La guerra ya no se entiende solo con carros, mapas y radios. En la Base Militar Álvarez de Sotomayor, en Viator, Almería, el coronel Alberto Quero Fernández de Tejada lanzó una idea clara sobre el combate que viene. «La inteligencia artificial ya es el corazón del campo de batalla».
El jefe del Centro de Fuerza Futura de la División de Planes del Estado Mayor del Ejército de Tierra no hablaba de ciencia ficción. Hablaba de drones, robots terrestres, sensores, empresas tecnológicas y tácticas aprendidas de Ucrania que el Ejército español está probando en su principal laboratorio de innovación militar.
La prueba en Viator
La Campaña de Experimentación Táctica número tres se ha convertido en el gran banco de pruebas del Ejército de Tierra. El ejercicio lo organiza el Centro de Fuerza Futura, con la colaboración de la Brigada «Rey Alfonso XIII» segunda de La Legión, y sirve para comprobar sobre el terreno qué tecnologías están listas, cuáles necesitan mejorar y qué carencias siguen abiertas.
La primera edición, celebrada en 2023, duró apenas cuatro días y reunió a diez empresas. La actual ha crecido hasta juntar unidades militares, centros de investigación, universidades y más de una treintena de compañías españolas. Es decir, mucho más que una exhibición.
Drones difíciles de parar
Una de las pruebas más delicadas es la interceptación de microdrones. Son aparatos pequeños, baratos y difíciles de detectar, algo parecido a intentar ver una avispa en mitad de un estadio, pero con consecuencias mucho más serias.
Quero admite que este reto «prácticamente ningún ejército del mundo ha resuelto» de forma completa. La defensa contra drones, conocida en el entorno militar como contra UAS, incluye detectar el aparato, seguirlo y neutralizarlo, ya sea atacando el dron, su enlace de datos o la estación que lo controla.
Robots en red
El Ejército también está probando sistemas terrestres no tripulados, drones de reconocimiento, modelos de visión en primera persona, municiones merodeadoras, sensores y nuevas comunicaciones. En lenguaje de calle, se trata de que las máquinas vean antes, compartan datos rápido y ayuden a que los soldados no entren a ciegas.
En esa misma línea aparece el vehículo de combate sobre ruedas Dragón, una de las piezas de modernización del Ejército de Tierra. El Ministerio de Defensa ha señalado que este programa busca mejorar la protección, la seguridad y la potencia de combate de las unidades que lo reciban.
Ucrania cambia el ritmo
La guerra de Ucrania ha acelerado todo. Según Quero, las lecciones «caducan cada seis meses», una frase que resume bien el vértigo actual. Lo que sirve hoy puede quedarse viejo antes de que termine el año.
Una de esas lecciones es que no basta con manejar un robot por cada operador. El coronel defiende integrar varios sistemas terrestres y aéreos en red, para ampliar el alcance, mejorar la visión del terreno y aumentar la supervivencia de las unidades. La OTAN también ha señalado que la forma de combatir de Ucrania ha cambiado con rapidez desde la invasión rusa a gran escala, hasta el punto de actualizar entrenamientos con experiencia real en drones de visión en primera persona.
IA como filtro
La inteligencia artificial es el pegamento de todo ese sistema. No significa que una máquina «piense» como una persona, sino que un software ordena datos, reconoce patrones y ayuda a presentar la información de una manera útil.
Quero fue directo. «La inteligencia artificial está presente en absolutamente todo lo que hacemos». Con miles de sensores en el campo de batalla, ningún equipo humano puede mirar todas las pantallas, todos los avisos y todas las señales a la vez. La OTAN, por su parte, ha actualizado su estrategia de IA para acelerar su adopción, pero también para probarla, vigilar riesgos y mantener reglas de uso responsable.
Civiles con uniforme digital
El papel de los civiles también crece. Ingenieros, analistas, técnicos y personal de empresas no sustituyen al soldado, pero sí ayudan a diseñar, corregir y madurar los sistemas que luego usarán las unidades. En la práctica, muchos cambios se pueden introducir en cuestión de días.
Ese trabajo encaja con el modelo Fuerza 2035, que busca reunir al Ejército, la industria de defensa y las universidades españolas para detectar necesidades y convertirlas en proyectos reales. No es solo comprar tecnología. Es probarla con barro, calor, interferencias y presión de tiempo.
España y la OTAN
Quero explicó que varias capacidades probadas viajarán próximamente a Eslovaquia, donde España liderará un ejercicio de experimentación de la OTAN. El mensaje de fondo es que el Ejército español quiere avanzar alineado con sus aliados, no como una isla tecnológica.
Ese encaje importa porque la Alianza Atlántica ya considera la inteligencia artificial, los sistemas autónomos y otras tecnologías emergentes como áreas clave para mantener capacidades militares y responder a nuevas amenazas. Pero el propio coronel rebaja cualquier tentación de vender certezas. Predecir el combate de 2045 sería «demasiado osado», porque ni siquiera 2030 está escrito en piedra.
El comunicado oficial se ha publicado en el portal del Ejército de Tierra.














