En la Hannover Messe, una de las ferias industriales más influyentes del calendario europeo, la defensa ya no se queda en un rincón discreto. Este año se nota en los pasillos y en los stands, con empresas mostrando tecnologías pensadas para fabricar, mantener y proteger equipos vinculados a seguridad y defensa.
El mensaje de fondo es sencillo y, a la vez, inquietante. Alemania está viendo cómo el boom de la industria de defensa se mezcla con otro frente menos visible, el de la ciberseguridad, porque un fallo en un sistema digital puede acabar afectando a infraestructuras físicas como una presa. Y eso ya no suena a ciencia ficción.
La defensa se cuela en Hannover
La feria ha abierto un espacio específico para tecnologías de producción orientadas a defensa, con un enfoque en cómo fabricar más rápido y con más resiliencia. La idea no es solo enseñar “armas”, sino procesos industriales, automatización y cadenas de suministro que sostienen ese sector.
El empuje viene acompañado de dinero público y de planes de gasto a varios años. El Ministerio de Defensa alemán fija como meta rondar los 152.000 millones de euros en 2029 para su presupuesto de defensa, dentro de una escalada gradual de inversión en “seguridad exterior”.
En ese contexto conviven los nombres de siempre, como Rheinmetall, Airbus Defence o KNDS, con una nueva hornada de compañías jóvenes. Algunas llegan desde el mundo del software y otras desde la robótica, con el argumento de que la defensa se está “tecnificando” a marchas forzadas.
Cuando un fallo digital abre una compuerta
En uno de los ejemplos más gráficos, Jannik Vieten, consultor de seguridad informática en la empresa alemana SySS, muestra un modelo de presa montado con un controlador Siemens y un miniordenador. “Instalamos aquí un pequeño sistema donde simulamos un modelo de represa”, explica, para enseñar cómo una vulnerabilidad puede explotarse si un atacante consigue entrar.
La clave está en que muchos sistemas industriales funcionan con tecnología operativa, ordenadores y controladores que mueven válvulas, bombas y compuertas en el mundo real. Si se gestionan mal, son como dejar una llave en el felpudo, solo que la puerta no es la de tu casa, sino la de un servicio esencial. El organismo alemán BSI insiste en que estas infraestructuras requieren medidas específicas de ciberseguridad y continuidad operativa, no solo antivirus y ya está.
El ejemplo de Noruega que cita Vieten apunta justo a ese riesgo. En un incidente atribuido públicamente por autoridades noruegas a actores prorrusos, un ataque permitió manipular el sistema de una presa durante horas, con una apertura de compuertas que alteró el caudal, aunque sin causar daños graves.
Presas grandes, impacto enorme
Cuando se habla de presas, el tamaño importa, y también el número. El Deutsches TalsperrenKomitee, el comité alemán vinculado al ámbito de grandes presas, señala que en Alemania hay 380 grandes presas, además de muchas estructuras menores cuya clasificación depende de definiciones distintas entre regiones.
Esa diferencia no es un detalle burocrático. Un inventario científico abierto, publicado en una revista de datos de la familia Copernicus, recoge 530 presas en Alemania al combinar distintas fuentes y criterios, precisamente para ordenar un mapa que no siempre es fácil de comparar.
Para entender lo que está en juego, basta con mirar a la presa de Rappbode, en el Harz. Su capacidad total ronda los 113 millones de metros cúbicos y cumple funciones como abastecimiento de agua potable y protección frente a crecidas, según el operador público de la instalación.
Robots terrestres en el nuevo boom
El auge no es solo de drones. Una de las startups que simboliza el giro es ARX Robotics, con sede en Múnich, fundada por Marc Wietfeld junto a otros cofundadores con experiencia previa como oficiales en la Bundeswehr, las Fuerzas Armadas alemanas.
La compañía desarrolla sistemas terrestres no tripulados, como su plataforma GEREON, un “mini-tanque” robotizado para tareas de apoyo y logística. ARX Robotics afirma que su flota conectada se está empleando en Ucrania y que ha recibido pedidos para escalar ese tipo de despliegues.
Wietfeld lo resume con una idea que se repite mucho en el sector. “La escalabilidad y los componentes de las cadenas de suministro europeas son ahora fundamentales”, dice, y añade que las pymes necesitan pedidos fiables para crecer mediante colaboraciones estrechas. No es una frase bonita, es una condición industrial.
La cadena de suministro manda
La nueva obsesión es fabricar y reponer a ritmo sostenido, sin depender de cuellos de botella. Por eso el debate se mueve entre fábricas, software, piezas y logística, además del producto final. También por eso Bruselas ha empujado instrumentos como SAFE, un plan de la Comisión Europea para movilizar hasta 150.000 millones de euros en préstamos para reforzar inversiones y compras conjuntas en defensa.
En la práctica, ese dinero no resuelve todo. Hace falta capacidad industrial, pero también controles, auditorías y ciberseguridad para que lo “moderno” no sea simplemente lo “conectado” y, por tanto, más frágil. Nadie quiere descubrir la debilidad cuando el sistema ya está en marcha.
Al final del día, el cambio de paradigma del que hablan los fabricantes alemanes no va solo de más presupuesto o más robots. Va de cómo una economía industrial entera se está reorganizando alrededor de seguridad, desde la feria hasta la presa, pasando por el software.
La nota oficial principal se ha publicado en HANNOVER MESSE.









