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Síndrome de piernas inquietas: hasta un 90% de los afectados en España está sin diagnosticar

La banalización de los síntomas y su confusión con otros problemas de salud contribuyen a retrasar el diagnóstico

En España, la Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que en el diagnóstico del síndrome de piernas inquietas se producen retrasos superiores a los diez años, especialmente cuando la enfermedad debuta durante la infancia. En concreto, afecta a más de dos millones de personas y hasta un 90% de los casos podrían estar aún sin diagnosticar.

El síndrome de piernas inquietas (SPI), también llamado enfermedad de Willis-Ekbom, es una enfermedad neurológica caracterizada por la necesidad imperiosa de mover las extremidades inferiores debido a la aparición de sensaciones de hormigueo, picazón, dolor o malestar. Los síntomas aparecen o se intensifican durante los periodos de inactividad, especialmente al permanecer sentado o tumbado, y mejoran temporalmente con el movimiento.

Además, se suelen intensificar durante la tarde y la noche, interfiriendo en la capacidad para conciliar el sueño y conseguir un descanso reparador. Por otra parte, hasta un 60% de las personas afectadas presenta dificultades incluso para permanecer sentada o relajarse. El SPI es una causa frecuente de insomnio y mala calidad del sueño, y determinados fármacos pueden incluso empeorar sus síntomas.

Dos veces más frecuente en mujeres que en hombres

La SEN estima que el SPI podría afectar hasta al 10% de la población adulta y cerca del 4% de los niños y adolescentes. Es, además, aproximadamente dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. Asimismo, aparece con especial frecuencia en situaciones relacionadas con niveles bajos de hierro o alteraciones metabólicas, como el embarazo o las menstruaciones abundantes. La SEN estima que entre el 11% y el 30% de las mujeres que no tenían síntomas antes del embarazo pueden desarrollar SPI durante la gestación, especialmente en el tercer trimestre.

En todo caso, aunque el hierro desempeña un papel importante en esta enfermedad, no explica todos los casos. Alrededor del 65% de las personas con SPI presenta antecedentes familiares, y la enfermedad también se ha asociado a patologías como la insuficiencia renal crónica, la diabetes y determinadas neuropatías.

«Identificar una posible causa subyacente, cuando existe, es el primer paso para orientar el tratamiento y, puesto que se trata de una enfermedad crónica pero fluctuante, el seguimiento neurológico permite además adaptar el tratamiento a las distintas etapas y necesidades de cada paciente», comenta la Dra. Celia García Malo, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología.

«En todo caso, es primordial reducir los retrasos diagnósticos de esta enfermedad para evitar tratamientos que no son apropiados y comenzar cuanto antes un abordaje adaptado a sus necesidades. En la edad pediátrica existe un importante problema de identificación, porque las primeras manifestaciones suelen ser discretas y pueden atribuirse a molestias relacionadas con el crecimiento o confundirse con trastornos como el TDAH y, entre los adultos, los síntomas pueden confundirse con enfermedades reumáticas o trastornos circulatorios».

Actualización en el manejo

Actualmente, la SEN está actualizando su guía sobre el síndrome de piernas inquietas a raíz del cambio sustancial que introdujo en 2024 la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) en sus recomendaciones para el tratamiento de esta enfermedad, alejándose del uso rutinario de fármacos dopaminérgicos a largo plazo y priorizando la evaluación y corrección de los niveles de hierro, así como otras opciones terapéuticas. Debido a que se trata de una dolencia crónica, es fundamental el adecuado seguimiento clínico de las personas que lo padecen, para poder ofrecer en cada momento las opciones terapéuticas más adecuadas, y minimizar con ello el riesgo de presentar efectos adversos derivados de los propios fármacos.