La NASA prepara una misión poco habitual para mirar la Luna de cerca antes de enviar allí a sus astronautas. La idea se llama MoonFall y consiste en soltar cuatro drones saltadores sobre el polo sur lunar para cartografiar zonas de aterrizaje, detectar peligros y ayudar a decidir dónde podría levantarse la futura base lunar.
No serán drones como los que vemos en un parque. En la Luna no hay aire para sostener hélices, así que estas máquinas se moverán con pequeños impulsos propulsados, como si fueran saltos controlados de un punto a otro. La agencia lo enmarca dentro de la nueva hoja de ruta de Artemis anunciada en el evento Ignition del 24 de marzo de 2026, donde Jared Isaacman, administrador de la NASA, defendió acelerar las misiones robóticas y preparar operaciones de superficie antes del regreso humano al entorno lunar.
Qué es MoonFall
MoonFall es una flota de vehículos no tripulados pensada para explorar un lugar todavía no elegido del polo sur de la Luna. Ray Baker, responsable del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL), explicó que el objetivo es que cada dron cubra unos 50 kilómetros antes de finales de 2028.
Cada unidad llevará 10 cámaras e instrumentos científicos. En total, serán 40 ojos repartidos sobre un paisaje lleno de rocas, cráteres y sombras muy largas. Visto desde la Tierra, puede sonar a ciencia ficción, pero en la práctica es una forma de hacer el trabajo sucio antes de que una tripulación tenga que pisar allí.
La propia NASA incluye estos drones saltadores dentro de la primera fase de su plan para una base lunar. Esa fase habla de misiones robóticas rápidas, rovers, satélites de comunicación y MoonFall para probar qué funciona en la superficie antes de las misiones con astronautas previstas para 2028.
Saltar para no quedarse atascado
Un rover con ruedas puede ser muy útil, pero también puede quedarse bloqueado si se encuentra una grieta, una pendiente fuerte o un campo de piedras. Un dron saltador intenta evitar ese problema cambiando de zona con un impulso corto. Sube, cruza el terreno y vuelve a posarse.
Según los detalles comunicados por Baker, cada salto podría alcanzar hasta 1 kilómetro de altura y durar unos 150 segundos entre salida y aterrizaje. Antes de tocar el suelo, el vehículo analizaría lo que ve y buscaría el sitio más seguro para posarse. Es como mirar antes de bajar el pie, pero a escala lunar.
Las imágenes de los cuatro drones se unirían para formar un mapa mucho más detallado del entorno. Ese mosaico ayudaría a elegir zonas para aterrizar con Artemis y lugares adecuados para instalar equipos de una futura base. Una piedra mal colocada allí arriba no es un detalle menor.
La lección de Ingenuity
MoonFall se apoya en la experiencia de Ingenuity, el pequeño helicóptero que la NASA envió a Marte con el rover Perseverance. Ingenuity estaba pensado para unos pocos vuelos de prueba, pero acabó completando 72 antes de que su misión terminara en enero de 2024 por daños en una pala del rotor.
Baker resumió esa herencia con una frase clara. «Nos toca subirnos a sus hombros», dijo al hablar del conocimiento acumulado con Ingenuity y de cómo se combinará con la capacidad de la industria. No es copiar y pegar, porque Marte tiene una atmósfera muy fina y la Luna no.
La parte que sí se reutiliza es la autonomía. Ingenuity demostró que una máquina pequeña puede tomar decisiones de navegación lejos de la Tierra, donde las órdenes tardan en llegar y no hay margen para conducir con un joystick. En la Luna, esa independencia será todavía más valiosa.
Por qué el polo sur importa
El polo sur lunar es una de las zonas más buscadas del programa Artemis. La NASA ya ha identificado varias regiones candidatas cerca de esa zona y las estudia por su valor científico, su iluminación, la comunicación con la Tierra y la seguridad del aterrizaje. También recuerda que ninguna misión tripulada ha explorado todavía ese entorno.
La razón de fondo es el agua. En algunos cráteres que nunca reciben luz solar podría haber hielo conservado durante muchísimo tiempo, y eso cambiaría la forma de trabajar en la Luna. Agua significa beber, producir oxígeno respirable y, en teoría, fabricar combustible.
La NASA también participa en la misión LUPEX, liderada por las agencias espaciales de Japón e India, con un instrumento del Centro Ames y Lockheed Martin para buscar hielo bajo la superficie no antes de 2028. Es otra pieza del mismo puzle. Antes de construir, hay que saber dónde merece la pena hacerlo.
Un calendario muy apretado
El calendario de MoonFall es ambicioso. La NASA espera seleccionar socios industriales en junio de 2026, hacer pruebas de hardware más adelante y comenzar la integración de la nave hacia finales del verano de 2027. El lanzamiento se plantea para 2028, aunque los detalles de coste y presupuesto aún no están cerrados.
La misión también busca reducir riesgos. En lugar de depender de un módulo de aterrizaje completo para cada dron, la propuesta contempla soltarlos durante la fase intermedia del descenso sobre la Luna. Al final del día, eso intenta ahorrar masa, dinero y complejidad.
Nada de esto garantiza que el plan llegue intacto a la plataforma de lanzamiento. Faltan contratos, pruebas, dinero y muchas decisiones técnicas. Pero si MoonFall funciona, la NASA podría tener un mapa mucho más fino del polo sur lunar justo antes de enviar allí maquinaria pesada y, después, seres humanos.
La nota oficial se ha publicado en NASA.











