Google y Elon Musk firman un acuerdo histórico de 900 millones al mes a cambio de 110.000 componentes de Nvidia para sobrevivir a la IA

Publicado el: 18 de junio de 2026 a las 15:33
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Centro de datos de Nvidia con miles de GPU utilizadas para inteligencia artificial en el acuerdo entre Google y SpaceX.

Google ha cerrado un acuerdo poco común con SpaceX para alquilar capacidad de computación a gran escala. La empresa pagará 920 millones de dólares al mes desde octubre de 2026 hasta junio de 2029 por acceso a unos 110.000 procesadores gráficos de Nvidia, además de procesadores centrales, memoria y otros componentes.

La operación llega en un momento en el que la inteligencia artificial está tragando chips, electricidad y centros de datos como si fueran combustible. ¿La idea de fondo? Que Google pueda atender la demanda de sus productos de IA sin esperar a construir toda esa infraestructura por su cuenta.

Un alquiler gigante para la IA

La capacidad de computación es, explicado rápido, la potencia que necesitan los ordenadores para hacer cálculos. En IA, esa potencia sirve para entrenar modelos y para responder a millones de peticiones de usuarios, empresas y desarrolladores.

En este caso, Google no está comprando los chips directamente. Está pagando por usarlos dentro de una infraestructura gestionada por SpaceX, la compañía fundada y dirigida por Elon Musk.

Una GPU es un procesador pensado para hacer muchas tareas al mismo tiempo. Por eso se ha convertido en una pieza clave para la inteligencia artificial moderna, donde hay que mover enormes cantidades de datos a gran velocidad.

Qué recibe Google

Según la presentación regulatoria, el paquete incluye alrededor de 110.000 GPU de Nvidia, junto con procesadores, memoria y otros equipos relacionados. No es un simple contrato de almacenamiento en la nube. Es acceso a una fábrica de cálculo.

Google ha explicado que el acuerdo le da capacidad puente para responder a la demanda de Gemini Enterprise, su plataforma de agentes de IA para empresas. La compañía lo describió como un pacto «a corto plazo y oportuno», una forma prudente de decir que necesita potencia extra cuanto antes.

En la práctica, esto significa que la IA ya no depende solo de buenos modelos o buenos ingenieros. También depende de quién consigue suficientes chips, energía y espacio físico para hacerlos funcionar.

Una cláusula con dientes

El contrato no es un cheque en blanco. SpaceX debe dar acceso a la cantidad comprometida de GPU antes del 30 de septiembre de 2026, aunque el documento contempla un mes adicional de margen.

Si SpaceX no llega a esa cifra, Google podrá cancelar el acuerdo o aceptar una cantidad menor de chips pagando menos. Es una cláusula importante, porque reduce el riesgo de que Google pague la tarifa completa por una infraestructura incompleta.

Además, después del 31 de diciembre de 2026, cualquiera de las dos partes podrá romper el acuerdo con un aviso previo de 90 días. Eso convierte el pacto en una operación enorme, sí, pero no en un compromiso cerrado e intocable hasta 2029.

El precedente de Anthropic

El acuerdo con Google no aparece de la nada. En mayo de 2026, SpaceX firmó otro pacto de servicios en la nube con Anthropic, la empresa detrás de Claude, para usar capacidad de computación en sus centros Colossus y Colossus II.

Ese contrato incluía unos 325.000 procesadores gráficos de Nvidia y pagos de 1.250 millones de dólares al mes hasta mayo de 2029. Anthropic también aseguró que esa capacidad le permitiría elevar límites de uso en Claude y mejorar su disponibilidad para clientes.

La lectura es bastante clara. SpaceX ya no quiere ser vista solo como una compañía de cohetes, satélites e internet. También intenta colocarse como proveedor de infraestructura para la IA, un negocio donde cada chip disponible puede valer oro.

Una carta antes de salir a bolsa

La noticia llega justo antes de la salida a bolsa prevista de SpaceX. La compañía ha solicitado cotizar sus acciones de clase A en Nasdaq y Nasdaq Texas bajo el símbolo SPCX, con una oferta de 555.555.555 acciones y un precio esperado de 135 dólares por acción.

SpaceX espera recibir unos 74.400 millones de dólares netos con la operación, aunque la cifra puede cambiar según las condiciones finales. Es una cantidad enorme incluso para Wall Street, y estos contratos de computación ayudan a mostrar ingresos futuros más allá de los lanzamientos espaciales y Starlink.

Para los inversores, el mensaje es sencillo. SpaceX quiere presentarse como una empresa que controla parte de la infraestructura física necesaria para la nueva economía de la IA. No solo el software. También los chips, los centros de datos y la energía que los mueve.

Lo que aún falta por ver

El punto delicado es la ejecución. Tener un contrato firmado no significa que toda la capacidad esté lista, estable y disponible desde el primer día. Hace falta entregar los chips, conectarlos, refrigerarlos y mantenerlos funcionando sin interrupciones graves.

También queda una pregunta de fondo. Si Google, Anthropic y otras empresas necesitan alquilar tanta potencia fuera de sus propias redes, quizá el cuello de botella de la IA está siendo menos invisible de lo que parecía. Al final del día, la nube también necesita suelo, cables y máquinas.

SpaceX puede ganar mucho si convierte esa infraestructura en ingresos recurrentes. Pero Google también compra tiempo, y en una carrera tecnológica tan rápida, unos meses de ventaja pueden pesar más que muchas promesas.

El documento oficial se ha presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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