde un buque, la defensa aérea se vuelve menos dependiente de una sola pista. Es como no guardar todas las llaves de casa en el mismo cajón.

Izumo y Kaga cambian

Japón llama oficialmente a estos barcos destructores de la clase Izumo, aunque su aspecto y sus nuevas funciones se acercan cada vez más a las de un portaaviones ligero. El Ministerio de Defensa ha destinado 28.500 millones de yenes a la modificación de estos buques, con trabajos y equipos pensados para operar F-35B a bordo. El plan también incluye estudiar las lecciones técnicas de esas reformas.

El Kaga ya ha dado pasos visibles. La Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón realizó pruebas de desarrollo frente a San Diego con apoyo de fuerzas estadounidenses, incluyendo despegues cortos, aterrizajes verticales y operaciones embarcadas del F-35B. El vicealmirante Goka Yoshihiro dijo que esa capacidad «reforzará la defensa japonesa y la interoperabilidad con Estados Unidos».

Esto no convierte automáticamente a Japón en una potencia de superportaaviones al estilo estadounidense. La escala es distinta. Pero sí recupera una capacidad embarcada que tiene un peso simbólico y militar enorme.

Dos escuadrones en Nyutabaru

El objetivo final es adquirir 42 F-35B. Ese número encaja con la decisión japonesa de ampliar su flota de F-35 y sustituir parte de los aviones previstos por cazas capaces de despegue corto y aterrizaje vertical. Para una persona que no sigue la defensa día a día, la idea básica es sencilla. Japón quiere más opciones para despegar, aterrizar y repartir sus aviones.

En Nyutabaru existe ahora una unidad provisional de F-35B. El presupuesto de defensa de 2026 prevé eliminar esa unidad temporal y crear el Escuadrón 202, todavía como nombre provisional. También incluye la compra de tres F-35B adicionales, con un coste previsto de 72.500 millones de yenes.

Al final del proceso, la base debería alojar dos escuadrones. Eso significa más pilotos entrenados, más mantenimiento especializado y una rutina de operaciones mucho más intensa. Para los vecinos, también significa que la convivencia con los vuelos seguirá siendo un tema delicado.

Qué cambia para Japón

El movimiento encaja con una idea que Japón repite en sus documentos de defensa. El entorno de seguridad regional se ha vuelto más duro, y la respuesta pasa por reforzar capacidades sin depender tanto de infraestructuras fijas. Suena técnico, pero no lo es tanto. Si una pista queda dañada, necesitas otro sitio desde el que operar.

Por eso los F-35B y los buques Izumo y Kaga funcionan como piezas de un mismo puzle. Los aviones aportan flexibilidad y los barcos les dan una plataforma móvil. Todo apunta a una defensa más repartida, más difícil de neutralizar y más coordinada con Estados Unidos.

La publicación oficial sobre el vuelo de traslado ha sido publicada por Lockheed Martin Japan.


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