Es una mierda, pero no sólo de ZP
La última semana ha sido un vendaval de noticias sobre actuaciones policiales, autos judiciales, informes de la UDEF y, finalmente, un sumario que ha monopolizado los telediarios y que ya ha dado lugar a miles de páginas en todos los periódicos. Para algunos opinadores y para algunos medios, entre los que no estoy yo ni este periódico, todo está siendo una desagradable sorpresa y están horrorizados por el magma que está saliendo de ese incontenible volcán. Es a muchos de esos a quienes debemos dejar el bochorno y la vergüenza de haber rehabilitado a un personaje que quedó defenestrado hace quince años por la tragedia que trajo a nuestra economía y a nuestra convivencia; y a quien, para satisfacer el vaticinio de Karl Marx, la tétrica mano del sanchismo hizo volver para protagonizar esta farsa.
En La Jungla de Cristal, el mítico policía John McClane desenmascara a los criminales, liderados por el ya desaparecido Alan Rickman en el papel del terrorista Hans Gruber, que, bajo la apariencia de un ataque al imperialismo yanqui y a la sociedad capitalista, no tratan de perpetrar más que un simple robo. Y en esas estamos: tanta humanidad y tanto socialismo, tanto incienso y tanto peace&love para terminar siendo un vulgar perista que acopia el botín de despiadados criminales internacionales.
Pero resisto, por ahora, el impulso de seguir regodeándome con la cutrez y la mediocridad que se ha destapado detrás de la fachada de gran dignidad y ejemplar moralidad del personaje. Y es que las consecuencias penales llegarán hasta quien, hasta donde y hasta cuando tengan que llegar, pero las consecuencias políticas, que se deberían haber sustanciado y ejecutado casi en el primer momento, son ya un elefante que los socios del sanchismo no pueden obviar sin merecer la misma reprensión.
A los comunistas del Gobierno, tanto los que están ahora como los que estaban antes bajo las siglas de Podemos, no les llega la camisa al cuello y puede que tengan dificultades hasta para no verse afectados penalmente por alguna de las ramificaciones de la trama. No tienen otra que seguir a bordo, y hasta da pena ver a estos especialistas en la cancelación, el escrache y la guillotina apelar ahora a la presunción de inocencia y al derecho a defenderse.
Pero son los vasquitos y las nesquitas del PNV los que más exhiben su cinismo, envuelto en el cargante supremacismo moral de una ikurriña manchada de sangre y odio que han impuesto a los vascos y ya casi también a los navarros.
En ese entorno de paz y concordia, de campa y jersey sobre los hombros, Aitor Esteban dice que pasar del 2026 sin convocar elecciones es una irresponsabilidad. Y como esta panda ejerce su magisterio sin admitir preguntas y sin dar un derecho a réplica, se quedan sin oír la segunda premisa y la conclusión del silogismo: ellos están contribuyendo, por vía de su inmovilidad, a que la situación actual se extienda hasta 2027, por lo tanto, comparten esa irresponsabilidad.
Así que menos lobos, Aitor, porque si tú quieres, esta situación acaba mañana. Bastaría con que escenifiques un explícito rechazo o con que susurres una sutil amenaza de apoyo a una moción de censura. Pero, sin embargo, lo que vas a hacer es darle el último apretón al régimen, y esta vez con el abrazo de un oso que le estruja al agarrarlo y le finiquitaría si le suelta. Ahí es nada lo que pide el niño: un estatuto que permita activar todos los resortes del independentismo y romper la unidad de gestión de la Seguridad Social, que es la última boya de la teórica solidaridad.
Pero si de verdad les da tiempo a intentar llevar a cabo estas felonías, habría que apelar al instinto de supervivencia de esos socialistas que conservan, vía el poder o la implantación local o regional, un hilo de conexión con los intereses y los anhelos de los españoles. Tanto García-Page como Barbón están a meses de perder sus feudos, y lo que es peor, su dignidad ante sus paisanos, y de su patriotismo se esperaría una oposición frontal y fáctica a los estertores de un sanchismo que hasta el final seguirá oneciendo a sus socios y pasando por el chino al resto de españoles.
Por último, respecto a los golpistas catalanes del régimen y a su insaciable voracidad, sobra cualquier apelación a la cordura y a la dignidad, y no cabe más referencia que la que la semana pasada hizo su más rutilante estrella. Pero recordándole al impostado Rufián que el que primero lo huele, debajo lo tiene.
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