Opinión

¿Tienen algo que decir los del ático?

Justo cuando OKDIARIO ha publicado el documento que desmonta las acusaciones de la izquierda y de sus terminales mediáticas contra la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que, como ha desvelado este periódico, ya estaba negociando un contrato de alquiler cuando El País empezó el culebrón del ático, llega Salvador Illa, el muy socialista presidente de la Generalitat de Cataluña. Y es que el Gobierno catalán convocó un concurso público para adquirir uno o varios inmuebles en el centro de Madrid por un precio máximo de 27.131.200 euros, sin impuestos, y exigió que el edificio acogiera, además de las dependencias administrativas de la Delegación catalana y del centro cultural y librería Blanquerna, un espacio destinado a uso residencial. O sea, que el Ejecutivo socialista pretendía gastar cuatro veces más de lo que gastó el Gobierno madrileño por el polémico ático que ha servido de munición a la izquierda para cargar contra Ayuso.

Las condiciones impuestas por el Departamento de Economía y Finanzas de la Generalitat para los inmuebles incluían un espacio de entre 85 y 105 metros cuadrados para vivienda, junto a la incorporación opcional de seis plazas de aparcamiento, una dotación que multiplica por seis el estándar de un domicilio particular. Y no valía cualquier zona, sino que la Generalitat apuntaba a distritos y barrios de alto standing: Distrito 01-Centro o, alternativamente, en los barrios 041-Recoletos, 042-Goya, 045-Lista y 046-Castellana, cuatro de los enclaves más caros del mercado inmobiliario de la capital. El anuncio admitió además los inmuebles situados a ambos lados de las calles que delimitan esos perímetros.

El intento acabó en fracaso, pues ninguna oferta prosperó y el Govern descartó convocar una nueva licitación revisando las condiciones. En su lugar, optó por iniciar un proceso de compra directa manteniendo los mismos requisitos del pliego, incluido el espacio residencial. ¿Qué dirán ahora los que llevan meses sin bajarse del ático? Es fácil adivinarlo: ni mu.