Ni tos ni fiebre común: los síntomas iniciales de estos dos virus mortales que se parecen a una gripe común tiene a los expertos en alerta
El ébola y el hantavirus pueden presentar síntomas similares a los de una gripe en sus primeras fases, por lo que la detección precoz y una rápida respuesta sanitaria son fundamentales para mejorar el pronóstico y reducir el riesgo de transmisión. En las últimas semanas, ambas enfermedades virales han vuelto a situarse en el foco de atención por su impacto en la salud pública.
Aunque se trata de infecciones distintas, comparten algunos síntomas iniciales y requieren la aplicación de estrictas medidas de prevención y control de infecciones (PCI) para limitar la propagación del virus.
Alerta global por estas enfermedades víricas
El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) sigue generando preocupación. Las autoridades han informado de un total de 702 fallecidos y 1.926 casos confirmados. Además, 753 pacientes permanecen aislados o reciben atención hospitalaria, mientras que 318 personas se han recuperado de la enfermedad, según el balance más reciente publicado por el Ministerio de Comunicación y Medios del país.
Ébola
«El ébola es una enfermedad grave y, a menudo, mortal que afecta a los seres humanos. Se conocen tres virus diferentes capaces de causar brotes importantes de ébola: el virus del Ébola, el virus del Sudán y el virus de Bundibugyo. La tasa media de letalidad ronda el 50 %, aunque en brotes anteriores ha oscilado entre el 25 % y el 90 %. Un tratamiento de apoyo temprano e intensivo, en particular la rehidratación y el tratamiento sintomático, mejora la supervivencia. Sólo se dispone de vacunas y tratamientos aprobados para uno de los virus causantes, el virus del Ébola; en los demás casos, estos productos aún se encuentran en fase de desarrollo», explica la OMS.
Se considera que los murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae son los principales reservorios naturales de los Orthoebolavirus. El virus puede transmitirse a los seres humanos cuando existe contacto estrecho con sangre, órganos, secreciones u otros fluidos corporales de animales infectados, entre ellos murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes o puercoespines encontrados enfermos o muertos en la selva.
La transmisión entre personas ocurre mediante el contacto directo, a través de lesiones en la piel o de las mucosas, con la sangre o los líquidos corporales de personas infectadas o fallecidas por ébola, así como con objetos y superficies contaminados con secreciones como sangre, heces o vómitos. Las personas solo pueden contagiar la enfermedad cuando presentan síntomas y continúan siendo infecciosas mientras el virus permanezca en la sangre.
El periodo de incubación puede variar entre dos y 21 días. La enfermedad suele comenzar de forma repentina con fiebre, cansancio intenso, malestar general, dolor muscular, dolor de cabeza y molestias en la garganta. Posteriormente pueden aparecer vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupciones cutáneas y alteraciones en el funcionamiento del hígado y los riñones. Por ello, es fundamental que los profesionales sanitarios estén atentos a estos signos clínicos.
Aunque muchas personas asocian el ébola con hemorragias, estas no son uno de los síntomas iniciales más habituales y suelen manifestarse en fases más avanzadas. Algunos pacientes presentan hemorragias internas o externas, como sangre en el vómito o las heces, además de sangrado por la nariz, las encías, la vagina o en los lugares donde se han realizado punciones con agujas. Cuando el sistema nervioso central resulta afectado, pueden aparecer alteraciones como confusión, irritabilidad y cambios importantes en el comportamiento, incluida la agresividad.
Hantavirus
Según la OMS, «los hantavirus son un grupo de virus transmitidos por roedores que pueden causar enfermedades graves en el ser humano. Las personas suelen infectarse por contacto con roedores infectados o con su orina, excrementos o saliva. La infección por hantavirus puede provocar diversas enfermedades, que pueden ser graves e incluso mortales. En América, los hantavirus pueden causar el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), una enfermedad respiratoria grave con una tasa de letalidad que puede llegar al 50 %. El virus Andes, presente en América del Sur, es un hantavirus del que se ha documentado una transmisión limitada de persona a persona entre contactos. En Europa y Asia, los hantavirus causan fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR)».
La transmisión de los hantavirus a las personas se produce por el contacto con la orina, los excrementos o la saliva de roedores infectados. También puede producirse por mordeduras de estos animales, aunque esta vía es menos frecuente. Actividades como limpiar espacios cerrados o poco ventilados, realizar trabajos agrícolas o forestales, o dormir en viviendas infestadas por roedores incrementan el riesgo de exposición.
Los síntomas suelen manifestarse entre una y ocho semanas después de la exposición, según el tipo de hantavirus, e incluyen habitualmente fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y molestias gastrointestinales como dolor abdominal, náuseas o vómitos. En el caso del síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), la enfermedad puede evolucionar rápidamente hacia tos, dificultad respiratoria, acumulación de líquido en los pulmones y choque. En la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), las fases más avanzadas pueden provocar hipotensión, trastornos hemorrágicos e insuficiencia renal.
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