Adiós a la microgravedad: las centrífugas que harán habitables las bases de Artemis en la Luna

Publicado el: 15 de mayo de 2026 a las 20:47
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Centrífuga de gravedad artificial de la ESA para estudiar la salud humana en futuras bases lunares Artemis.

Artemis II devolvió a cuatro astronautas al entorno lunar por primera vez en más de medio siglo. La misión de la NASA duró 9 días, 1 hora y 32 minutos, desde el 1 de abril hasta el 10 de abril de 2026, y fue presentada como un paso hacia el regreso humano sostenido a la Luna y futuras misiones a Marte.

Pero una visita rápida no es una colonia. Para vivir meses o años fuera de la Tierra, el cuerpo humano necesita algo que hoy no existe en una base lunar. Una forma práctica de recuperar, aunque sea por ratos, una gravedad parecida a la terrestre. Avi Loeb, profesor de Harvard y responsable del Proyecto Galileo, plantea que esa pieza olvidada podrían ser enormes centrífugas usadas como «centros de salud de gravedad artificial».

Por qué el cuerpo lo nota

La gravedad artificial es una gravedad simulada. No aparece por arte de magia, sino porque una nave o una estructura gira y empuja a las personas hacia fuera, como ocurre en una atracción de feria cuando notas el cuerpo pegado al asiento.

El problema es que el cuerpo humano no está diseñado para pasar mucho tiempo flotando. NASA explica que los huesos que cargan peso, como los de la cadera y la columna, pueden perder entre el uno y el uno y medio por ciento de densidad cada mes en misiones de varios meses.

También hay efectos menos visibles. En microgravedad, los fluidos se desplazan hacia la cabeza, pueden presionar los ojos y alterar la visión. Los músculos se debilitan más rápido si no hay ejercicio, dieta y rutinas muy controladas.

La rueda que imita la Tierra

La idea más realista es construir una rueda, un anillo o dos módulos unidos por un cable y hacerlos girar. La pared exterior actuaría como suelo. Sencillo de entender. Nada sencillo de fabricar.

Un informe de Gilles Clément, vinculado al Johnson Space Center de NASA, señala que una nave giratoria o una centrífuga humana podría ayudar contra la pérdida ósea, el debilitamiento muscular y otros problemas de la ingravidez. ESA y NASA ya financiaron un estudio en camas inclinadas con una centrífuga de brazo corto para probar si la gravedad artificial ayuda a mantener sanos a los astronautas.

Loeb pone números a la escala del reto. Una estructura con cien metros de radio tendría que girar unas tres veces por minuto para imitar la gravedad terrestre, mientras que otra de un kilómetro podría hacerlo cerca de una vez por minuto. Cuanto más grande, menos mareo.

Por qué no bastan los motores

Otra forma de crear una sensación parecida a la gravedad sería acelerar continuamente con motores. En teoría, el pasajero lo notaría como cuando un coche arranca con fuerza y te pega al respaldo. En la práctica, eso exige una cantidad de energía enorme.

Ahí entra la antimateria, una opción famosa en la ciencia ficción y casi imposible hoy para ingeniería real. CERN explica que, incluso dedicando todos sus aceleradores a producir antimateria, no podría generar más de una milmillonésima de gramo al año.

Por eso las centrífugas son la vía más razonable. No hacen que el viaje sea fácil, pero evitan pedirle a un cohete que queme combustible durante años. Al final del día, girar una estructura parece mucho más viable que empujar una colonia entera sin parar.

La Luna no ayuda suficiente

La Luna tiene solo una sexta parte de la gravedad terrestre. Marte mejora un poco la situación, con una gravedad de alrededor del 38 por ciento de la de la Tierra, según datos de NASA y el Jet Propulsion Laboratory.

Eso significa que caminar por la Luna no equivale a volver a casa para el cuerpo. Puede ser suficiente para moverse, saltar y cargar herramientas, pero no sabemos con seguridad si bastará para proteger huesos, músculos y ojos durante años.

En una base permanente, una centrífuga no tendría por qué ser una casa completa. Podría funcionar como un gimnasio médico gigante. Los residentes entrarían de forma periódica para pasar un tiempo bajo una gravedad más parecida a la terrestre.

Riesgos que se suman

La baja gravedad no llega sola. La Luna casi no tiene atmósfera ni un campo magnético global que actúe como escudo, de modo que la radiación espacial obliga a tomar precauciones especiales.

Un equipo internacional con investigadores de la Universidad de Kiel y del Centro Aeroespacial Alemán midió en la misión china Chang’e 4 una dosis de radiación lunar unas 200 veces superior a la de la superficie terrestre. Robert Wimmer-Schweingruber, de Kiel, lo resumió con una frase clara. «Los cuerpos humanos no están hechos para estar expuestos a la radiación espacial».

Luego está el polvo lunar. NASA lo describe como afilado, pegajoso y fácil de levantar por la baja gravedad, casi como diminutos trozos de vidrio que se adhieren a trajes, vehículos y hábitats. No es la pelusa debajo de una cama. Es un problema de salud y de mantenimiento.

Lo que falta por construir

La propuesta de Loeb no es un plano de obra ni una misión aprobada por NASA. Es más bien una advertencia sobre una infraestructura que apenas aparece en la conversación pública, pese a que Artemis apunta a una presencia humana más larga fuera de la Tierra.

Aún faltan pruebas sobre tamaño, coste, seguridad, mareo, mantenimiento y uso real por parte de astronautas cansados, con horarios apretados y trajes llenos de polvo. Pero la conclusión es incómoda. Si queremos colonias humanas, no basta con llegar a la Luna. También hay que conseguir que el cuerpo aguante allí. Por ahora, la gravedad artificial sigue siendo una pieza pendiente de la arquitectura lunar. 

El artículo de referencia se ha publicado en el blog de Avi Loeb.


Techy44

Redacción Techy44 by Okdiario. Grupo de periodistas dedicados a divulgar noticias sobre tecnología, ciberseguridad, informatica, inteligencia artificial y juegos.

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