Sánchez quiere ser califa
Ocho siglos pasaron antes de que España resolviera definitivamente la crisis migratoria del año 711. Si fuera por Pedro Sánchez, iríamos camino de superar la marca con la presente, aunque hay opiniones más optimistas acerca de la posibilidad de que esta se solucione en un plazo máximo de seis años, como la crisis migratoria de 1808.
Los más pesimistas, en cambio, apuntan a que se resuelva en apenas unos meses, como la crisis migratoria de 1898, aunque al precio de perder como entonces territorios con varios siglos de soberanía española.
En lo que los expertos tampoco se ponen de acuerdo es en la duración de las vacaciones del jefe del Gobierno a cuerpo de Rey absoluto, con todos los gastos pagados por los españoles: los suyos, los de su familia y los de sus amigos.
Lo que todos sabemos ya es que los beneficiarios del dispendio se aburren mucho en La Mareta, tanto como para ir a intimidar a su hotel, con escoltas incluidos, a la periodista Sira Lobato de OKDIARIO, que cumple su deber de informar acerca del uso privativo del dinero de los contribuyentes.
Ya sabemos que el mandatario socialista es excelso siempre en la defensa de lo público, sobre todo si puede beneficiarse de ello, aunque algunos de sus más estrechos colaboradores confundieran en numerosas ocasiones lo público con lo púbico.
Mientras Sánchez disfruta de una lancha de la Guardia Civil para meter la cabeza debajo del agua, como un avestruz haciendo buceo, los incendios devastan varias provincias y en Ceuta colapsa la vida de los habitantes de la ciudad autónoma por los miles de asaltantes de nuestras fronteras que siguen allí pese a la propaganda del Gobierno.
La denuncia de quince violaciones no ha dejado indiferente a Sánchez, que ha enviado raudo a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, a visitar un «punto violeta» a ochocientos kilómetros de distancia, en Cabezón de Pisuerga (Valladolid).
No menos diligente ha sido la ministra de Sanidad, Mónica García, a la hora de interesarse, en su visita a Ceuta dos semanas después de la invasión, por la situación sanitaria al límite que denuncian allí los profesionales. El Colegio de Médicos de la ciudad autónoma había pedido ayuda a su Ministerio, pero Mónica García ha decidido que no es para tanto y se ha largado de Ceuta a tuitear de nuevo contra Ayuso.
Mayor ha sido aún la preocupación por la situación en Ceuta y los incendios demostrada en el observatorio astronómico de Yebes (Guadalajara) por cuatro ministros en la fiesta VIP con barra libre y cena con bufé organizada con el dinero de los contribuyentes con ocasión del eclipse solar.
A pesar de las críticas, es comprensible que el ministro del Interior, Grande-Marlaska, acudiera allí para verlo todo negro, tal y como se ve el panorama de Ceuta desde su paralizado departamento, en el que está todo tan negro como las «cloacas» de Leire Diez, la amiga de los cafés de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González.
También era esencial la presencia en Yebes de la ministra de Ciencia, Diana Morant, la que pagaba la fiesta con el presupuesto de una fundación pública destinada al impulso de la ciencia y la investigación, en este caso más gastronómica que astronómica. La asistencia de Morant era obligada, pues no por casualidad fue contratado para la ocasión su grupo musical favorito.
El titular de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, se presentó porque Guadalajara es de momento territorio español. Y, finalmente, Óscar López, ministro de Transformación Digital, fue allí a entrenarse para tratar de eclipsar a Mónica García, su compañera en el Consejo de Ministros y, sin embargo, rival en las elecciones autonómicas madrileñas.
Las vacaciones de Pedro Sánchez se han convertido en el retrato más fidedigno de su proyecto político: todo le resbala, menos su ambición y bienestar personales. Qué distinta la actitud de Isabel Díaz Ayuso, que se ha multiplicado en estas semanas de agosto en la puesta en marcha de las medidas de reconstrucción de la Sierra Oeste asolada por los incendios de julio, con su cercanía a los vecinos y su continua presencia en los pueblos afectados.
Acongojaba leer uno de los últimos mensajes de Sánchez en redes sociales sobre los incendios de Peñas de Riglos y Niebla: «Sigamos en todo momento las indicaciones de las autoridades». Y uno pensaba en el celo de Sánchez a la hora de seguir las indicaciones de quienes salen con él en estos días aciagos en la lancha de la Benemérita a una de sus jornadas de buceo: «Ahí no se zambulla, señor presidente, que hay rocas».
La imagen de Nerón tocando la lira mientras todo arde a su alrededor ha quedado superada. Sánchez tiene otro plan, y a él se va a entregar con todas sus fuerzas, en una apuesta final a doble o nada.
Las sucesivas caricaturas de sí mismo que Sánchez se ha encargado de propalar sin rubor están dando paso en este tiempo de tribulaciones a la que servirá el definitivo retrato tragicómico de su paso por la política.
Le debe en este caso la inspiración al genial René Goscinny, de cuyo nacimiento se han cumplido cien años este mes de agosto. El guionista francés merece figurar entre los grandes clásicos como Cervantes o Shakespeare por su capacidad de retratar el alma humana en todos y cada uno de los personajes de sus creaciones de Astérix, Lucky Luke o El pequeño Nicolás.
El personaje de Goscinny al que Sánchez ha decidido encarnar no es otro que el gran visir Iznogud, que creó junto con el dibujante Jean Tabary, y que quería ser califa en lugar del califa Harun el Pussah. Todas sus argucias, maldades e inquinas terminan fracasando estrepitosamente ante la bondad del califa.
El más fiel colaborador de Sánchez en este proyecto es Óscar Puente, el más eximio representante de la España a garrotazos, que ha dejado los mandos del ministerio de Transporte para blandir a todas horas su estaca verbal a diestro y… a diestro. Sintomático signo de la degradación política del Gobierno es que alguien que ha demostrado ser tan letalmente incompetente en su responsabilidad de poner con seguridad las líneas de ferrocarril se permita poner líneas rojas al Rey Felipe VI.
Olvida Óscar Puente los álbumes de fotos de Sánchez y otros muchos dirigentes socialistas con personajes condenados por terrorismo o por colaboración con el terrorismo, organización criminal, malversación y otros graves delitos… Y aún se permite dar lecciones.
Todos los pasos de Sánchez, desde la ley de amnistía, la persecución al poder judicial, la ruptura de la caja única o la parasitación de las instituciones, han ido encaminados al asalto de la España constitucional.
Sánchez no se contenta con eso y cree en su delirio megalómano que su misión histórica es asaltar el último bastión, el de la monarquía parlamentaria, para erigir un régimen a imagen y semejanza de aquel que considera «luminoso», como fue la sectaria, excluyente y liberticida Segunda República.
Un régimen que acabó en tres años de Guerra Civil y casi cuarenta de dictadura, legado que casi nadie discute, ya que debemos en buena parte a la historia más ominosa del PSOE y a la ceguera personalista de algunos de sus líderes.
Algunos de ellos dijeron también entonces aquello de que tenían «alma republicana», como acaba de afirmar Óscar Puente, cuando en realidad destruyeron aquel ensayo democrático por responder a su auténtica alma, que era la bolchevique.
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