Marlaska, el «rabioso», principio y fin
Sólo a un personaje completamente ido y fuera de la realidad se le ocurre presentarse en la Academia de la Guardia Civil en Baeza (Jaén) para decir ante familiares y guardias civiles que se siente «dolido y rabioso» por la reciente muerte en acto de servicio de dos nuevos agentes de la Benemérita.
Y jamás se había escuchado un rechazo tan manifiesto y claro al pobre Marlaska al que el malvado de su jefe no le permite saltarse estos sufrimientos. Fernando Grande (nada de apellidos compuestos) ha demostrado ser persona taimada y arribista en grado sumo. Tras conseguir una brillante carrera como juez gracias al apoyo del Partido Popular, decidió subirse a la chepa de Pedro Sánchez tras saber que Mariano Rajoy no se fíaba de él pese a la presión que le sometía su hermana Mercedes, que había caído en el redil del entonces titular de un juzgado en la Audiencia Nacional.
Ocho años de ministro del Interior han demostrado su catadura moral, su chaqueterismo inexportable y hasta qué punto la ambición de poder puede trastocar el alma de este ser humano. De fracaso en fracaso, nadie puede entender cómo un jefe de gobierno puede mantener en su puesto a un ser marlaskiano de tamaña catadura, salvo, eso sí, que se preste a conducirse como personaje abyecto y repleto de miseria política.
Según cuentan sus propios compañeros del consejo de ministros, es un experto en el uso del botafumeiro, exhibiendo olores y volutas de todo orden para ensalzar al que le ha dado lo que tanto persiguió: ser ministro. A día de hoy, ante los españoles, aparece como uno de los más miserables miembros del gobierno. Porque utiliza la mentira con la misma habilidad que su presidente. Sus intervenciones públicas son patéticas y, lo que es más relevante: ni la inmensa mayoría de la Guardia Civil le soporta y en la Policía Nacional sólo aquellos a los que reparte mamandurrias y sinecuras.
Fernando Grande, en efecto, es un dignísimo representante de un gobierno deshilachado, roto, incapaz, ineficaz y que no representa a una mayoría de españoles. Un representante de la falsedad, que es una de las peores señas de identidad de un político antidemocrático.
Porque representa lo más genuino del sanchismo y es uno de los ministros peor valorados, incluso por el CIS de Tezanos, el jefe no le deja irse a disfrutar de la gran cantidad de dinero acumulado a lo largo de estos años.
¡Personaje!
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