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Diagnóstico prenatal

Un test con biomarcadores placentarios distingue entre fetos pequeños sanos y casos de riesgo

Podría sustituir al Doppler en embarazos con fetos pequeños y reducir partos innecesarios

Permite tomar decisiones más seguras, informadas y menos invasivas en la fase final del embarazo

Uno de cada diez embarazos, a partir de la semana 36 de gestación, presenta un feto con un peso estimado por debajo del percentil diez lo que se considera problemático. Sin embargo, esta cifra presenta dos realidades muy distintas: algunos bebés son simplemente pequeños, pero están sanos, y otros sufren una restricción del crecimiento fetal que es una condición asociada a un mayor riesgo de complicaciones durante el parto y en los primeros días de vida.

Diferenciar correctamente entre ambos escenarios es clave para decidir si es necesario adelantar el parto o si se puede continuar el embarazo con total seguridad. Hasta ahora, la herramienta principal para esta evaluación es la ecografía Doppler porque permite analizar el flujo sanguíneo en el cordón umbilical y otros vasos fetales y determinar el crecimiento del feto. Aunque se trata de una técnica muy extendida, requiere equipos específicos, personal entrenado y, según los investigadores de este ensayo, tiende a ‘sobrediagnosticar’ situaciones de alto riesgo para prevenir males mayores. Esto provoca que muchas mujeres sean inducidas al parto antes de tiempo sin que exista una necesidad clínica real.

El ensayo clínico GRAFD, publicado en Nature Medicine, liderado por el Hospital Vall d’Hebron y realizado en 20 hospitales españoles, con la participación de la Universidad Francisco de Vitoria, ha demostrado que medir en sangre materna dos biomarcadores placentarios, las proteínas sFlt-1 y PlGF, permite gestionar los embarazos con fetos pequeños con la misma seguridad que el Doppler en la fase final de la gestación.

La prueba se basa en calcular la proporción entre ambos marcadores. Cuando la relación es igual o superior a 38, se considera que existe un mayor riesgo de complicaciones y puede ser recomendable adelantar el parto. Si el valor es inferior, el embarazo puede continuar hasta las semanas 39 o 40 sin aumentar el peligro para el feto o la madre.

En el estudio participaron 1.088 gestantes, que fueron monitorizadas mediante uno de los dos métodos o la ecografía Doppler o el análisis sanguíneo. Ambas herramientas resultaron igual de eficaces para prevenir problemas graves como la acidosis neonatal o la necesidad de cesárea urgente por alteraciones en el ritmo cardíaco del bebé así que la diferencia consiste en la interpretación del porqué del percentil de crecimiento.

Ventajas

Entre las investigadoras participantes se encuentran Mar Gil y Raquel Martín, especialistas en Medicina Materno-Fetal en el Hospital Universitario de Torrejón e investigadoras de la Universidad Francisco de Vitoria. La doctora Gil explica que, aunque el Doppler ha sido fundamental durante décadas, tiene limitaciones claras ya que muchas mujeres acaban siendo inducidas al parto innecesariamente. En su opinión, el nuevo test permite actuar con mayor precisión y prudencia en la toma de decisiones clínicas.

Los resultados del estudio no solo confirman que el análisis es seguro, sino que muestran beneficios añadidos. Las mujeres controladas mediante biomarcadores presentaron menos casos de preeclampsia y menos hemorragias tras el parto. Sus bebés, además, nacieron con mayor peso medio y necesitaron menos ingresos en unidades de cuidados intensivos neonatales por problemas respiratorios. La proporción de partos inducidos antes de la semana 39 fue también significativamente menor.

Otra de las grandes ventajas del análisis sanguíneo es su accesibilidad. A diferencia del Doppler, que requiere tecnología avanzada y profesionales especializados, esta prueba puede realizarse en cualquier centro con un laboratorio clínico básico. Esto la convierte en una herramienta especialmente útil en hospitales comarcales, zonas rurales o países con menos recursos sanitarios. Además, al tratarse de una medición objetiva, reduce la dependencia de la interpretación del especialista y facilita criterios homogéneos entre distintos centros.

Los autores del estudio consideran que estos resultados respaldan la incorporación progresiva del test en los protocolos clínicos para determinados embarazos con fetos pequeños. No se trata de sustituir completamente al Doppler, sino de disponer de una alternativa fiable que permita ajustar las decisiones médicas al riesgo real de cada caso. Este enfoque, señalan, representa un paso hacia una medicina más personalizada, segura y basada en datos objetivos.