Imagina un centro de datos, pero sin edificio, sin cables a la calle y a cientos de kilómetros sobre tu cabeza. Esa es la idea que está empujando Starcloud, una startup que quiere llevar parte del “cerebro” de la inteligencia artificial al espacio. Su gancho es simple, usar el Sol casi todo el tiempo y enfriar expulsando calor hacia el vacío.
La compañía, respaldada por Nvidia, ha pedido a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos permiso para operar una constelación de hasta 88.000 satélites. Sobre el papel, esos aparatos funcionarían como un centro de datos distribuido en órbita terrestre baja. No es la única apuesta, Google y SpaceX también están probando conceptos de computación orbital.
Una constelación gigantesca
Según el aviso público de la FCC, Starcloud plantea órbitas heliosíncronas entre 600 y 850 kilómetros de altitud y conexiones ópticas entre satélites. Una órbita heliosíncrona ayuda a mantener una iluminación parecida a lo largo del año, algo útil si quieres depender del Sol.
Por ahora esto es una solicitud, no una autorización, y la empresa solo ha lanzado un satélite de prueba. Starcloud tiene sede en Redmond, en el estado de Washington, y su CEO es Philip Johnston, según su página de equipo, con Ezra Feilden y Adi Oltean como cofundadores. Su perfil también aparece en Y Combinator y Nvidia la presenta en una entrada de su blog.
La prueba Starcloud-1
El primer satélite, Starcloud-1, se lanzó en noviembre de 2025 y llevaba una GPU Nvidia H100, un chip usado en centros de datos para cálculos de IA. La propia compañía lo compara en tamaño con un pequeño frigorífico, una forma rápida de ponerle escala.
En diciembre, Starcloud dice que el satélite ejecutó una versión de Gemini y entrenó NanoGPT, el modelo de Andrej Karpathy. Entrenar es la fase en la que un modelo “aprende” ajustando sus parámetros con datos, y suele ser la parte más cara. Esto no demuestra que sea rentable ya, pero sí que el hardware puede trabajar en órbita.
Energía casi continua
El interés por subir servidores al espacio nace de un problema muy terrenal, energía y refrigeración. En la Tierra, los centros de datos compiten por electricidad, suelo y, a veces, agua para enfriar. En órbita no hay clima ni noche como en superficie, pero el calor no desaparece solo, hay que expulsarlo con radiadores.
Google está explorando algo parecido con Project Suncatcher y afirma que, en la órbita adecuada, un panel solar puede ser “up to 8 times more productive than on earth”. Starcloud defiende en su white paper que, sin atmósfera y con luz más estable, la generación solar puede multiplicarse frente a la misma placa en tierra.
En ese documento, la empresa dibuja un centro de datos orbital de cinco gigavatios con un conjunto solar de unos cuatro kilómetros por cuatro kilómetros. Es una escala enorme, más cerca de una infraestructura energética que de un satélite clásico.
Inferencia en órbita y usos
¿Para qué sirve poner computación en el cielo, más allá del titular? La respuesta más repetida es procesar datos justo donde se recogen, sobre todo con satélites que observan la Tierra. Si filtras imágenes y señales en órbita, puedes mandar a tierra resultados y alertas, no terabytes de material en bruto.
Aquí entra la “inferencia”, usar un modelo ya entrenado para detectar algo y tomar una decisión. Nvidia lo describe así, “Running inference in space, right where the data’s collected, allows insights to be delivered nearly instantaneously, reducing response times from hours to minutes”.
La siguiente pieza es Starcloud-2, que la compañía presenta como su primera misión comercial con un clúster de GPU y almacenamiento permanente. Dice que estaría plenamente operativa en una órbita heliosíncrona para 2027 y, según su perfil en Y Combinator, el lanzamiento se apunta a octubre de 2026. En la práctica, el reto es sostener rendimiento, comunicaciones y operación continua sin técnicos cerca.
Riesgos en el cielo
Cuantos más satélites, más difícil es gestionar el tráfico orbital y reducir el riesgo de colisiones, y también crece el debate sobre contaminación lumínica. La discusión ya se está trasladando a los reguladores, y la FCC también tramita propuestas similares como la de SpaceX, que ha pedido hasta un millón de satélites para centros de datos orbitales en un aviso público propio.
Starcloud afirma en su documento técnico que los módulos pueden ser “fully demisable (completely burn up)” al reentrar, y también habla de recuperar o desmontar partes al final de su vida útil. Aun así, “quemarse” no siempre significa cero impacto, y una investigación de 2024 en Geophysical Research Letters analizó cómo la reentrada de satélites puede generar partículas que afectan a la química del ozono.
Por ahora, la historia se mueve entre la demostración de un satélite y un plan de decenas de miles. Lo que decida la regulación y lo que aguante la ingeniería marcará si esto queda en experimento o se convierte en industria.
El documento oficial principal se ha publicado en la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos.













