Opinión

Lo que España, Feijóo, y Sánchez se juegan en Andalucía

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

La fecha del 17 de mayo puede pasar a los anales de la reciente historia política de España como uno de esos días en los que la diosa fortuna se compadezca (o no) de la pandemia política que sacude el país desde hace ocho años.

España se juega avanzar un peldaño más en la ardua tarea de mandar a chiflar a la vía a un tipo cuya vida es todo un correlato inacabado de irregularidades, trapisondadas, engaños masivos y ejercicios antidemocráticos. Andalucía, electoralmente hablando y en clave nacional, no es un territorio cualquiera en modo alguno. Por la gran cantidad de diputados que aporta al hemiciclo del Congreso de los Diputados; también porque históricamente desde la Transición se mostró como el caladero de votos imprescindible para cualquier triunfo electoral socialista.

Tal y como está el patio, en este 17M andaluz hay muchas cosas de comer en juego. Por ejemplo, para Núñez Feijóo (lo de Juanma Moreno va de suyo; nada menos que el poder andaluz a gran escala) significa que si el Partido Popular mantiene su mayoría absoluta en esta tierra, hay ciertas, algunas o muchas posibilidades, de que la próxima elección general legislativa juegue a su favor de manera muy efectiva.

Tampoco Vox, tras lo ocurrido en Castilla y León, puede mirar a la luna del Mediterráneo como si la cosa no fuera con Santiago Abascal. Porque si en CyL pudo describirse un frenazo claro, ahora puede volver a ocurrir, y entonces cualquier prepotencia será como una pompa de jabón.

Pero, sin duda, el que más se juega, si realmente fuera un dirigente político democrático (claramente no lo es) es Pedro Sánchez y, en términos generales, ese movimiento trincón y despreciable al que se ha dado en llamar sanchismo. Si Andalucía le vuelve a dar la espalda, no encontrará arena suficiente en las vastas playas andaluzas bajo la que esconder la cerviz. Será un clavo más en el inevitable ataúd político que le espera.

¿Significará ello que asumirá la derrota como propia y obrará en consecuencia? ¡De ningún modo! Tratará, como ha hecho siempre, de  culpar a otros (en este caso lo tiene claro y fácil), y continuará con su huida hacia adelante.

A partir de ahí, es a la oposición a la que corresponde apretar el dogal y, si fuera posible, ayudar a que dentro del PSOE surja de una vez por todas una alternativa partidaria seria, moderada, responsable y lista.

Suma y sigue.